En los años noventa, cuando todo era nuevo, en algunos pubs londinenses era usual ver al entrar un cartel con una rara sugerencia: “sonríe, te estamos filmando”. Era una fórmula para quitarle hierro al sistema invasivo de las cámaras de seguridad que se empezaban a sembrar en el espacio público. Hoy, parafraseando aquella advertencia, Palantir debería hacer lo propio: “relax, el algoritmo te controla”. Es curioso que a su locuaz CEO, Alex Karp, aún no se le haya ocurrido alguna fórmula. Interviene a diario con frases mucho más disruptivas: «Salvar vidas y, en ocasiones, quitarlas es muy interesante“, le dijo a la periodista Maureen Dowd
Si Peter Thiel se ufana de haber sido discípulo de Rene Giscard, Alex Karp no deja de exhibir que ha estudiado con Jürgen Habermas, aunque Palantir se llama así por la devoción de Thiel hacia El Señor de los Anillos (palantir es una piedra que permite ver a lo lejos), y la oficina de Nueva York se denomina Gothan por la filia desmedida de Karp con Batman. Los dos fueron compañeros inseparables en Stanford, donde debatían apasionadamente de política, ya que Thiel es un tecnolibertario que ansía disolver la democracia y Karp se sitúa en el campo progresista aunque todo, como se verá, es relativo.
Así como Elon Musk creó Space X para instalarse en Marte por el pánico que le genera ser un habitante de nuestro planeta, Alex Karp está al frente de Palantir para armarse de seguridad frente a los peligros a los que está expuesto, es decir, los mismos que teme Musk: a todos nosotros.
Cuenta Dowd que en sus encuentros para la larga entrevista que publicó, ya sea en su casa de New Hampshire o en las oficinas de Nueva York, Karp siempre tenía al alcance de la mano el botón del pánico. «El miedo es algo que realmente le impulsa», dice el escritor Michael Steinberger, autor de The Philosopher in the Valley, una biografía de Karp. En ese sentido, Steinberger observa que Palantir está creada a su imagen y semejanza para que el mundo sea más seguro. Para Karp, claro.
¿Qué ofrece Palantir para garantizar seguridad? El producto más apreciado por su principal cliente, la administración estadounidense, empezando por la CIA, siguiendo por la secretaría de Defensa y el hoy temible ICE, aunque la lista es más larga, es un servicio que provee información prospectiva de un delito. Si esto suena familiar es por el relato El informe de la minoría de Philp K. Dick (o bien, Minority Report, la versión que rodó Steven Spielberg). Es curioso que, como en el caso de las lecturas de ciencia ficción de Elon Musk o las de Tolkien, veneradas por Thiel, ninguno menciona nunca a Dick, un escritor que ayuda a entender las distopías de los tecnolibertarios de Silicon Valley. Será por eso.
Se podría decir que Palantir es una suerte de Google que resuelve la entropía porque recopila millones de datos dispersos en todo tipo de bases de datos y sistemas informáticos para encontrar a quien busca: a mí, por ejemplo, mientras escribo esto o a ti, cuando lo estés leyendo. Cuenta Steinberger en su libro que es como si un equipo de especialistas fuera a tu casa y pusiera en orden tu escritorio, actualizara las tareas pendientes, sincronizara los archivos dispersos, recuperara material útil de discos duros antiguos y, en fin, pusiera todo en orden. Ahora imaginemos que hace eso en un ministerio o cualquier agencia estatal. Es un buen servicio. Ahora, un paso más: piensa que entra en la CIA o el ICE o la policía, algunos de sus actuales clientes, pero no solo ordena el caos interno sino que, sale a la calle y realiza tareas de inteligencia. Se entiende perfectamente, ¿verdad? Volvamos a empezar. Imagina que entran otra vez en tu casa. Ahora quien necesita el botón del pánico eres tú.
