El circo Andic y la responsabilidad de los medios
Hay noticias que tienen garantizada la audiencia, aunque el interés informativo no siempre esté justificado. Ocurre con determinados personajes, más o menos famosos. Un titular basado en un tuit puede tener más lectores que investigaciones a las que un periodista haya dedicado semanas o meses. Más que gajes del oficio, son las miserias a las que debemos enfrentarnos a diario. Suena a lamento porque lo es.
En ese contexto, y en momentos en que las audiencias flaquean (todos estamos atravesando uno de esos periodos), no es fácil ni cómodo detenerse un minuto y preguntarse si una noticia tiene relevancia informativa o interesa solo porque contiene la dosis suficiente de morbo para captar la atención de miles de lectores, oyentes o espectadores.
En los sucesos es mucho más fácil que eso ocurra porque existen estudios que investigan, casi desde un punto de vista científico, por qué nos atraen. Las mismas áreas del cerebro que se activan con la curiosidad son las que se despiertan ante casos en los que hay personajes, un hecho impactante y una o varias incógnitas por resolver. En este artículo se analiza muy bien cómo siempre se podría culpar a la dopamina de aquello que la ética no es capaz de explicar. “No hay maldad en la fascinación. Somos carne de sucesos”, concluye la periodista Carmen Corazzini.
Con todo ello como contexto, llegamos al caso más mediático, al apellido que en cualquier titular es garantía de audiencia: el caso Andic.
Lo tiene todo: una familia famosa y muy rica, una muerte inesperada y la sospecha de que no fue un accidente, sino que el hijo podría haber sido el responsable. Un guion imposible de superar.
La imputación de Jonathan Andic es una de las noticias del año y su relevancia es indiscutible. Como bien saben los compañeros de las secciones de tribunales, en todas las causas judiciales ese es el inicio de la pugna entre abogados, fiscales y, en algunos casos, también jueces por ganarse el favor de la opinión pública. Es la fase de instrucción, cuando se recaban pruebas y nadie es culpable; pero, en circunstancias como estas, los manuales de Derecho parecen estar solo para acumular polvo.
¿El hijo de Isak Andic es inocente o culpable? Para ser exactos, el veredicto será de culpabilidad o de no culpabilidad. Pero, si formulamos la pregunta que todos entendemos, si lo hizo o no lo hizo, a estas alturas ya se ha conseguido que mucha gente tenga una opinión formada. Y eso no tendría mayor importancia si no fuera porque este caso, si llega a juicio, se dirimirá ante un jurado popular y, por lo tanto, la pugna de las partes consiste ahora mismo en influir en la opinión pública.
Hay datos, como los incluidos en autos judiciales, que ayudan a la audiencia a comprender el estado más o menos avanzado de una causa o el volumen de indicios contra el investigado. En cada procedimiento, además, aparecen conversaciones, imágenes o chats de WhatsApp que pueden utilizarse según convenga a cada una de las partes. Más allá del expurgo obligado por parte de las autoridades fiscales y judiciales (que no siempre se produce), existe también un expurgo periodístico y una responsabilidad editorial sobre qué se traslada al lector.
En este oficio tenemos pocas reglas (la verdad es que no sé si eso es bueno o malo), pero en Catalunya contamos con un Código Deontológico, el primero que se aprobó en España, que aspira a ser una especie de manual ético. Uno de sus puntos señala que hay que contrastar la información y evitar rumores, especulaciones o filtraciones no verificadas. “Esto es especialmente relevante cuando aparecen hipótesis policiales o judiciales que todavía no han sido confirmadas oficialmente”, apunta. Además, en su última actualización insiste expresamente en rechazar “los tratamientos sensacionalistas de los sucesos”. Esto afecta especialmente a “los titulares, las reconstrucciones dramáticas de los hechos y la publicación de imágenes impactantes”.
Por si al caso le faltaran elementos, la defensa de Andic ha otorgado al detective Francisco Marco una doble condición inusual: al tiempo que realiza, en calidad de perito, un informe para sostener que lo sucedido en Montserrat fue una caída accidental, también se pasea por estudios de radio y platós de televisión para defender su tesis (incluso antes de hacerlo en sede judicial).
En horario de máxima audiencia, Marco ha descrito imágenes como la de una caída anterior de Isak Andic para intentar demostrar que tenía problemas de movilidad, o ha señalado como elemento exculpatorio el audio de la llamada de su hijo al 112, filtrado este lunes a Catalunya Ràdio. Es un buen ejemplo del “tratamiento sensacionalista” contra el que advierte el Código Deontológico. Tratándose de una emisora pública, la reflexión debería ser aún más obligada.
A este caso le quedan todavía meses de instrucción y los medios deberíamos ser los primeros interesados en no participar del juicio paralelo que busca condicionar desde ahora la opinión de las nueve personas que acabarán decidiendo el futuro de otra.
P. D. A riesgo de equivocarnos y, con toda seguridad, de tener menos audiencia, en elDiario.es decidimos este lunes no reproducir el audio de la llamada de Jonathan Andic al 112.