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No hay más patria que la Humanidad

De Eduardo Madina  Edu aprendimos algo muy importante: el rencor no tiene cabida, y que hay que mirar hacia delante y luchar en lo que uno cree.

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El diputado socialista y dirigente de las Juventudes Socialistas en Euskadi cuando ETA atentó contra él en 2002.

La noticia nos llegó rápido y nos atrapó en diferentes lugares, en la universidad, el trabajo, la casa o la calle, pero llegó para quedarse. Tal día como hoy de 2002, hace ya 15 años, la noticia llegó como una proclama, una alentadora proclama de que debíamos seguir en la lucha por una sociedad justa en la que un auto denominado tribunal de la identidad no dijese a nadie como debía sentirse o verse a sí mismo.

Éramos algo más de una treintena de jóvenes militantes de las Juventudes Socialistas de Euskadi (JSE-Egaz) de entonces, los que nos reunimos esa misma tarde en los tres territorios, en Bilbao, en Vitoria y en San Sebastián, para mostrar nuestro apoyo a nuestro compañero Eduardo Madina, días después se sumaron miles de personas en una manifestación multitudinaria bajo una pancarta con el lema “No hay más patria que la humanidad”. Sin acciones violentas, con el único propósito de ver algún día una Euskadi en libertad.

Ingenieros, arquitectos, politólogos y sociólogos, químicos, historiadores, estudiantes de FP o empleados de la construcción componíamos aquel grupo de gente joven. Un grupo formado que además teníamos un firme compromiso político, algo que quedaba acreditado por el mero hecho de militar política y públicamente en un entorno de hostigamiento. Aunque sentíamos miedo ese compromiso se hizo más grande, sobre todo al ver la entereza de Eduardo.

Cuando todo era difícil, cuando el ruido de la violencia se hacía ensordecedor. Aquellos primeros años del 2000 nos arrebataron por la violencia varios compañeros: Fernando Buesa, Juan María Jáuregui, Ernest Lluch y Froilan Elespe. Y tras aquel 19 de febrero de 2002 nos arrebataron a otros: Juan Priede, Joseba Pagazaurtundua e Isaias Carrasco.

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El símbolo de ETA, tachado en una pared en el País Vasco. EFE

Pero dicen que la voz humana es diferente de otros sonidos. Se puede escuchar a través de los ruidos que entierran todo lo demás. Incluso cuando no se está gritando. Incluso siendo un susurro, el más bajo de ellos, se puede escuchar cuando se está diciendo la verdad. Nosotros aquella tarde noche, susurramos por encima del ruido.

Sin glorificaciones, Eduardo representó aquel día un ejemplo de voluntad y lucha en un momento de la historia de nuestro país en el que participabas o te quedabas al margen. Optó por el camino más difícil: participar. Pudo haber mirado a otro lado como lo hicieron muchos. Decidió tomar parte en conjunto y no de forma individual. Eduardo tomó la misma decisión, la de participar.

"Dicen que la voz humana es diferente de otros sonidos. Se puede escuchar a través de los ruidos que entierran todo lo demás. Incluso cuando no se está gritando. Incluso siendo un susurro, el más bajo de ellos, se puede escuchar cuando se está diciendo la verdad".

Decidió no mirar a otro lado y como otros muchos y muchas compañeras de su época que estuvimos en las JSE-Egaz decidimos dar el paso. Incluso cuando todo parecía escondido, cuando daba miedo significarse, Eduardo decidió hacerlo. No sólo por él, sino por todos. 

De este modo, asumió las consecuencias. Con la cabeza bien alta, pues no hay deshonra en el honor y no hay vergüenza en la valentía. Allí, fuimos conocedores de ese socialismo primigenio, que Ramon Rubial nos trataba de impregnar en todos los encuentros o charlas que manteníamos con él, aquel socialismo primigenio, que nos observaba desde la lejanía del tiempo y desde la cercanía del lugar, el socialismo de la honestidad y perseverancia, por mejorar las condiciones laborales, sanitarias, educativas y civiles, del compromiso en su máxima expresión durante años perseguido.

Algunos fueron llamados por su conciencia de clase y otros motivados por hechos de conciencia. Como una inquietud para el pensamiento único en la Euskadi del momento, como señal de insumisión, toda una provocación para los ideólogos del integrismo de entonces. Aquel día ejercimos el derecho a rechazar que entre lo viejo y lo nuevo sólo pudiéramos elegir lo inevitable y no lo necesario. Elegimos lo necesario. En mucho de eso tuvo que ver Edu, del que aprendimos algo muy importante: el rencor no tiene cabida, y que hay que mirar hacia delante y luchar en lo que uno cree. Seguimos caminando juntos con la mirada puesta en el futuro con ese “viaje a los sueños polares”.

Hoy, 19 de febrero de 2017, ese socialismo de la honestidad y la perseverancia, sigue teniendo, aún si cabe, mayor validez.

Firman el artículo el secretario general de Juventudes Socialistas en Euskadi cuando se produjo el atentado, Dani Díez, y otros 40 Jóvenes Socialistas Vascos que militaban activamente en 2002 en Euskadi.

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