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El rescate de La Naval: valentía y responsabilidad

Es el momento de que el Gobierno Vasco  adquiera el astillero y elabore un plan industrial que asegure el futuro de La Naval

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La Naval

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El futuro de La Naval depende en este momento de si aparece o no un inversor que la adquiera una vez abierto el concurso de acreedores. Si no hay nadie dispuesto a rescatar el astillero más importante de Euskadi, desaparecerán miles de empleos. Como sociedad, no podemos permitirnos este final para una empresa fundamental en la Margen Izquierda y en el sector de la construcción naval en Euskadi. Ambos, tanto Ezkerraldea como el sector naval deben ser considerados, por derecho propio, como elementos estratégicos y agentes tractores de la economía vasca.

Hagamos un poco de historia para entender cómo hemos llegado hasta aquí. La Naval, perteneciente a la SEPI, fue privatizada en el año 2006 junto a los astilleros de construcción civil de Sevilla, Gijón y Valencia. Aquellas privatizaciones fueron un rotundo fracaso, el incumplimiento de los acuerdos de viabilidad llevó a todos al cierre, excepto, y por el momento a La Naval. El Gobierno de Ibarretxe reconocía en 2004 que si el astillero dejaba de pertenecer a un grupo público terminaría en quiebra y liquidación, y se comprometía a participar en su gestión si se mantenía como público.

Hoy el Gobierno Vasco se escuda en la normativa europea para no entrar en La Naval de forma directa o indirecta. Sin embargo la Comisión Europea no establece de forma taxativa la imposibilidad de que las instituciones participen en el accionariado de empresas. La única condición es que lo hagan en igualdad de condiciones al resto de inversores, algo posible a día de hoy.

En efecto, el proceso de liquidación es el escenario perfecto para que las instituciones que han tenido responsabilidad tanto en la gestión de La Naval como en la desindustrialización de Ezkerraldea, demuestren su compromiso con la industria de Euskadi. Es el momento de que el Gobierno Vasco  adquiera el astillero y elabore un plan industrial que asegure el futuro de La Naval.

La mejor forma de fortalecer el autogobierno es utilizándolo con valentía en cuestiones estratégicas para Euskadi, y la continuidad de la Naval lo es

Sí, estamos hablando de la gestión pública de una empresa industrial. Algo que se ha hecho recientemente en Francia, donde el presidente neoliberal  Macron adquirió en 2017 un astillero durante la fase de liquidación concursal, con el fin de mantener la actividad industrial y el empleo de un sector estratégico para el país.

Es un buen momento para reflexionar sobre la importancia estratégica de la presencia pública en ciertos sectores para avanzar en la soberanía industrial. Si Euskadi tiene la competencia en política industrial es para ejercerla, y no para presumir de autogobierno. La mejor forma de fortalecer el autogobierno es utilizándolo con valentía en cuestiones estratégicas para Euskadi, y la continuidad de la Naval lo es para Sestao, para Ezkerraldea y para Bizkaia en su conjunto.

Recuperar el control público de La Naval no sólo supone asegurar puestos de trabajo, sino que también implica consolidar el sector naval, y retener esa mano de obra formada y cualificada que es imprescindible para revitalizar nuestra industria. Esta apuesta constituye un giro a la política industrial del PNV y del PSE, cuya tibia filosofía del “acompañamiento” no ha conseguido evitar el desmantelamiento de buena parte de la industria vasca ligada a nuestro territorio. Mientras aquí nos pueden las dudas y los complejos a la hora de poner en valor lo nuestro, en otros lugares hay quienes se mueven con valentía y responsabilidad en defensa de lo suyo. ¿A quiénes nos debemos? ¿A qué estamos esperando?

*Joserra Becerra es parlamentario de Elkarrekin Podemos y Rosa Martínez es diputada de Unidos Podemos

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