El caso Leire Díez, un puzle surrealista
Bombardeado por las informaciones que recibo sobre el bautizado como Caso Leire, he llegado a la conclusión de que lo más razonable para llegar a una conclusión más o menos ajustada a la realidad es alejarse de la maraña informativa y sentarse tranquilamente, como ante un puzle (rompecabezas), tratando de encajar las piezas para conseguir una figura identificable. Las numerosas anotaciones de la agenda de Leire Díez contienen un verdadero torrente de percepciones y objetivos ilusorios que son el producto de una mente llena de imaginación e inventiva. Lo más desconcertante es que el PSOE, partido centenario que en estos momentos dirige un gobierno de coalición, le comprase semejante quimera y que no se parase a pensar que era irrealizable y peligrosa. En estos momentos está sufriendo las consecuencias de tan descabellada decisión. Las actuaciones del juez Pedraz que hemos conocido recientemente se centran en investigar una trama que buscaba “desestabilizar” procedimientos judiciales abiertos contra el PSOE o el Gobierno.
De todos es conocido que, al producirse la investidura de Pedro Sánchez (23 de julio de 2023) y frustrarse las expectativas de Alberto Núñez Feijóo, se desencadena una ofensiva judicial y mediática sin precedentes con el objetivo de derribar al Gobierno y, concretamente, a su presidente, al que insólitamente se le augura en sede parlamentaria que entrará en prisión.
La ofensiva judicial se centra estratégicamente en su ámbito familiar, su esposa, Begoña Gómez, y su hermano David. El detonante de la que pudiéramos llamar “operación desprestigio” se incentiva cuando el juez Peinado, en un Auto de 24 de abril de 2024, declara a Begoña como investigada por los delitos de tráfico de influencias y corrupción en los negocios. Lógicamente, Pedro Sánchez, como persona, se sintió impactado emocionalmente. Y como presidente del Gobierno tomó una decisión inédita en nuestra democracia: se reservó un periodo de reflexión de cinco días sin descartar su posible dimisión. Finalmente decidió continuar.
Esta situación desencadenó una reacción a todas luces disparatada en un sector del PSOE encabezado por el entonces secretario de Organización, Santos Cerdán, con la participación estelar de Leire Díez, que presumía de tener información comprometedora sobre miembros de la judicatura y la Fiscalía relacionados con asuntos que afectaban al PSOE o al entorno de Pedro Sánchez. Esta descabellada idea, que necesariamente se podía volver contra el propio PSOE, no se valoró en su verdadera dimensión, lo que demuestra la escasa agudeza mental de los promotores. Si alguien sensato hubiera desaconsejado seguir con esta atrabiliaria idea, estaríamos ante un acto inocuo desde el punto de vista penal.
No obstante, pusieron en marcha sus delirantes estrategias, tomando una serie de decisiones con tantas ramificaciones que es difícil encajarlas para completar el puzle. En la primera pieza que manejo aparece la jueza Blanca Diezma, que ha instruido la causa contra el hermano del presidente por estimar que un acto administrativo -la decisión de adjudicar una plaza relacionada con actividades musicales a una persona que, entre sus méritos, había trabajado en la Ópera de San Petersburgo y dirigido orquestas- es un hecho delictivo en lugar de una posible reclamación contencioso-administrativa. Como es lógico, se presentaron otras personas, 10 en total, para optar a la plaza que se le adjudicó el 30 de junio de 2017. El juicio se está celebrando en estos momentos con siete acusaciones populares, a las que se les ha permitido duplicar las peticiones de pena sin ninguna actividad procesal que lo justifique. Malos augurios.
Entre los muchos dimes y diretes que han surgido en las sesiones del juicio oral destaca el testimonio del teniente coronel Balas, perteneciente a la UCO, grupo orgánico de la Guardia Civil especializado en la investigación de la delincuencia organizada de alto nivel. Un inciso: si era público y notorio desde 2017 que la adjudicación de la plaza había sido un apaño, no se explica que los afectados, algún buen ciudadano o la misma juez Biedma permaneciesen impasibles ante semejante crimen. La jueza y sus antecesores nos deben una explicación.
En la siguiente pieza aparece de nuevo la Guardia Civil. La conexión con la Benemérita alcanza su máxima cota cuando se conocen las entrevistas entre “Antoñita la fantástica” (ella misma reconoce que es una bocazas) y la Directora General de la Benemérita. La UCO no tenía que ponerse de perfil, porque en ningún caso debió intervenir. Cualquiera que se mueva en el mundo del derecho sabe que al cabo de un año se pueden tramitar miles de reclamaciones judiciales por estimar que se han adjudicado irregularmente las plazas públicas que salen a concurso público. Me parece necesario y urgente que la Guardia Civil nos informe en cuántos asuntos de esta naturaleza la UCO se ha dedicado a investigar su tramitación administrativa.
Fijo mi atención sobre la pieza que se dedica a la Fiscalía General del Estado (FGE). Es un tema que no se ha aclarado y me parece urgente que la Fiscalía nos informe. Desconozco si se han celebrado reuniones en la sede de esa institución y su contenido. En todo caso tienen que ser confirmadas, aclaradas o matizadas por la Fiscalía y las personas que se mencionan. La cuestión es grave.
Una pieza que no sé dónde encajar se refiere a la jueza Alaya. No está claro cuáles son las presiones que trataban de utilizar para disuadirla de inculpar a Chaves y Griñán por el asunto de los ERE. Por su parte, el Tribunal Constitucional le ha recordado que sus conocimientos de derecho constitucional y del principio de la división de poderes son escasos. En ningún país democrático una ley aprobada por un Parlamente puede ser delictiva; en su caso, pudiera ser inconstitucional. Por supuesto, si se llegó a presionarla debe ser investigado.
Aparecen más personajes, pero no debo abusar del lector. La serie sigue. Mi afición al cine toda la trama desestabilizadora me recuerda a la película italiana de Mario Monicelli, conocida en España como 'Rufufú'. Se inspira en un cuento de Italo Calvino, 'Robo en una pastelería'. El plan era disparatado y fue un fracaso. De momento no consigo completar el puzle. Habrá que esperar acontecimientos.