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Abuelos que ponen límites al cuidado de los nietos: “Con ellos disfruto mucho, pero no quiero volver a tener el día marcado por horarios”

"Nos vemos los fines de semana, en momentos concretos, y así lo disfrutamos más. Para mí es importante que ese tiempo no esté ligado a una obligación"

Ana M. Longo

10 de abril de 2026 22:20 h

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Durante años, la implicación de los abuelos en el cuidado de los nietos ha sido algo habitual. Sin embargo, no ocurre igual en todos los casos. Hay abuelos que siguen en activo, otros que tienen problemas de salud o que viven lejos, y también quienes prefieren dedicar esta etapa vital a proyectos propios.

Cuando estas formas de entender ese apoyo no coinciden con lo que los hijos esperan, aparecen fricciones que no siempre se han abordado previamente: incomodidad, malentendidos o la sensación de que las responsabilidades no están claras dentro del entorno familiar.

Una ayuda muy presente en la organización familiar

La participación de los abuelos en la crianza sigue siendo habitual en Europa. Un estudio publicado en 2023 por la revista European Journal of Ageing, a partir de datos de personas mayores de distintos países europeos, señala que una proporción relevante colabora en el día a día con sus nietos. Según este trabajo, cerca de la mitad lo hace de forma ocasional, mientras que aproximadamente uno de cada cuatro asume un papel más continuado. Este tipo de apoyo es especialmente frecuente en los países del sur de Europa, donde las redes familiares siguen teniendo un peso importante en la organización cotidiana. Otro informe sobre abuelos y crianza de Aldeas Infantiles, publicado en 2023, indica que en España el 35% de los mayores de 65 se encarga del cuidado de los nietos varias veces por semana (muy por encima de la media europea del 14,9%).

Durante muchos años viví pendiente del trabajo y de la familia, y ahora necesito que esta etapa sea un poco diferente

Cándida 67 años

La participación no se da siempre de la misma manera ni se vive igual en todos los hogares. En algunos casos se limita a momentos puntuales, mientras que en otros adopta formas más estables o se descarta por completo.

Cándida, de 67 años, decidió desde el principio no asumir una rutina fija con sus dos nietos. “Estoy con ellos y disfruto mucho, pero no quiero volver a tener el día marcado por horarios. Durante muchos años viví pendiente del trabajo y de la familia, y ahora necesito que esta etapa sea un poco diferente”, explica. Aunque lo habló en casa, sintió que se daba por hecho que estaría más disponible y que no fue fácil cambiar esa idea.

Lo que se espera de los abuelos

Lo que empieza de forma puntual puede ir convirtiéndose en una responsabilidad más regular. Y ahí suelen aparecer los primeros roces. Antonio, de 70 años, se encontró con esa situación cuando su hija le propuso encargarse de recoger a los niños del colegio todos los días. “Para ella era algo normal, pero para mí no lo era. Sigo trabajando algunas mañanas y tengo mis propios horarios. No podía reorganizar todo mi día para asumir ese compromiso fijo”, recuerda. Durante un tiempo se interpretó así, como si no quisiera ayudar.

El papel de los abuelos en la crianza ha ido cambiando en las últimas décadas. Como afirma Gerardo Meil, catedrático de Sociología en la Universidad Autónoma de Madrid y especialista en sociología de la familia, este papel está relacionado con la transformación del modelo familiar y con la incorporación de las mujeres al trabajo en un contexto de familias más pequeñas. “Muchas abuelas, en su mayoría no empleadas y relativamente jóvenes, asumieron un rol activo en el cuidado”, comenta.

Muchas abuelas, en su mayoría no empleadas y relativamente jóvenes, asumieron un rol activo en el cuidado

Gerardo Meil catedrático de Sociología en la UAM

Con el tiempo, ese rol también ha cambiado. Meil subraya que se ha pasado de un modelo de “cuidado sustitutivo” a otro de “cuidado complementario” o “cuidado de emergencia”, más ocasional y limitado a determinadas tareas o momentos, como cuando están enfermos o para recogerlos del colegio.

