Refugios climáticos que cierran en agosto: la paradoja murciana ante el calor extremo
El pasado 23 de julio, el termómetro alcanzó los 44,7 grados en Caravaca de la Cruz y 44,5 en Zarcilla de Ramos, en Lorca. No se trata de una previsión ni de una estimación: son datos oficiales de la AEMET que dan muestra de la severidad con la que el calor aprieta en el verano murciano. Ese asfixiante día, el Ayuntamiento de Murcia también activó su Plan de Emergencia Municipal ante el aviso rojo por temperaturas que alcanzaron valores peligrosos para la salud.
El problema no es únicamente superar los 40 grados. Es hacerlo cada vez con mayor frecuencia y durante episodios que pueden prolongarse varios días; con noches tropicales (por encima de los 20 grados), cuando no tórridas (por encima de los 25), en las que el cuerpo apenas tiene oportunidad de recuperarse. Y el calor puede costar vidas. Según el sistema español de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo), el pasado julio acabó con la vida de 35 personas en la Región de Murcia.
¿Las más vulnerables? Personas mayores, menores, las que padecen enfermedades crónicas, las que no tienen hogar y las que habitan viviendas mal aisladas o no pueden permitirse climatizarlas y, por tanto, soportan una exposición muy distinta a la de quienes disponen de aire acondicionado y recursos para escapar del calor.
Por eso las ciudades han empezado a crear una nueva infraestructura urbana: los refugios climáticos. Y sí, también en los municipios de esta comunidad autónoma las administraciones están habilitando este tipo de espacios para refugiarse del calor extremo. El problema es que la mayoría bajan la persiana precisamente cuando más falta hace. Es la paradoja murciana y revela una contradicción difícil de ignorar.
¿Qué es un refugio climático?
Una persona joven, sana y con una vivienda bien climatizada afronta un episodio de calor extremo de un modo radicalmente distinto que una persona mayor que vive sola, alguien con una enfermedad crónica, un niño pequeño, una persona sin hogar o una familia que no puede asumir el coste de mantener el aire acondicionado encendido durante horas. Cuando no todo el mundo puede convertir su vivienda en un refugio cuando el calor se vuelve insoportable, los refugios climáticos aparecen como una solución pública y gratuita.
La propia red municipal de Murcia —que los presenta como una medida de adaptación al calentamiento global— los define como espacios accesibles con una temperatura confortable, destinados a proporcionar descanso y seguridad durante episodios meteorológicos extremos, especialmente a colectivos vulnerables. Pueden ser interiores —bibliotecas, museos, edificios municipales o centros culturales— o exteriores, como parques y jardines con abundante vegetación, sombra y agua.
La idea es sencilla: si la ciudad se convierte temporalmente en un entorno hostil por el calor, debe existir una red de lugares donde la población pueda protegerse. Una solución que tiene que estar pensada desde la perspectiva de quien necesita utilizarla: ¿Está cerca? ¿Se puede llegar andando? ¿Tiene sombra el trayecto? ¿Está climatizado? ¿Hay agua? ¿Puede acceder una persona con movilidad reducida? ¿Está abierto por la tarde? ¿Y el fin de semana?
Porque, sobre todo, para que esos refugios sean realmente útiles deben cumplir una regla básica: tienen que estar operativos.
30 de 48 refugios, cerrados todo agosto
El Ayuntamiento de Murcia dispone actualmente de 94 refugios climáticos distribuidos por barrios y pedanías. Son bibliotecas, centros culturales, edificios municipales, jardines y otros espacios públicos que ofrecen condiciones más confortables durante los episodios de temperaturas extremas. La localización puede consultarse a través de la aplicación ‘TuMurcia’, habilitada por el consistorio.
La investigación realizada para este reportaje ha puesto el foco en 48 de esos recursos y ha revisado sus horarios y periodos de cierre. El resultado es revelador: 30 de ellos permanecen cerrados durante todo agosto.
Once de estos espacios son bibliotecas. Diez cierran durante todo agosto. Entre ellas figuran las de El Palmar, El Carmen, Santiago el Mayor, San Basilio, El Raal, El Puntal, Guadalupe, Javalí Nuevo, La Ñora y Sangonera la Verde. Solo una de las bibliotecas analizadas, la de Puente Tocinos, permanece abierta de lunes a viernes durante agosto, pero solo de 9 a 14 horas.
La situación se repite, de forma todavía más contundente, en los centros culturales de las pedanías. La base de datos recoge 20 centros culturales. Diecinueve permanecen cerrados durante todo agosto. Es el caso de Javalí Nuevo, Javalí Viejo, Valladolises, Llano de Brujas, El Raal, San Pío X, Guadalupe, La Raya, La Alberca, Zeneta, Los Ramos, Churra, Monteagudo, El Esparragal, La Arboleja, La Albatalía, Puebla de Soto, Zarandona y Santiago y Zaraiche. La excepción, el Centro Cultural de Corvera, también permanece cerrado durante la mayor parte de agosto, pero recupera la actividad el día 29.
