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ENTREVISTA Emilio Majuelo Gil - director del Fondo Documental para la Memoria Histórica de la Universidad Pública de Navarra

"Sorprende el volumen de la represión franquista en Navarra"

Para Emilio Majuelo Gil,  director del Fondo Documental para la Memoria Histórica de la Universidad Pública de Navarra, "sin la historia oral y los testimonios nada habría sido igual en la guerra y el franquismo"

“No hubo ningún frente bélico en Navarra duranre la guerra ni nada que se le pareciera"

"El franquismo tiene una base social muy implicada directamente en la represión"

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El historiador Emilio Majuelo.

El historiador Emilio Majuelo.

Emilio Majuelo Gil es el director del Fondo Documental para la Memoria Histórica de la Universidad Pública de Navarra, organismo creado en 2009 de la mano del Parlamento foral. También ejerce la docencia desde 1995 como Profesor Titular de Universidad del Departamento de Geografía e Historia. Ha participado en diversos proyectos de investigación, dictado decenas de conferencias, tomado parte en numerosos congresos y seminarios en calidad de organizador o ponente, redactado más de cincuenta artículos, recensiones y prólogos, además de ser autor de siete libros. Ha dirigido diez tesis doctorales y en el año 2009 recibió el premio de la UPNA a la contribución científica más relevante de los años 2007 y 2008 en los campos de las ciencias sociales, humanas, jurídicas y económicas.

Majuelo subraya la importancia de los relatos personales para conocer y escribir la historia de la represión en Navarra a partir del golpe de Estado de julio de 1936 hasta unos años después de la muerte del dictador Francisco Franco. Su trabajo recoge relatos personales, testimonios que han permanecido en silencio durante años porque “sin la historia oral y sin los testimonios de carácter memorialístico nada habría sido igual en la historia de la guerra y el franquismo en Navarra”.

Son narraciones de memorias, autobiografías y confesiones íntimas, la mayoría escritas en los años cincuenta y con el objetivo de que no se perdieran los datos. “Esta literatura histórica ha permitido que aquellos relatos del Alzamiento no hayan pasado inadvertidos. Son rastros de represión inconfesada, pero hoy en día reconocida”, explica.

¿Cuáles son los números de la represión en Navarra?

Más de 3.400 víctimas mortales, de las cuales más de 3.000 fueron fusiladas o hechas desaparecer. Nosotros también contabilizamos otro tipo de muertes, aunque no sean por fusilamiento. Por ejemplo las ocurridas en cautividad debido a las malas condiciones de los penales. Cientos de personas murieron en el fuerte de San Cristóbal por las inclemencias del tiempo y el maltrato. Existe una casuística muy amplia.

Hay otro montón de categorías represivas. Miles y miles de presos. Solo en el fuerte estuvieron encarceladas casi 5.000 personas, la mayor parte de gente de fuera de Navarra. Eran condenas de días, meses, años. También existían las sanciones económicas, desterrados, exiliados, huidos… tenemos del orden de 20.000 fichas personales en la base de datos, de las cuales son consultables unas 17.000. La mayor parte son gente de Navarra. Sorprende el volumen de la represión franquista en Navarra, incluso para los que llevamos muchas décadas siguiendo el tema.

Defiende que en Navarra hubo una represión sin guerra que consiguió silenciar a una parte de la ciudadanía.

Lo primero ya está claro para todo el mundo: no hubo ningún frente bélico firme en Navarra durante la guerra ni nada que se le pareciera. Sabemos que hubo algunas pequeñas escaramuzas en los pueblos, pero sin mayor recorrido porque no había recursos. Exclusivamente Lodosa destacó algo pero esa es una de las razones de que fuera tan castigada. Lo que ocurre es que a veces la gente cuando se imagina cómo fue piensa que en Navarra se vivió el golpe tranquilamente, y no es así.

Pamplona fue la cabeza de la insurrección militar del 18 de julio de 1936.

Claro. Y pasaron cosas, muchas. Aquí cada ente militar, tanto el carlista como el falangista, tuvieron sus propios centros de reclusión. Los carlistas incluso tenían centros de enjuiciamiento, condena y ejecución sumaria de afiliados suyos. Por motivos humanitarios o de solidaridad con los republicanos fueron juzgados y paseados. Este es un capítulo que se conoce todo.

Y el otro gran tema es la represión. Ha habido cantidad de bibliografía no ya de los que escribieron en aquellos momentos, sino muchos años después, hasta relativamente hace poco, que negaba totalmente la represión en Navarra. Es más, durante los años de la Transición se vivió una discusión con la aparición de las primeras obras sobre el tema. Enfrentamientos muy fuertes que negaban la misma existencia de la represión. Entonces es cuando se formaron las asociaciones de familiares de víctimas y asesinados.

Usted hace referencia a la “historiografía retrógrada” para explicar que a día de hoy todavía no existan criterios comunes para el relato. Incluso considera que la historia de la Guerra Civil en Navarra está todavía “por escribir”.

Sí, bueno, me refiero a una visión completa. Porque la guerra no es solo la represión; hay muchas cosas: política, instituciones, iglesia, periódicos, gente, relaciones laborales… falta una gran obra. Sobre la represión y sus números sí está muy avanzado, prácticamente acabado. El problema es que la historiografía más hagiográfica del Régimen y del Alzamiento esquiva estos temas, están ausentes, aunque de manera muy indirecta aparezcan. Pero el problema no es que en aquel momento esto no se hiciera, sino que estos valores se ven reflejados en épocas actuales. Eso es lo que puede chocar más. Por ejemplo la batalla que hubo a principios de los años 80 en la prensa sobre los números de los asesinados. Es un asunto terrible. La cuestión de los números, no el de la interpretación, pero sí la de los números, está ya finiquitada. Las interpretaciones son libres, pero los números no.

