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¿Se tropicaliza el clima en Navarra?

Peio Oria

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2026 va a ser el año más cálido sobre el conjunto de Navarra, con una gran diferencia sobre los dos siguientes, 2022 y 2023, estando en promedio cerca de 3ºC por encima de la referencia de mediados de siglo pasado. Desde 1950 es seguro el año con una temperatura media más alta pero por lo que podemos saber de evidencias indirectas es posible que sea desde hace muchos siglos, quien sabe si incluso si incluso decenas de miles de años. A la primavera más cálida del registro le siguió un verano fuera de cualquier comparación y un otoño que estará también entre los primeros. Sin embargo, hay un hecho más curioso y desconocido, y es que si sumamos la acumulación de lluvia entre el mes de noviembre de 2025 y el de marzo de este año y la comparamos con la de abril hasta aquí encontramos las diferencias más grandes del histórico de datos, alcanzándose los 400 litros por metro cuadrado en promedio para Navarra. En otras palabras a un final de otoño e invierno muy lluvioso le ha seguido una primavera y verano especialmente secos. Esta tendencia es más clara en zonas como Baztan, Bidasoa o Sakana, es decir, donde normalmente llueve más y lo hace de forma más repartida. Esto no es nuevo, porque otros años de este siglo han mostrado un patrón muy similar. Ocurrió entre 2021 y 2022, pero sobre todo también en los de mediados de la década pasada. Nos preguntamos si esto apunta a una tendencia en la que podamos ir transitando a un clima con dos periodos muy diferenciados: una estación muy húmeda y otra seca, donde no tengamos prácticamente lluvia más que a cuentagotas. En meteorología últimamente se inventan muchos términos, como el de “latigazo hidroclimático”, que viene a ser justo esta alternancia magnificada. Este comportamiento, que también se ha observado en zonas como California, una región abierta a todo lo que llega del Pacífico, es especialmente peligroso para el régimen de incendios forestales. Por otro lado, empezamos a ver ya tendencias bastante claras en los datos de que la lluvia anual se distribuye cada vez menos en menos días, de hecho cada vez hay más días en los que las precipitaciones pueden sumar 20, 30, 50 o más litros por metro cuadrado mientras que los días con 1 litro o menos son cada vez menos frecuentes. 

Volviendo a los datos de temperatura es también muy llamativo el hecho de que cuando los combinamos con los de humedad relativa del aire vemos cosas que antes no pasaban. En buena parte de Navarra este año hemos visto algo inédito en varias semanas seguidas del comienzo de este otoño: las temperaturas apenas han bajado de 18ºC llegando durante el día a cerca de 25ºC con un punto de rocío que ha rondado constantemente los 13ºC. Eso son exactamente las condiciones que definen los climas tropicales. El aire se siente cálido, húmedo y denso, con una sensación envolvente que hace que el calor se perciba de forma constante.

Recientemente, además, dos meteorólogos han llevado a cabo un estudio rápido sobre el episodio de lluvias torrenciales que se produjo en Catalunya a principios de este mes. A falta de profundizar en la investigación la conclusión es clara: las condiciones actuales del mar mediterráneo son compatibles con soportar la formación y desarrollo de ciclones tropicales o huracanes, un fenómeno propio de otras latitudes y tan espectacular como peligroso. Que la temperatura del agua en el Mediterráneo lleve muchos meses entre 3 y 4ºC por encima de lo normal tiene con seguridad mucho ver con ello.

Y por último tenemos también constancia de que determinados fenómenos de transporte de humedad atmosférica a gran escala van a más, precisamente entre las latitudes tropicales y subtropicales, y las medias, entre las que se encuentra el continente europeo. En diciembre de 2021 buena parte de Navarra se inundó con un porcentaje alto de agua cuya procedencia la situamos en el Caribe. Un anticiclón de Azores especialmente intenso y elongado permitió que el vapor de agua fuera canalizado a través del Atlántico central. Además, algunos de los fenómenos que hemos seguido viendo en la Península Ibérica han tenido también un aporte llamativo de humedad de latitudes más bajas.

Escuchamos a veces que Navarra acabará volviéndose una región semidesértica, con una disminución progresiva de precipitación, y tiene sentido si solo atendemos a las predicciones regionalizadas del clima. La realidad es que proyectar el clima de una zona con una transición tan fuerte y climas tan variados es especialmente complicado. De lo que estamos seguros es de que el calentamiento se está acelerando con consecuencias ya muy graves, y que lo que ocurre con la humedad en la atmósfera es mucho más extremo, favoreciendo sequías más largas y lluvias más torrenciales, es decir se dispara lo que llamamos la variabilidad, que no deja de ser lo mismo que decir que el tiempo está cada vez más loco.

Peio Oria Iriarte es miembro de la Fundación Clima-Klima Fundazioa.