Aun así, no en todos los hogares se cuenta con esa ayuda. Según datos de la encuesta QUIDAN 2 (2025), elaborada por Meil a familias con hijos menores de siete años, “el número de familias que no recibe ningún tipo de ayuda puede estimarse en alrededor de una de cada cuatro”. Además, en ese mismo estudio se observa que ha aumentado la proporción de padres que perciben que los abuelos no muestran demasiada disposición para cuidar.

En la mayoría de los casos, esta ausencia de apoyo no responde a una negativa directa. Tal y como apunta Meil, “las razones en la gran mayoría de los casos son objetivas”, y están relacionadas con factores como la distancia, problemas de salud, la situación laboral o el cuidado de otros nietos.

Esa evolución también se refleja en cómo algunos abuelos deciden estar presentes. Eladio, de 69 años, no participa en el cuidado diario de su nieta, pero mantiene un vínculo regular en su vida. “No estoy para el día a día ni para asumir responsabilidades fijas, pero sí para verla cuando surge”, expresa. “Nos vemos los fines de semana, en momentos concretos, y así lo disfrutamos más. Para mí es importante que ese tiempo no esté ligado a una obligación”, remata.

Negociar límites sin romper la relación

Más que la falta de apoyo, lo que suele tensar estas situaciones es el desajuste entre lo que cada uno espera y lo que realmente ocurre.

Desde la mediación familiar, este tipo de conflictos suele estar relacionado con un desajuste entre lo que cada generación espera de la otra. Según la mediadora familiar y abogada especializada en conflictos familiares Ana Criado Inchauspé, los hijos tienden a mirar a sus padres desde sus propias necesidades (la conciliación, el trabajo o la crianza) sin atender a que ellos también se encuentran en una etapa vital distinta, con proyectos propios.

La mediadora familiar Ana Criado insiste en que una de las claves es 'transformar expectativas implícitas en acuerdos claros', ya que muchas tensiones nacen de lo que nunca se ha hablado

En ese sentido, sostiene que no se trata tanto de egoísmo como de una falta de conciencia sobre las diferencias entre generaciones. Criado habla de la aparición de “un nuevo modelo de tercera edad, más activo y autónomo”, en el que muchas personas mayores priorizan su tiempo y no necesariamente desean asumir un cuidado continuado de sus nietos.

Si estas expectativas no se ponen en común, aclara, pueden surgir sentimientos de decepción en los hijos y, al mismo tiempo, presión o pérdida de libertad en los abuelos. Asimismo, indica que esto suele dar lugar a malentendidos sobre si ese cuidado es una ayuda puntual o una obligación familiar.

Desde su experiencia, Criado insiste en que una de las claves es “transformar expectativas implícitas en acuerdos claros”, ya que muchas tensiones nacen de lo que nunca se ha hablado. Para evitarlo, propone exponer abiertamente lo que cada parte espera, delimitar responsabilidades (recordando que el cuidado corresponde a los padres) y concretar cuándo y cómo puede darse la colaboración de los abuelos. También subraya la importancia de tener en cuenta las necesidades de ambas generaciones: la conciliación de los hijos y la autonomía de los mayores.

En último término, la especialista en conciliación familiar concluye que “el reto no es decidir si los abuelos deben cuidar o no a los nietos”, sino abrir un diálogo que permita ajustar esas expectativas para que la colaboración sea una elección y no una imposición, sin deteriorar el vínculo familiar.

Muchas veces, el problema no está tanto en la falta de ayuda como en lo que no se llega a decir a tiempo. Isabel, de 68 años, reconoce que durante un tiempo asumió que debía estar disponible para cuidar de sus nietas sin plantearse si realmente podía o quería hacerlo en esas condiciones. Con el paso de los meses, esa disponibilidad empezó a resultarle incómoda, como si tuviera poco margen para decidir por sí misma.

“Al principio no dije nada, porque parecía lo normal, pero cada vez me sentía más incómoda, como si no pudiera elegir”, asegura. Eso, relata, cambió cuando lo hablaron en familia. “Cuando lo compartimos, resultó un alivio para todos. Pudimos recolocar las cosas y empezar a entendernos mejor. Ahora sé que ayudar también implica poder decidir”, declara.

A medida que cambian las formas de vida, también se reordenan los acuerdos dentro de las familias. Lo que durante décadas se dio por hecho empieza a dejar paso a decisiones más habladas y menos asumidas.

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