“La represión en Navarra era tan importante que no merece la pena ni contarla”. ¿Cómo contextualiza esta afirmación?

Parece una contradictio in terminis… lo que está claro es que la represión fue intensa: matar a 3.000 personas y mantener el sistema carcelario exige tener a mucha gente a tu servicio para llevarlo a cabo. Hablar de esto es hablar de todos los colaboradores, ejecutores, los que lo han financiado… los que han estado detrás, en definitiva. El franquismo tiene una base social implicada muy directamente en la represión. Tan aguda, tan grave, tan radical, que remueve mucho. No tanto la Guerra como el franquismo. La Guerra tuvo un final, y la gente puede pensar que también pasaron muchas cosas en el lado republicano… bueno, pero eso ha terminado. Los familiares directos de esas víctimas han desaparecido, sus verdugos también… Pero claro, el Franquismo está ahí. Y si te acercas al final del régimen hubo miles de detenidos en Euskal Herria, y cientos de torturados… el tema es distinto. Hay un tapón, un colchón muy fuerte para tapar esto, y choca con nuestra actividad. Tengas una manera u otra de ver las cosas, esto es una actividad intelectual, de investigación.

Quizá por una simplificación histórica se considera que la Iglesia como institución apoyó el golpe y el régimen posterior, pero cuando se desciende a lo individual vemos que hay muchos matices.

Sí, yo soy de esa opinión. Alguno podrá pensar que intento exculpar a la Iglesia, pero no, las cosas son como son. La Iglesia como institución cumplió un papel muy claro, y además de forma muy gustosa. Pero de ahí a decir que todos los curas iban con el pistolón debajo de la sotana hay un trecho muy largo. Sabemos casos de eclesiásticos, como Victoriano Aranguren, al que mataron. Gente que fue desterrada… hubo gente muy valiente, de tal manera que en algunos pueblos no hubo asesinados por ellos. La Iglesia también merece una investigación que ahora mismo no está hecha.

Dice que en Pamplona la gente vivió el golpe muy asustada. ¿Quizá por ser origen del golpe? Y ese miedo se extendió durante décadas.

Sí, en Pamplona los militares tomaron el control sin ningún problema. Pero es que incluso hoy en día entrevistamos a gente, de la siguiente generación, que todavía tiene miedo de hablar. Que está asustada. A pesar de que no lo vivieron directamente. Es increíble. Pero la frase era porque en Pamplona, el 18 y 19 de julio de 1936 ha quedado en algunas obras de historia como que todo el mundo saltó a la calle nada más leer el bando del general Mola, y yo no creo que fuera así ni de lejos. No fue nada parecido a una fiesta.

Considera que las referencias a la conspiración  judeo-masónica-comunista son algo más que un recurso retórico.

Sí, es un elemento ideológico que conviene tener en cuenta. Es el humus común de todo el pensamiento conservador de la burguesía, pero también en Europa y en el mundo. El miedo al comunismo se difunde. En Navarra no había comunistas, pero si hacían una huelga en una empresa les llamaban comunistas. Esto ocurre también durante la dictadura de Primo de Rivera. Cuando llega la República, incluso en Navarra aparecía el lema de la coalición conservadora: O Roma o Moscú. Es un elemento permanente de la ideología de estos sectores. Esto se atiza contra los problemas que tenían los gobiernos republicanos, y después se reelaboró para justificar el golpe. Me refiero a que así como en el caso de Franco se ha seguido casi al detalle los ingredientes de esa obsesión, convendría hacerlo también en el caso de Mola. Porque es gente que está convencida, no era cinismo. Verdaderamente lo pensaban, como el Conde de Rodezno. La República era una hecatombe, pero incluso antes de empezar a funcionar. Es un elemento constitutivo de la historia del Carlismo. Es así.

Cuando se refiere a obras históricas, hace hincapié en la diferencia entre la fecha de escritura y la fecha de publicación.

Los detalles que una persona puede dar si escribe su diario al compás de los hechos son muy superiores a escribirlo tras el paso de los años. Es imposible retener los detalles 35 años después. Por ejemplo el juez Luis Elío escribió al poco tiempo, pegado a la actualidad.

Advierte un tono triunfalista en los relatos escritos en los años 50 del pasado siglo.

Sí, en los años 50 el tono es triunfalista. Es entonces cuando al régimen se le admite en organizaciones internacionales de todo tipo, excepto en la Unión Europea. No tiene enemigos interiores… es el esplendor del franquismo. Para ellos la represión no era un tema muy importante, pero contaron con más detalle las hazañas que realizaron para la represión. Los comandos organizados, los sacerdotes colaboradores… era la confianza de que la historia no tiene futuro y que ese presente iba a ser ad eternum y les iba a premiar incluso .

Actualmente trabaja en la revisión de la base de datos

La base de datos que manejamos nos la prestaron las universidades gallegas y ha cumplido ya su finalidad. Conforme hemos ampliado la investigación en torno a la represión en Navarra durante la Guerra Civil, el franquismo y los años posteriores se veía necesaria una recomposición. Nos dimos cuenta de que corríamos el peligro de quedarnos en un parche, y hablando con los servicios informáticos de la UPNA vimos que la mejor opción era renovarla por completo. Estamos en eso, y quizá esté a finales de agosto. Entonces volcaremos toda la información que teníamos en la actual. Las ventajas, sobre todo a la hora de hacer búsquedas, serán muchas.

 

 

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