Pedro Pacheco, cinco años esperando su indulto: “Ahora la Justicia no es un cachondeo, es un sistema casi corrupto”
Pedro Pacheco espera una decisión que puede cambiar su futuro político. El exalcalde de Jerez aguarda la resolución de la petición de indulto que presentó en mayo de 2021 y que, si prospera, le permitiría volver a presentarse a unas elecciones tras años apartado de la primera línea institucional.
El veterano dirigente andalucista, de 77 años, fue condenado a cinco años y medio de prisión por la contratación ilegal de dos antiguos compañeros de partido, una pena que comenzó a cumplir en el centro penitenciario Puerto III en octubre de 2014. Posteriormente recibió otra condena por el pago con fondos municipales de la remodelación de la Casa Hermandad de Jerez en El Rocío, aunque asumió el reintegro de los 120.000 euros.
Tras obtener la libertad condicional en 2019, después de cumplir 70 años y reunir los requisitos previstos para internos con buena conducta y tercer grado, Pacheco mantiene que su inhabilitación es desproporcionada y defiende que su caso no puede equipararse al de otros condenados por corrupción.
En esta entrevista, analiza la posibilidad de recibir el indulto, carga contra la actuación de la Justicia, defiende su regreso a la política jerezana y repasa la actualidad andaluza y nacional.
El Gobierno acaba de conceder los indultos al exalcalde de Linares, Juan Fernández, y a la expresidenta del Parlament catalán Laura Borràs. ¿Cree que esos precedentes aumentan las expectativas sobre su caso?
Yo presenté mi petición de indulto hace ya cinco años, en mayo de 2021. El expediente se reimpulsó para evitar que caducara y ahora resulta que, después de las elecciones andaluzas, se están moviendo los asuntos pendientes. Hemos visto que el Consejo de Ministros, antes de irse de vacaciones, ha concedido varios indultos y creo que eso es una señal positiva para el mío. Mi situación, además, es distinta. Ellos buscan evitar la entrada en prisión y yo ya he pasado por ella. Mi petición no pretende eludir una condena, sino poner fin a una inhabilitación que considero absolutamente excesiva. Son circunstancias diferentes, pero entiendo que estos movimientos pueden favorecer que el Gobierno resuelva también mi expediente.
¿Confía en que esa decisión llegue después del verano?
Por la información que manejo y por lo que estoy viendo, creo que puede ser después del verano. La Unión Europea ha dado el visto bueno a la ley de amnistía y el Consejo de Ministros ha empezado a mover expedientes que llevaban tiempo pendientes. Sinceramente, creo que sería una tremenda injusticia que el mío siguiera paralizado después de tantos años.
Si finalmente recibe el indulto, ¿lo interpretará como una corrección de una injusticia o simplemente como una medida de gracia?
Siempre he dicho que los gobiernos no están para impartir justicia. Esa obligación corresponde a los tribunales. El problema es que, en mi caso, los tribunales no solo no me hicieron justicia, sino que me hicieron la vida imposible. Ahí es donde el Gobierno puede aplicar una medida de gracia que, en cierto modo, también corrija una situación injusta. Quienes tenían que haber actuado con justicia eran los magistrados y no lo hicieron. Yo sigo pensando que conmigo hubo una enorme desproporción.
¿Le ha pesado mucho la frase de que “la justicia es un cachondeo”?
Ahora es peor, ahora la justicia es un sistema casi corrupto y el peor servicio público del que disponen los españoles. Y no lo digo únicamente yo. Las encuestas reflejan desde hace tiempo la escasa confianza de los ciudadanos en la Justicia. Los que conocemos el mundo del Derecho estamos viendo cómo los tribunales europeos corrigen resoluciones españolas una y otra vez. Eso debería hacer reflexionar a muchos jueces. Hay una diferencia muy grande entre la forma de actuar de muchos magistrados europeos y algunos españoles. Además, existe un problema evidente: si un ciudadano se equivoca, paga las consecuencias; si un político se equivoca, los ciudadanos pueden dejar de votarle. Pero cuando se equivoca un juez, normalmente no ocurre nada. Son prácticamente intocables y eso no puede seguir siendo así.
Usted habla de una justicia politizada. ¿Cree que fue víctima de lawfare?
Sí, absolutamente. En mi caso existió. Se me condenó por la contratación de dos asesores cuyos contratos habían sido redactados por el propio secretario municipal. Se consideró que había una irregularidad administrativa, pero al mismo tiempo existían más de un centenar de contrataciones similares. Yo no me llevé un solo euro y, sin embargo, acabé cumpliendo cinco años y medio de prisión. Creo que eso demuestra que hubo una actuación desproporcionada.
¿Ha hablado directamente con el ministro de Justicia, Félix Bolaños, para interesarse por el estado de su expediente?
No. He hablado con personas cercanas, con profesionales que conocen el asunto y que han transmitido la preocupación por la tardanza, pero nunca directamente con el ministro.
Mirando atrás, ¿qué ha sido lo más duro de todo este proceso?
Sin ninguna duda, el ingreso en prisión. Yo tenía 64 años, una familia consolidada y toda una vida dedicada a la política. Había sido 24 años alcalde de Jerez, diputado europeo y parlamentario andaluz. Estaba tranquilamente en mi casa y, de repente, me arrancan de esa vida y me meten en Puerto III. Hay una letra flamenca que siempre recuerdo y que dice: “Estaba tranquilo en su mata, viene un hijo de puta, arranca la mata, la mete en una lata y la manda para Caracas”. Esa sensación tuve yo. Me arrancaron de mi vida cuando, además, existían otras alternativas penales como los trabajos en beneficio de la comunidad.
