LOS LANZALLAMAS
Larry Ellison, el oráculo artificial de Donald Trump
Decir que Larry Ellison es el abuelo de Silicon Valley es algo que seguramente le caerá fatal, incluso llamarle patriarca, aunque lo sea, puede sonarle incómodo, ya que, a pesar de ser un octogenario, practica deportes náuticos, su nueva pareja apenas supera los treinta años y deposita su confianza en el empeño transhumanista de su amigo Peter Thiel. Quizás porque parte de su fortuna proviene de la nube virtual, siente la pulsión de trascendencia. Al menos así lo expresó en una biografía que publicó cuando atravesaba la mediana edad: The Difference Between God and Larry Ellison: God Doesn’t Think He’s Larry Ellison [La diferencia entre Dios y Larry Ellison: Dios no cree ser Larry Ellison]. Mucho más temeraria resulta una aspiración suya que pareciera haber sido gestada en el Olimpo: la fantasía de una sociedad en la que todo esté bajo vigilancia y Oracle (nada inocente el nombre), su empresa, sea quien custodia todos los datos.
Ningún eufemismo para expresar esta ambición: “La policía se comportará de la mejor manera posible porque estaremos vigilando y grabando constantemente todo lo que ocurre. Los ciudadanos se comportarán de la mejor manera posible porque estaremos grabando y denunciando constantemente todo lo que ocurre”.
¿Quién es este tipo que nos quiere espiar a todos desde su propio panóptico virtual?
Decir que es el mejor amigo de Donald Trump no contribuye a calmar esta lectura. Su relación con Tony Blair y Benjamin Netanyahu, tampoco actúa como atenuante.
La vertiginosa carrera de Larry Ellison se remonta a la década de los años setenta con una empresa de software y, años después, creo Oracle, una empresa tecnológica líder en dar servicios en la nube y, específicamente, herramientas de gestión, almacenamiento y análisis de los datos. Como su amigo Steve Jobs, más que inventar Ellison es lo que se conoce como un tweaker, un adaptador, un perfeccionista, con soluciones ingeniosas y un coraje empresarial a prueba de cualquier abismo. Salió con vida de la burbuja puntocom del año 2000 y genera expectación ver si lo logrará esta vez con la inteligencia artificial. La incertidumbre ante una nueva burbuja no es ajena a Trump, cuyo control de esta posible ola es aún mucho más lábil que su dominio sobre el estrecho de Ormuz.
Ni bien asumió su segunda presidencia, Trump recibió a Larry Ellison en la Sala Roosevelt de la Casa Blanca para anunciar «el mayor proyecto de infraestructura de inteligencia artificial de la historia, con diferencia», según sus palabras, y presentar a su amigo Ellison, al frente del emprendimiento, como “una especie de director ejecutivo de todo; un hombre extraordinario y un empresario extraordinario”. Cuando Trump reitera un adjetivo valorativo, lo prudente es estar alerta.
El proyecto, que han denominado Stargate, implica una inversión de, nada menos, 500.000 millones de dólares (430.000 millones de euros), y participan, entre otros socios, Oracle y Open AI, la empresa de Sam Altman, quienes se comprometen a construir en los próximos cuatro años un conjunto de enormes centros de datos, capaces de producir 10 gigavatios de potencia de datos con un consumo de energía capaz de estresar aún más el extenuado sistema.
Para llegar hasta aquí, como recuerda el Wall Street Journal, o sea, Rupert Murdoch, Ellison donó 45 millones de dólares (38,5 millones de euros) para apoyar la campaña de Trump en 2024 pero, más allá de este aporte, colaboró activamente en el intento de amañar las elecciones de 2020 proponiendo estrategias para invalidar los resultados electorales en Pensilvania y Georgia y todo indica que, desde entonces, el flujo de recursos no se interrumpió.
La relación de Ellison con Tony Blair es un buen banco de pruebas en el que se puede observar su modus operandi.
