El orgullo de ser riojano: una forma de vivir más allá
Ser riojano es mucho más que haber nacido entre viñedos. Es discutir cuál es el mejor pincho de la calle Laurel, emocionarse cuando llegan las fiestas de San Mateo, saber que en media hora puedes pasar de pasear por el valle del Ebro a perderte por la sierra o tener la certeza de que, por muy lejos que estés, siempre habrá una botella de Rioja que te recuerda de dónde vienes. Pero ¿qué significa realmente ser riojano en 2026?
No existe una única definición. Hay tantas formas de sentirse riojano como personas viven en esta tierra. Para algunos es el lugar donde nacieron; para otros, el sitio que eligieron para construir su vida. Pero, de una forma u otra, La Rioja acaba dejando una huella difícil de explicar.
Los más jóvenes también encuentran en La Rioja una parte esencial de su identidad. Crecen entre expresiones que solo aquí se entienden, tradiciones transmitidas de generación en generación y costumbres que forman parte de la vida cotidiana. Desde las cuadrillas de toda la vida hasta las conversaciones alrededor de un vino o unos pinchos, son esos pequeños detalles los que hacen que La Rioja, sea La Rioja.
Así lo siente Celia, una joven logroñesa, que define ser riojana como “un sentimiento que llevo siempre conmigo”. “Es sentir orgullo cada vez que digo de dónde soy, porque La Rioja no es solo un lugar, son mis raíces. Es llevar el nombre de esta tierra con orgullo allá donde vaya y sentir que, por muy lejos que esté, siempre habrá un lugar al que llamar hogar”, explica.
Para ella, el verdadero valor de la comunidad reside en quienes la habitan. “Lo que más destacaría de los riojanos es su cercanía. Si algo nos define es el corazón con el que vivimos nuestras tradiciones. Tenemos un gran orgullo por nuestra tierra, pero es un orgullo que compartimos con los demás. Sabemos transmitir ese cariño en cada fiesta, en cada pueblo y en cada momento compartido. Al final, lo mejor de La Rioja no es solo su vino o sus paisajes; es su gente”, concluye.
Esa misma idea la comparte Lourdes, una logroñesa que, aunque lleva gran parte de su vida viviendo en Santander, sigue sintiéndose unida a su tierra. Para ella, la principal virtud de los riojanos es su capacidad para integrar a cualquiera. “Son acogedores sin preguntar. Hacen realidad el dicho de que los amigos de mis amigos, son mis amigos”. Da igual el tiempo que lleves fuera, cuando vuelves a La Rioja siempre sientes que formas parte de ella.
Aunque ha construido su vida lejos de Logroño, reconoce que hay cosas que nunca ha dejado de echar de menos “Ahora hay un par de calles con bares y una oferta de pinchos muy buenos que se da un aire a la Calle Laurel. De hecho ella la llama ”la laurel cántabra“.
Ser riojano también es valorar a quienes mantienen viva esta tierra cada día. Agricultores, viticultores, hosteleros, comerciantes, sanitarios, docentes y tantas otras profesiones que con su trabajo diario, contribuyen a conservar la esencia de una comunidad que ha sabido crecer sin perder su identidad. Para Estela Puras, agricultora, ser riojana es, sentirse orgullosa de la tierra en la que vive y en la que espera que sus hijos puedan crecer y disfrutar de sus oportunidades. “Haber decidido dedicarme de pleno al mundo de la agricultura era una decisión muy difícil que tenía que tomar, pero que hoy y a pesar de las grandes dificultades de este sector, no me arrepiento”, asegura.
Su trabajo le ha permitido descubrir el valor de aquello que hace de La Rioja una tierra única. “He aprendido que tenemos un arma muy valiosa, el vino, y que sin duda alguna somos privilegiados de vivir en una tierra como La Rioja en la que el paisaje, la comida, la cercanía son inigualables”, explica. Para ella, la agricultura es mucho más que una profesión: “Es el corazón de La Rioja y directa o indirectamente influye a todos los riojanos y aunque está la cosa muy difícil, tengo la esperanza de que esto vaya remontando”
También Samuel Muro, agricultor, entiende su vínculo con la tierra como parte de su propia historia familiar. Para él, ser riojano representa “vivir en una tierra única en España” y poder mantener unas tierras que heredó de su abuelo supone una responsabilidad, pero también una oportunidad: “Seguir con ellas es algo muy bonito, el poder cultivarlas”. Una relación con el campo que, en su opinión, las nuevas generaciones deben conocer y valorar. “Tienen que entender que el campo es algo esencial y su proceso, porque muy pocas personas entienden esta forma de vida y lo necesaria que es para nosotros”, señala.
Samuel mira también al futuro con cierta preocupación. Teme que las tradiciones que definen a La Rioja terminen perdiéndose y lamenta que cada vez sean menos los jóvenes que quieren iniciarse en el campo. Una preocupación que comparte con quienes ven en la agricultura mucho más que un oficio: una forma de mantener viva la tierra, preservar sus raíces y asegurar que aquello durante generaciones ha definido a La Rioja pueda continuar su camino.
Porque La Rioja no se entiende solo por lo que ofrece, sino por cómo se vive. Las fiestas patronales, la calle Laurel, las sobremesas interminables, las romerías, la vendimia, o la facilidad para recorrer la comunidad de punta a punta en poco más de una hora forman parte de una manera de entender la vida.
Puede ser que por eso resulte tan complicado explicar qué significa ser riojano. No es el hecho de haber nacido aquí. Es sentir como propias unas tradiciones, una forma de hablar, unos paisajes y una manera de vivir que hacen que, por muy lejos que se esté, siempre hay algo que invite a volver.
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