De la extorsión a las apuestas: un psicólogo explica por qué el TDAH multiplica los peligros digitales en la adolescencia

Los adolescentes con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) presentan tasas de uso problemático de Internet significativamente más altas, de un 25,8%, que sus iguales que no padecen el trastorno, que se sitúan en el 18%. Así lo publica un estudio en la revista Psicothema, que analizó a más de 4.300 jóvenes españoles y pone en cifras una realidad que muchas familias viven en casa. 

No se trata de una cuestión de falta de voluntad, para un joven con TDAH, la pantalla va más allá de una herramienta de ocio o comunicación, según el estudio, es todo un entorno que interactúa con su neurodivergencia y ofrece recompensas y estímulos constantes que su cerebro tiene dificultades para gestionar.

Que el juego online, el consumo de pornografía, el contacto con extraños o la extorsión sexual afecten más a adolescentes con TDAH puede deberse a “posibles déficits en las funciones ejecutivas, como problemas de control atencional, problemas de regulación conductual, problemas de regulación emocional, de memoria de trabajo, de flexibilidad cognitiva, de planificación y organización de tareas, y de procesamiento temporal”, señala Antonio Labanda, psicólogo educativo y general sanitario.

“Especialmente las áreas que más repercuten negativamente y, por lo tanto, más afectan a los TDAH son la flexibilidad cognitiva, que implica poder cambiar de tarea cuando una situación no es agradable o no encuentras solución, y los problemas de planificación, regulación emocional y control inhibitorio”, apunta el psicólogo.

Esta falta de equilibrio puede ser problemática sumada a los mecanismos de refuerzo que utilizan las plataformas digitales: “Los juegos dan refuerzo positivo al jugador, por ejemplo, premios, que hacen que pueda dejar la tarea”. Si ya de por sí resulta difícil desengancharse de un tipo de tecnología que ofrece “premios” infinitos, el problema se agranda en el caso de aquellos que necesitan estímulos externos para regularse.

Pero la investigación recogida en Psicothema no solo alerta sobre el tiempo de conexión, sino sobre el tipo de conductas online. Los menores con TDAH muestran mayor implicación en prácticas ya mencionadas como el consumo de pornografía, la sextorsión o los juegos de azar.

El estudio también presenta matices por sexos, lo que sugiere que la atención, por parte de los padres o de profesionales en caso de que fuera necesario, debe considerar las particularidades de cada joven. El riesgo, comenta el psicólogo, está en que la tecnología se convierta en el centro de gravedad del adolescente: “Cuando tú ya no dominas cualquier tarea, sino que la tarea te domina a ti, estamos ya en una adicción”.

Ante esta situación, la tendencia de muchas familias es apoyarse en la prohibición o el castigo, una estrategia que suele ser ineficaz con adolescentes. Labanda propone apostar por un modelo que denomina “TER: de tolerancia, empatía y respeto”.

Para el psicólogo no se trata de apagar el router sino de construir “un contexto autorregulador” en el hogar, lo que incluye dar ejemplo con el propio uso de la tecnología o fomentar hábitos saludables como el deporte o las comidas sin pantallas.

“Una comunicación clara, asertiva y respetuosa es fundamental. Por ejemplo, aprender a expresar desacuerdo sin juzgar o imponer el punto de vista propio es un camino que conduce a la resolución de conflictos”, subraya Labanda.