¿Cómo consiguió sobrellevar aquella etapa?
Mucha gente me decía cuando salí que me veía muy fuerte. Yo respondía que estaba preocupado. Es lógico. Después de vivir una situación así uno guarda resentimiento. Si no lo sintiera habría que tratarme. Lo importante es seguir adelante, pero nadie puede pretender que una experiencia de ese tipo no deje huella.
¿Qué le diría a quienes sostienen que una persona condenada por corrupción no debería volver a ocupar un cargo público?
Lo primero que les diría es que distingan los casos. Yo no me he llevado ni un euro, y eso lo reconoce la propia sentencia. Si hubo un error administrativo, se responde por ese error, pero no se puede equiparar mi situación con la de quien roba dinero público. Siempre he defendido que, si realmente existía una irregularidad, podían haberse aplicado otras penas. Mandarme a prisión fue una respuesta absolutamente desproporcionada.
Si recibe el indulto, ¿ha decidido ya que volverá a presentarse a la alcaldía de Jerez?
Sí. Lo tengo decidido. Si me conceden el indulto, me presentaré. Me encuentro bien física y anímicamente. Tengo ilusión, experiencia y fuerza. Además, he visto encuestas que reflejan que mucha gente sigue valorando positivamente mi etapa al frente del Ayuntamiento. Creo que puedo hacer un gran papel y tengo la impresión de que algunos adversarios políticos ya están preocupados ante esa posibilidad.
¿Con qué Jerez se encontraría si regresara al Ayuntamiento?
Con una ciudad muy distinta. Cuando dejé la Alcaldía, la deuda municipal rondaba los 213 millones de euros. Hoy supera ampliamente los 1.400 millones. A mí eso me produce vergüenza. Las tres alcaldesas que han gobernado después siempre hablan de la herencia recibida, pero la verdadera herencia fue la ciudad que nosotros dejamos. Creo que Jerez se ha deteriorado y que todavía hay margen para hacer cosas muy importantes. Por eso me anima intentar volver. Estoy jubilado, pero me encuentro con fuerza, con ilusión y con una experiencia que antes no tenía. Esa experiencia te evita cometer errores.
Cada vez hay más dirigentes veteranos que siguen en primera línea política. ¿La experiencia es un valor añadido?
Claro. La esperanza de vida está aumentando y eso significa que vamos a ver cada vez a más personas mayores desempeñando responsabilidades. El problema es que la sociedad todavía no está preparada para esa longevidad, ni siquiera desde el punto de vista de los servicios públicos. En mi caso, creo que la experiencia acumulada durante tantos años puede ser muy útil. Si tengo la oportunidad, intentaré ponerla al servicio de Jerez.
También ha sido muy crítico con el nivel de la política actual.
Porque no tiene nada que ver con la generación que surgió durante la Transición. Nosotros teníamos otra actitud ante el cargo público, otra forma de entender el servicio a los ciudadanos y otra perspectiva de ciudad. Hoy muchos políticos están todo el día mirando el reloj para ver cuándo termina la jornada y hablando de conciliación. En mi época eso no existía. El político local se ha convertido muchas veces en una especie de funcionario mediocre y ha olvidado que su función es hacer política. Un político no es un funcionario; está para liderar, transformar y resolver problemas.
También critica el sistema con el que se eligen los dirigentes.
Ese es uno de los grandes problemas. No existe una verdadera democracia interna en los partidos. Son el líder y quienes le rodean quienes deciden quién ocupa los cargos públicos. Yo no digo que tengan que gobernar los aristócratas o una élite, pero sí las personas que tengan más mérito para desempeñar esa responsabilidad, no quienes simplemente agradan al líder o le son más fieles.
¿Detrás de una posible candidatura habría ya unas siglas políticas?
Ahora mismo solo hay dos voluntades: la de obtener el indulto y la de presentarme. Todo lo demás vendrá después.
En las últimas elecciones andaluzas, ¿le sorprendió el crecimiento de Adelante Andalucía?
Sí, me sorprendió, igual que no me sorprendió la bajada del Partido Popular. Adelante Andalucía tendrá ahora que madurar y resolver las contradicciones internas que tiene, porque conviven andalucistas, anticapitalistas, sectores procedentes de Izquierda Unida... Tendrán que ver cómo encajan todas esas sensibilidades.
¿Cómo analiza la situación política nacional?
Creo que Alberto Núñez Feijóo lo tiene muy difícil para llegar al Gobierno mientras mantenga esa dependencia de Vox. Va a tener muchos problemas para conservar el voto de centro. En cambio, Pedro Sánchez está demostrando bastante más habilidad política de la que muchos le reconocen. Lleva mucho tiempo soportando una enorme presión y, sin embargo, sigue manteniéndose al frente del Gobierno.
También ha sido muy crítico con Isabel Díaz Ayuso.
Me parece que la Comunidad de Madrid no está bien gobernada. A veces se busca más el impacto mediático que resolver los problemas reales. Hay actuaciones que me parecen más propaganda que gestión.
¿Qué opinión le merecen los casos de presunta corrupción que afectan al entorno del Gobierno?
La corrupción es un problema que existe en cualquier sistema democrático porque la democracia está formada por personas. Lo importante es detectarla cuanto antes y actuar con rapidez. Hay que reforzar los mecanismos de transparencia y de control, evitar que determinadas personas permanezcan demasiado tiempo acumulando poder y seleccionar mucho mejor a quienes ocupan responsabilidades públicas. No puede acceder a un cargo alguien que reincide o que ya ha demostrado determinadas conductas.
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