De entre los espacios que sí mantienen actividad, los museos presentan mayor continuidad, aunque con limitación de horarios. La Cárcel Vieja abre durante agosto en horario de mañana, aunque permanece cerrada la semana del 12 al 18. El Espacio Molinos del Río funciona de lunes a viernes por la mañana. El Museo de la Ciencia y el Agua mantiene su apertura matinal. El Palacio Almudí abre de lunes a viernes y el Teatro Romea mantiene actividad en algunos días concretos. El Teatro Circo, sin embargo, aparece como cerrado durante agosto.
Los mercados de abastos mantienen, según la investigación, sus horarios habituales de lunes a sábado, lo que convierte a estos espacios en uno de los recursos con mayor continuidad durante el mes.
El problema, por tanto, no es que Murcia carezca de refugios. Es que una parte importante de ellos no está operativa cuando más falta hace.
Murcia y la paradoja del mes más caluroso
Que una biblioteca o un centro cultural cierren en agosto no es extraño. La contradicción aparece cuando esos mismos espacios son presentados como parte de una red de protección frente a temperaturas extremas y permanecen cerrados durante el mes central del verano. La lógica impone que si un edificio cumple una función de protección climática, su calendario responda también al calendario del riesgo climático. Especialmente, cuando agosto es uno de los meses críticos del verano murciano y, precisamente, la población vulnerable no suele marcharse de vacaciones.
Por eso la eficacia de una red de refugios no puede medirse únicamente por el número que aparece en un mapa, si no por cuántos están abiertos y son verdaderamente útiles cuando el termómetro aprieta. elDiario.es Región de Murcia ha pedido al equipo de Gobierno municipal de Rebeca Pérez (PP), una valoración respecto a esta investigación. Aún no ha sido proporcionada.
Pero no todo son malas noticias. La capital regional se ha sumado recientemente a HEATSAFE, un proyecto europeo del programa Interreg Euro-MED cuyo objetivo es mejorar la capacidad de las ciudades mediterráneas para prevenir y gestionar los riesgos del calor extremo. También desarrolla desde 2017 el Plan Sombra, destinado a instalar pérgolas y elementos de sombra en patios escolares y en el que se han invertido ya más de 1,7 millones de euros.
Cartagena: tres fuentes para un cuarto de millón de personas
En el caso de Cartagena, su ayuntamiento también ha optado por unirse a las estrategias de adaptación en las que trabaja el proyecto europeo HEATSAFE. El consistorio de la ciudad portuaria trabaja en la identificación de zonas especialmente vulnerables en los barrios más expuestos y recuerda a vecinos y visitantes que “cualquier edificio municipal abierto al público puede utilizarse para resguardarse temporalmente de las altas temperaturas, descansar unos minutos o solicitar ayuda en caso necesario”.
Las mismas fuentes municipales también aseguran que Cartagena “dispone de fuentes de agua fría” para facilitar la hidratación de la población. Sin embargo, este recurso básico para prevenir la deshidratación y los golpes de calor no parece demasiado ajustado a las características de la ciudad: con 222.559 habitantes y una previsión de llegada de 32.004 cruceristas este agosto —sin contar con los turistas que llegarán por otros medios—, esas “fuentes de agua fría” se limitan a tres. Son las ubicadas en la Plaza Juan XXIII, en la calle Alfonso XII, junto a la Oficina de Turismo, y en las llamadas Puertas de Madrid, al lado de la parada de taxis.
Desde la oposición al Gobierno municipal de Noelia Arroyo (PP), la concejala del partido local Movimiento Ciudadano de Cartagena, Mercedes Graña, califica de “incomprensible” que el ayuntamiento “no garantice algo tan elemental como el acceso a agua potable refrigerada en los espacios escolares”. Esta redacción está a la espera de respuesta de si el ejecutivo local tiene previsto ampliar el número de fuentes públicas en la ciudad e incluirlas en las escuelas.
El factor político: negacionismo que limita la adaptación al calor
La adaptación de las ciudades también tiene una dimensión política. La Región de Murcia no iba a ser una excepción, y aquí Vox también mantiene una posición abiertamente crítica respecto al calentamiento global y sus efectos. En 2020, cuando el Gobierno de López Miras declaró la emergencia climática y ambiental, Vox Murcia anunció que no apoyaría la medida, que calificó de “trampa ideológica”, y exigió dejarla sin efecto.
Cabe recordar que el Partido Popular, que no cuenta con mayoría suficiente, necesita a Vox para sacar adelante los presupuestos autonómicos. Precisamente, el acuerdo para aprobar los de 2025, actualmente prorrogados, incluyó puntos de condena al Pacto Verde Europeo. Y muchas de las mociones impulsadas por Vox y apoyadas por el PP en la Asamblea Regional de Murcia suponen recortes o limitación de fondos destinados a planes de transición ecológica y cambio climático.
Así que parece legítimo preguntarse sobre las consecuencias de que una formación imprescindible para la mayoría parlamentaria regional cuestione el marco de políticas climáticas en el que se apoyan los programas de adaptación de las ciudades al calor, que requieren inversión: la necesaria para plantar árboles, crear sombras, renaturalizar plazas, rehabilitar viviendas, mejorar el aislamiento, climatizar edificios públicos, instalar fuentes, adaptar colegios y crear sistemas de atención para las personas más vulnerables. Medidas de adaptación climática que, quizás, hubieran podido salvar alguna de esas 35 vidas que el calor extremo segó hace solo unas semanas en la Región.