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Quién consigue teletrabajar con niños en casa durante el verano: “No paro en todo el día y tampoco rindo como querría”

Ana M. Longo

30 de junio de 2026 21:57 h

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La falta de clases, las reuniones desde casa y los niños sin rutina convierten el verano en una etapa especialmente difícil para muchas familias. Padres y madres describen jornadas marcadas por interrupciones constantes, una atención dividida entre varias tareas y el esfuerzo de intentar responder al mismo tiempo a las exigencias laborales y familiares.

El verano altera el equilibrio que muchas familias consiguen mantener durante el curso. Sin horarios escolares ni estructuras diarias claras, muchos padres afrontan julio y agosto intentando reorganizar horarios, actividades y cuidados para sacar adelante el día a día.

Marta, de 39 años y madre de una niña de seis, teletrabaja como administrativa desde un piso pequeño. “Cuando se va el calor, salimos a pasear por la tarde, pero las mañanas son un caos. A veces no sé si estoy en una reunión o hablando como una Barbie”, comenta. Reconoce que muchas veces termina el día con la percepción de no haber estado realmente centrada ni en el trabajo ni en su hija. “Sé que ella se aburre y, al mismo tiempo, siento que yo tampoco hago las cosas igual que normalmente en el trabajo”, admite.

En otras familias, el verano obliga a reorganizar horarios constantemente. Valentina, de 41 años y madre de un niño de siete años, teletrabaja desde hace dos y reconoce que julio y agosto resultan especialmente intensos. No quiere llevar a su hijo a campamentos y buena parte de la jornada gira en torno a organizarse para atender el trabajo y las necesidades de su hijo. “Lo dejaría más tiempo con los abuelos, pero no quiere. Está acostumbrado a estar con nosotros, más conmigo, porque su padre trabaja fuera de la ciudad y no quiero obligarlo”, explica. Mientras trabaja, intenta buscar actividades para entretenerlo con cuentos, dibujos para colorear o ratos de juego autónomo.

Sé que ella se aburre y, al mismo tiempo, siento que yo tampoco hago las cosas igual que normalmente en el trabajo

Pablo, de 36 años y padre de un niño de tres, describe jornadas marcadas por interrupciones constantes. “Tengo que parar todo el rato cuando necesita algo. Es muy pequeño e inquieto”, asegura. Cuando coincide con su pareja en casa, la situación mejora porque ella puede salir a pasear o hacer recados con el niño. “Si estoy solo, muchas veces termino poniendo dibujos en la televisión para poder acabar el trabajo”, comparte.

En el caso de Esther, de 43 años y madre de dos gemelas de nueve años, parte de la conciliación depende de ir encajando horarios, campamentos y ayuda familiar. “Están juntas y eso me ayuda a que hagan actividades y se diviertan la una con la otra, aunque también tienen discusiones y tengo que intervenir”, dice. Como otros años, este verano recurrirá durante algunas semanas a un campamento de mañana, aunque reconoce que este recurso no siempre resuelve las dificultades de las familias con jornadas largas fuera de casa. “Para los que teletrabajamos, la sensación es no parar en todo el día y no rendir como quisiéramos. Durante el curso todo está más ordenado”, añade.

La dificultad para conciliar durante las vacaciones escolares no es una percepción aislada. Según una encuesta de la Plataforma de Infancia publicada en 2024, la mitad de las familias españolas señala los campamentos de verano como la medida que más les ayuda a organizar el cuidado de los hijos durante este periodo. Sin embargo, un 14% reconoce que no puede permitirse económicamente este recurso.

Un equilibrio difícil de mantener

Sofía Gil Guerrero, psicóloga y directora del Centro de Psicología MindUp Psicólogos, detalla que el verano suele vivirse de forma más intensa debido a la desaparición de muchas de las rutinas que organizan la vida cotidiana durante el curso escolar. Según observa, la ausencia de apoyos habituales, como el colegio, hace que compatibilizar el trabajo con el cuidado de los hijos resulte especialmente complejo para numerosos hogares.

La profesional apunta además que durante estos meses aparece una presión añadida relacionada con las expectativas. Muchas personas sienten que deberían aprovechar el verano para descansar, desconectar o realizar actividades especiales con sus hijos, algo que no siempre encaja con las exigencias laborales del día a día.

Si estoy solo, muchas veces termino poniendo dibujos en la televisión para poder acabar el trabajo

Gil recuerda que el teletrabajo puede facilitar la conciliación durante el curso cuando existen apoyos claros, como el centro educativo, el comedor o las actividades extraescolares. Sin embargo, expone que durante las vacaciones ese equilibrio se vuelve más difícil de mantener porque desaparecen muchas de esas ayudas y los niños permanecen más tiempo en casa.

A su juicio, esta situación favorece que muchas madres y padres sientan que no pueden atender todas las demandas del día como desearían. La presión por responder al mismo tiempo a las responsabilidades laborales y familiares puede generar culpa y desgaste emocional. La psicóloga subraya que esa sensación no implica ser peor padre o madre e insiste en la importancia de cuidar también la salud mental y reservar espacios de descanso y disfrute durante este periodo.

Añade que no todos los niños afrontan el verano de la misma manera ni cuentan con el mismo grado de autonomía. Mientras algunos pueden entretenerse solos durante largos periodos, otros necesitan más acompañamiento. Por ello aconseja ajustar las expectativas, flexibilizar horarios y recurrir a la ayuda de familiares, amigos, escuelas de verano u otros recursos disponibles.

Corresponsabilidad, organización y salud mental

Aunque el teletrabajo puede facilitar la organización familiar, la psicóloga Marina Ortega Otero advierte de que esta medida no evita por sí sola que la carga familiar aumente.

La especialista considera que uno de los aspectos clave es el reparto real de responsabilidades dentro del hogar. Indica que cuando las tareas de cuidado no se distribuyen de forma equilibrada entre los progenitores pueden aparecer agotamiento, sobrecarga y problemas relacionados con la salud mental.

Ortega precisa que, aunque muchas familias esperan con ganas la llegada del verano, mantener cierto grado de organización sigue siendo importante para el bienestar familiar. En este sentido, destaca que la rutina aporta estabilidad emocional y ayuda a desenvolverse mejor en el día a día.

Aunque el teletrabajo puede facilitar la organización familiar, la psicóloga Marina Ortega Otero advierte de que esta medida no evita por sí sola que la carga familiar aumente

Por ello recomienda organizarse sin expectativas excesivamente rígidas y tratar de disfrutar de los pequeños momentos cotidianos. De igual modo, defiende que es positivo que los menores participen en tareas domésticas adaptadas a su edad. Colaborar en actividades sencillas del hogar favorece la autonomía, el compromiso y la corresponsabilidad familiar.

Esta psicóloga aclara que los niños más pequeños suelen tener más dificultades para comprender que sus padres necesitan momentos de concentración o trabajo. Esa capacidad de comprensión aumenta con la edad, aunque insiste en la importancia de establecer límites claros desde el respeto y el cariño, ya que aportan seguridad y autoestima.

Mientras tanto, muchas familias continúan adaptándose a unas semanas en las que trabajo, cuidados y vacaciones conviven bajo el mismo techo. Una realidad que obliga a reorganizar rutinas y responder a las necesidades de cada día.