El Tony Blair Institute [TBI] es un think tank que preside el ex primer ministro británico cuyo fin es trabajar con los líderes mundiales para diseñar políticas públicas y mejorar la gestión gubernamental. Ellison también tiene su propio proyecto altruista, la Larry Ellison Foundation, la cual se ha comprometido a donar al TBI unos 300 millones de euros. Por supuesto, con esta inyección económica no hay en el Reino Unido otro centro de estudios similar con unos 900 empleados y una capacidad de operación sobre 45 países. Gracias a esta colaboración entre organizaciones sin ánimo de lucro, Oracle ha expresado su interés por los historiales médicos del Servicio Nacional de Salud británico (NHS por sus siglas en inglés) ya que sus datos son únicos a nivel poblacional, superiores al sistema estadounidense en profundidad y amplitud cuyo espectro se remonta a 1948. Dijo Ellison: “El NHS cuenta con una cantidad increíble de datos sobre la población pero se encuentran demasiado ‘fragmentados’. Lo primero que debe hacer un país es unificar todos sus datos para que el modelo de IA pueda procesarlos y utilizarlos». The New Statesman denuncia la relación entre la actual administración británica y Oracle a través del lobby ejercido por el TBI como también el hecho de aconsejar sus servicios, en principio gratuitos, a diferentes gobiernos, los cuales después comienzan a cobrarse generando una previsible carga de deuda.
Nada nuevo bajo el sol pero sí puede que lo sea –y por eso la atenta mirada del tycoon Murdoch desde el Wall Street Jornal– la inusual y meteórica escalada en los medios de Ellison a través de su hijo David para configurar un mega polo de propaganda oficial.
Las fusiones mediáticas más importantes de los últimos tiempos han sido puestas en marcha por los Ellison con el total respaldo de la Casa Blanca. El primer paso lo dio David al fusionar su empresa Skydance con Paramount, un hito ya que esta última es la propietaria de la CBS News. La medida inicial fue reestructurar la cadena implosionando el emblemático programa de noticias 60 Minutes de la mano de una nueva productora, Bari Weiss, una periodista famosa por su cruzada contra la cultura woke y que aquí ejerce como comisaria política de la Casa Blanca. A partir de aquí, tanto el presidente como el Departamento de Justicia han dado luz verde para el gran golpe: la fusión de Paramount Skydance con Warner Bros. Discovery. ¿Quién puede dar más?
Se estima que si los Ellison concretan este proyecto su control sobre los datos de los medios de comunicación la proyección de su poder sería similar a los de la familia Vanderbilt cuando fueron dueños de los ferrocarriles de Estados Unidos y los Rockefeller, propietarios de la Standard Oil. Aunque si se tiene en cuenta el control que ya poseen sobre TikTok y la influencia sobre la IA, no hay parangón. [Digresión mínima: el último número de Mongolia da un exhaustivo panorama de los medios españoles y del sur de Europa colonizados por la extrema derecha].
Aunque Ellison se autoperciba como un dios o por prudencia le deje la silla a Trump y se limite a los servicios del oráculo, no siempre son precisas sus profecías. Se sabe que los avances de la IA están ligados a la generación de cantidades sin precedentes de potencia de cálculo para procesar volúmenes de datos también sin precedentes. El objetivo es mesiánico: alcanzar el desarrollo de la inteligencia artificial general (IAG), es decir, igualar o superar el pensamiento humano en cualquier tarea. Mientras ese día llega hay que proveer de más centros de datos y obtener más capital. Ocurre que los inversores comienzan a preguntarse si el gasto es sostenible: frente a la inyección de miles y miles de millones solo retornan decenas. ¿Cuándo volverán los billones de dólares?
Ha pasado un largo año desde que Trump presentara al “hombre extraordinario” y al “empresario extraordinario”. Oracle ha tensado al máximo su margen de crédito, los tipos de interés han escalado y su calificación crediticia ha sido rebajada a un nivel apenas por encima de la categoría de «basura». El patrimonio de Ellison ha mermado unos 170.000 millones de euros con respecto al año anterior, cuando en la lista de billonarios Forbes 400 era el número dos. Mal año de momento. Aunque puede ser peor porque su hijo David ha tenido que contener el impulso de adquirir Warner Bros. Discovery ante la demanda presentada por un grupo de fiscales generales estatales en contra de la fusión (y, además, Larry sin suelto en los bolsillos).
El proyecto de desarrollo de la inteligencia artificial de Ellison y Sam Altman, como ya se dijo, se denomina Stargate. El nombre proviene de una película menor de ciencia ficción en la que un pasadizo conecta dos puntos alejados en espacio y tiempo. En este caso se supone que vincula a la humanidad desde la era postindustrial a la de la inteligencia artificial. La idea surge del puente de Einstein-Rose, una estructura que ambos científicos idearon al buscar soluciones para las ecuaciones de la relatividad general. Popularmente a este puente se le conoce como un agujero de gusano, ya que al atravesar la manzana a través de un túnel se ahorra el paseo de rodearla. Algo similar a lo que intentan en la actual administración estadounidense en connivencia con los empresarios tecnofeudales. Para evitar el camino que indican las instituciones, las horadan. Como gusanos.