Alex Karp no fue maltratado por el padre como Musk ni sufrió bullying como Thiel. Se crio en un hogar progresista de Filadelfia y es hijo de una artista negra y un pediatra judío, quienes le inculcaron ideas de izquierda. Era disléxico –nadie es perfecto– y se lamenta ante Steinberger: «Eres un chico judío de extrema izquierda, racialmente amorfo y que además es disléxico, ¿no se te ocurriría que estás jodido?». No es para tanto: estudió filosofía en el Haverford College de Pensilvania antes de ir a la facultad de Derecho de Stanford y después se fue a la Universidad Goethe de Fráncfort para hacer el doctorado, período en el que tuvo contacto con Habermas. Cuando regresó, todo este conocimiento le sirvió para que Thiel viera en él un partner ideal para conquistar una parcela más del Silicon Valley y, por encima de todo, del Estado.
Palantir, que ha ganado 6.800 millones de dólares (5.840 millones de euros ) en 2024, es, en palabras de Karp, “una colonia de artistas” y suele compararse a Larry David; una muletilla habitual en sus intervenciones es “Karp Your Enthusiasm”. Todo esto se diluye cuando, al progre que fue se le pregunta, por ejemplo, por el rol de Palantir en Gaza. Un informe de Francesca Albanese al Consejo de Derechos Humanos de la ONU presentado en noviembre del año pasado señala a Palantir por su estrecha colaboración con el gobierno de Israel con quien tiene, afirma el documento, un acuerdo estratégico para “misiones relacionadas con la guerra” para la toma de decisiones automatizada en el campo de batalla. Palantir negó esta acusaciones pero Karp no niega, al contrario, defiende la presencia de la empresa en el conflicto. Del mismo modo que respalda la relación con la administración Trump.
Sin pudor, sostiene que la competencia de Palantir solo es política: “La izquierda y la derecha progresistas se levantan cada día pensando en cómo perjudicar a Palantir. Se considera demócrata pero estigmatiza a Zohran Mamdani: ”si representa a mi partido“, afirma, ”no me uno“. Así establece su posición actual frente a lo que llama ”religión pagana“. Karp ahora se define como un independiente ”que admira lo que Trump ha hecho en muchos aspectos“. Cuando se insiste, toma el camino directo: ”Nos metimos en este negocio para trabajar con el Gobierno, no puedes quedarte aquí y retirar tu apoyo cuando sale elegido alguien que no te gusta». Por si quedan dudas: «el precio de hacer negocios con el Gobierno es llevarse bien con Trump».
Los tecnolibertarios no plantean otra cosa que la fusión del Estado y la empresa privada, controlando todo lo público, incluido el sistema de representación con los criterios verticales de la actividad privada. Palantir actúa en el área de la seguridad, interviniendo con la policía y participando de la guerra y facilitando información para seleccionar objetivos. Es fácil deducir el control y el poder de Palantir sobre el Estado. El escritor James Vincent le llama la banalidad de los datos.
Si la salud pública en manos privadas deja de tener como objetivo garantizar la salud de la población por encima de cualquier negocio, ¿qué ocurre si el monopolio de la violencia pasa del poder del Estado al control privado?
En 1920, Henry Ford apoyó económicamente a Hitler según expone en su libro Negocios son negocios, el periodista y analista económico Daniel Muchnnik. Se trataba de afinidad ideológica alimentada por el antisemitismo pero también la apuesta a un proyecto. En 1933, el 20 de febrero, según narra Eric Vuillard en El orden del día, la mayoría de los empresarios alemanes fueron convocados en el Reichstag porque el Führer quería saber si podía contar con ellos. Pudo. Como dice Karp: es el precio de hacer negocios.
Los apellidos de aquellos alemanes visionarios puede que no nos suenen (Witzleben, Finck, Heubel, entre otros), pero, propone Vuillard, si decimos Bayer, Agfa, Siemens, Allianz, Opel o Telefunken, nos empiezan a parecer familiares, tanto, que alguna de esas marcas está en casa. Como puede que lo esté Palantir.