En busca de un refugio climático para Cantabria: “Si estáis aquí es porque algo grave está pasando, ¿no?”
Celestino decidió guiar por Valdeolea a los dos investigadores recién llegados a Mataporquera, capital del municipio. Adrián González y María Fernanda Arias accedieron: “Quería aportar a la causa”. Celestino les guio por el pueblo, les dio el contacto directo de los vecinos, les sugirió dejar una encuesta en el bar y les presentó gente, como un camarero amigo suyo. Nada más saludarles, les dijo: “Si estáis aquí es porque algo grave está pasando, ¿no?”.
La “causa” de la que hablan estos investigadores es la primera investigación sobre refugios climáticos en Cantabria, específicamente en el sur, en Valdeolea, Campoo de Yuso y Valdeprado del Río. Son tres municipios del sur con clima muy frío y seco en invierno y altas temperaturas en verano, que sufren una gran oscilación térmica en un mismo día estival. Lo “grave” que anticipó el camarero amigo de Celestino es que registran el mayor riesgo térmico de la comunidad: es decir, donde la frecuencia de olas de calor ha aumentado, impactando directamente en la posibilidad de fallecimiento por temperaturas altas, especialmente entre la población mayor de 65 años, que es más de la mitad de la población en ese territorio.
Cantabria carece de un registro institucional de refugios climáticos, aunque cuenta con una Estrategia contra el Cambio Climático desde 2018. A inicios de 2026, la consejería de Medio Ambiente presentó una Estrategia de Mitigación y Adaptación al Cambio Climático, pero el proyecto en el sur ha sido a iniciativa de la Red Cántabra de Desarrollo Rural, con fondos, eso sí, del Centro de Investigación del Medio Ambiente (CIMA), del Gobierno autonómico, a través del programa Investigo, para jóvenes investigadores.
En los tres municipios investigan González y Arias, a lo largo de 2026, para identificar espacios interiores y exteriores públicos tentativos de componer la primera red de refugios climáticos de Cantabria, para escapar de las temperaturas extremas, pero también de la soledad no deseada. “Hay una pérdida de confort en los espacios públicos”, dice Ruth Pirón, de la Red Cántabra de Desarrollo Rural, promotora del proyecto con fondos del Gobierno de Cantabria.
Los datos recopilados por ambos investigadores revelan que la zona sur de Cantabria, en los últimos cinco años, ha experimentado frecuentes olas de calor –más de 33 grados, durante tres días seguidos o más–, según datos de la Agencia Estatal de Meteorología. Esta frecuencia, explican, es un desencadenante a partir del cual se registra un aumento de la mortalidad por calor.
El refugio como ponerse “a la fresca”
Sobre el terreno, a los investigadores del proyecto piloto los vecinos, les cuentan, identifican la idea del refugio climático con “ponerse a la fresca”, que generalmente lo hacen en sus casas, aislándose. Pero técnicamente un refugio es un espacio público y gratuito, especialmente pensado para personas vulnerables, como mayores de 65 años, niños o personas con enfermedades crónicas.
Si el lugar es interior generalmente estará gestionado por una entidad municipal. Si es exterior, puede ser zona natural, con sombra, junto a un río. Lugares frecuentes para reunirse, como las plazas de los pueblos, se han vuelto inhóspitos por el uso de materiales como el hormigón y el asfalto, que retienen el calor, cuentan.
Los investigadores describen las particularidades de cada municipio que están visitando: Valdeprado del Río es “una zona bastante olvidada, muy despoblada, muy envejecida y muy natural”; Campoo de Yuso es “el que más poblaciones independientes, con más dispersión”; Valdeolea tiene población envejecida, pero también “muy joven”, más trabajadores de la industria de Mataporquera.
Cuando les preguntan por la percepción del cambio climático, lo identifican más con el invierno, con el frío más agudo. Si les piden que respondan dónde se irían si buscaran un refugio climático, muchos mencionan las iglesias. Y cuando les consultan qué tipo de refugio les gustaría, en no pocos casos mencionan piscinas naturales.
El factor de la distancia
“Hay que ver las distancias de desplazamiento, porque hay veces que si las zonas verdes están muy alejadas o hay un camino entero sin sombra, no van a ir”, advierte Arias. “Se ha comprobado con numerosos estudios como una zona con alta densidad de árboles puede estar desde 4 hasta 10 grados más fresco que una calle asfaltada a solo unos metros de distancia”.
“Aunque sean zonas muy verdes, hay que renaturalizar el espacio público y usar suelos permeables en lugar de asfalto para mejorar la temperatura”, observa Pirón, que abunda en el objetivo de los refugios para las personas mayores. “Buscamos crear una red de lugares comunitarios, públicos y gratuitos que no solo ofrezcan confort térmico (27 grados), sino que también fomenten la socialización entre personas de distintas edades”.
A Adrián González, que, como en el caso de su compañera María Fernanda Arias, nunca había participado en investigaciones de este tipo, le ha sorprendido sobre todo el impacto del aumento del calor en la forma de socializar de los vecinos. “Las altas temperaturas hacen que los pueblos, que, en general, son entidades vivas, se mueran y se individualicen con cada uno en su casa”, explica. “Al final, en las épocas de mayor afluencia y de más vida, como puede ser el verano, nos acabamos aislando”.
0