Cómo ha estrechado Trump la alianza de EEUU con Marruecos
Marruecos fue el primer país que reconoció la independencia de Estados Unidos en 1777. Esto es algo que Rabat suele recordar para poder legitimar la alianza entre ambos países y revestirla de cierta solemnidad. Una relación que, en sus casi 250 años de historia, se ha intensificado durante las dos presidencias de Donald Trump.
El episodio más conocido, y más citado estos días a raíz de la crisis fronteriza de Ceuta, es cuando en 2020 Marruecos se adhirió a los Acuerdos de Abraham. El reino fue uno de los primeros en sumarse a la ambiciosa campaña del republicano para que los países árabes normalizaran sus relaciones con Israel. A pesar de que la población marroquí siempre ha expresado su solidaridad con la causa palestina, el Gobierno tomó la dirección opuesta para mostrar a Washington que cuenta con un socio fiable en el Norte de África.
Normalizar relaciones con Tel Aviv tampoco era tan incoherente, dadas las aspiraciones de Marruecos de anexionarse el Sáhara Occidental y la campaña de asedio que ejerce contra la población saharaui. Poco después de entrar en los Acuerdos de Abraham, Trump reconoció públicamente la soberanía de Rabat sobre la antigua colonia española.
Este sábado la embajada marroquí en EEUU se encargaba de recordarlo publicando una carta enviada por Trump al rey Mohammed VI con motivo del Eid al-Arsh, el día en que el reino conmemora la coronación del monarca en 1999. La entrada en Ceuta de más de 50.000 personas, según cálculos del Gobierno español, ha coincidido con la fiesta nacional.
En la misiva, Estados Unidos describe la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental como una “solución justa y duradera” y descarta cualquier otra vía, que sería “inaceptable”. “He ordenado a mis equipos que avancen el desarrollo económico y social en Marruecos, incluido en el Sáhara Occidental”, añade, y promete continuar con las actuales alianzas, como las de defensa y energía.
El mayor comprador de armamento a EEUU en África
En los últimos cinco años, Marruecos ha impulsado una modernización de su ejército gracias a contratos millonarios de compra de armas a Estados Unidos. Rabat está armándose hasta los dientes en un momento en que las tensiones con la vecina Argelia no han hecho más que aumentar.
El último informe publicado por el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (Sipri) muestra que las importaciones marroquíes de armamento pesado han aumentado un 12% entre 2021 y 2025, en comparación con el período 2016 y 2020. Estados Unidos lidera este proceso como el principal proveedor de Marruecos. Entre 2021 y 2025, Washington representó el 60% de las entregas al país.
Actualmente, Marruecos es el mayor comprador de armamento estadounidense en el continente africano, según destaca el Departamento de Estado. Washington tiene unos 8.545 millones de dólares en ventas activas con el gobierno marroquí bajo el sistema de Ventas Militares Extranjeras (FMS). Entre los acuerdos de venta hay 18 lanzadores del Sistema de Cohetes de Artillería de Alta Movilidad M142 (HIMARS), el mismo sistema de defensa empleado por Ucrania para defenderse de los ataques rusos.
Además de las ventas de armamento, Estados Unidos también ha proporcionado ayuda militar a través de otros paquetes. En el ejercicio fiscal de 2018 a 2022, a caballo entre la primera presidencia de Trump y la de Joe Biden, Washington autorizó la exportación permanente de más de 167 millones de dólares en artículos de defensa a Marruecos. Además, desde 2012, Estados Unidos ha proporcionado a Marruecos 135 millones de dólares en Financiamiento Militar Extranjero (FMF).
Desde finales de los 90, Marruecos ha sido sede de las maniobras conjuntas AFRICA LION, que agrupan fuerzas estadounidenses y marroquíes con participantes de más de veinte países y la OTAN. Albergar el AFRICA LION le concede a Marruecos una posición estratégica en el flanco sur de la Alianza, según destaca el último informe de la Friedrich Naumann Foundation (FNF). Desde que en octubre del año pasado el Consejo de Seguridad de la ONU apoyó el plan de autonomía de Marruecos para el Sáhara, el país está experimentando un “momentum diplomático” en el que su agenda exterior cada vez se entrelaza más con la de la Casa Blanca, destaca el análisis.
Minerales y gasoductos
Más allá de la posición geoestratégica de Marruecos al otro lado del estrecho como puente entre Europa y África, el país árabe también resulta ser un gigante dormido por lo que respecta a las reservas de minerales críticos. El último informe publicado por la IEA sobre las reservas globales de minerales críticos señala cómo Marruecos tiene el 70% de las reservas mundiales de roca fosfórica, pero que solo extrae y aporta menos del 15% de la demanda global. La roca fosfórica es clave tanto para la producción de fertilizantes como para la producción de las baterías para los coches eléctricos.
Cuando la semana pasada Trump volvió a restaurar sus aranceles universales con una nueva orden ejecutiva que impone un 12,5% de impuestos, la Casa Blanca se cuidó de firmar una excepción para las importaciones marroquíes de este producto. En una entrevista con Maroc Diplomatique, el embajador marroquí en Washington, Youssef Amrani, defendía cómo “el Reino está plenamente integrado en la visión estadounidense sobre la seguridad de las cadenas de suministro estratégicas”.
Recientemente, en una publicación el pasado domingo en Truth Social, Trump agradecía al rey de Marruecos haber bautizado una importante autopista con su nombre, algo que, públicamente, aún no ha sido confirmado por la parte marroquí. En paralelo, ese mismo fin de semana, Bloomberg se hacía eco de cómo Rabat está cortejando el Banco Mundial y el Banco de Exportaciones e Importaciones de EEUU (Exim Bank) para financiar un gaseoducto de 26.000 millones de dólares que discurriría a lo largo de la costa africana.
El gasoducto en cuestión tendría un recorrido de 6.800 kilómetros y prevé conectar los yacimientos de gas en países como Nigeria, Senegal y Mauritania, antes de unirse al gasoducto Magreb-Europa, que une Marruecos con España. En la previsión sobre el mapa, el circuito que seguiría esta obra faraónica pasaría por los territorios del Sáhara Occidental.
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