No podemos aceptar que nos engañen tan fácilmente

Portavoz del grupo municipal socialista en el Ayuntamiento de Madrid —

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No podemos aceptar que nos engañen tan fácilmente, salvo que uno decida vivir en el engaño por comodidad, egoísmo o falta de empatía. Algo que, en el ámbito político, representa el sacrificio del futuro colectivo, pues, lamento alumbrar el sol con una linterna, nos necesitamos unos a otros. La traición de unos pocos (o de unos muchos) a la razón y a la solidaridad nos conducen al abismo. No somos pasajeros de una comunidad, somos tripulación. Esa es la grandeza de la democracia, que no existen camisas blancas sin manchas, todos participamos de la mejora de nuestro entorno y todos somos, en parte, responsables de su deterioro.

El Ayuntamiento de Madrid, gobernado por un PP devoto de las estrategias de la posverdad trumpista, solo busca llenar titulares que, a su vez, llenen la cabeza de los ciudadanos, tratando de anular cualquier esbozo crítico sobre una gestión que está resultando ser una estafa. El maniqueísmo de tildar a los que no son como ellos de “rojerío”, “progres”, “sociatas”, “comunistas” y otras perlas de frivolidad impide que los que les votan se percaten del arte trilero de aquellos en quienes confiaron. Me niego a pensar que a ni uno solo de los votantes del PP le importe un bledo el que nos hayan robado seis millones de euros, por ejemplo, en unos momentos dramáticos con miles de muertos. No concibo que alguien de buena voluntad apruebe el oportunismo de las hienas. Si así fuera, apaga y vámonos.

El alcalde anuncia unos presupuestos, los anuncia a bombo y platillo y nos pide colaboración. Unos presupuestos llenos de inversión, repletos de apuesta social, etc. Esto es lo que les llega a través de las intervenciones públicas de Almeida y compañía, pero es que no es cierto. El acalde no ha presentado nada, no ha ejecutado más de la mitad de los Acuerdos de la Villa. Es algo así como “vamos a tocar la guitarra a dos manos cuando todavía faltan por poner tres cuerdas”. Unos presupuestos tienen que ser conocidos para poder ser valorados de verdad. Cualquiera es capaz de presentar un proyecto económico angelical, sin ningún documento sobre la mesa.

De lo que se trata es de utilizar el dinero público con eficiencia y voluntad solidaria para favorecer la vida de los ciudadanos. 300 millones para ayudar a todas aquellas personas que no podrán hacer frente al pago de sus alquileres este invierno, por poner una medida concreta en la mesa. Es aquí, en las medidas concretas, donde este PP bate las plusmarcas del descaro, porque, incluso comprometiéndose a cumplirlas en los Acuerdos de la Villa, se atreven a presentar unos presupuestos en los que no verás pintada ninguna partida presupuestaria para ello. Condenan al abandono a miles de personas que lo necesitan, porque, a ver si nos damos cuenta de una vez, vivimos en una ciudad donde hay muchísima gente que necesita nuestra ayuda. No todo es la cañita y la risa de las terrazas.

Este PP se alimenta de lo público, así son los neocon. Parásitos que se enriquecen a costa de la comunidad. Es la hora de reflexionar a quién están votando y por qué lo están votando. Algo sencillo de hacer, pero muy difícil de asumir.

No podemos aceptar que nos engañen tan fácilmente, salvo que uno decida vivir en el engaño por comodidad, egoísmo o falta de empatía. Algo que, en el ámbito político, representa el sacrificio del futuro colectivo, pues, lamento alumbrar el sol con una linterna, nos necesitamos unos a otros. La traición de unos pocos (o de unos muchos) a la razón y a la solidaridad nos conducen al abismo. No somos pasajeros de una comunidad, somos tripulación. Esa es la grandeza de la democracia, que no existen camisas blancas sin manchas, todos participamos de la mejora de nuestro entorno y todos somos, en parte, responsables de su deterioro.

El Ayuntamiento de Madrid, gobernado por un PP devoto de las estrategias de la posverdad trumpista, solo busca llenar titulares que, a su vez, llenen la cabeza de los ciudadanos, tratando de anular cualquier esbozo crítico sobre una gestión que está resultando ser una estafa. El maniqueísmo de tildar a los que no son como ellos de “rojerío”, “progres”, “sociatas”, “comunistas” y otras perlas de frivolidad impide que los que les votan se percaten del arte trilero de aquellos en quienes confiaron. Me niego a pensar que a ni uno solo de los votantes del PP le importe un bledo el que nos hayan robado seis millones de euros, por ejemplo, en unos momentos dramáticos con miles de muertos. No concibo que alguien de buena voluntad apruebe el oportunismo de las hienas. Si así fuera, apaga y vámonos.

El alcalde anuncia unos presupuestos, los anuncia a bombo y platillo y nos pide colaboración. Unos presupuestos llenos de inversión, repletos de apuesta social, etc. Esto es lo que les llega a través de las intervenciones públicas de Almeida y compañía, pero es que no es cierto. El acalde no ha presentado nada, no ha ejecutado más de la mitad de los Acuerdos de la Villa. Es algo así como “vamos a tocar la guitarra a dos manos cuando todavía faltan por poner tres cuerdas”. Unos presupuestos tienen que ser conocidos para poder ser valorados de verdad. Cualquiera es capaz de presentar un proyecto económico angelical, sin ningún documento sobre la mesa.

De lo que se trata es de utilizar el dinero público con eficiencia y voluntad solidaria para favorecer la vida de los ciudadanos. 300 millones para ayudar a todas aquellas personas que no podrán hacer frente al pago de sus alquileres este invierno, por poner una medida concreta en la mesa. Es aquí, en las medidas concretas, donde este PP bate las plusmarcas del descaro, porque, incluso comprometiéndose a cumplirlas en los Acuerdos de la Villa, se atreven a presentar unos presupuestos en los que no verás pintada ninguna partida presupuestaria para ello. Condenan al abandono a miles de personas que lo necesitan, porque, a ver si nos damos cuenta de una vez, vivimos en una ciudad donde hay muchísima gente que necesita nuestra ayuda. No todo es la cañita y la risa de las terrazas.

Este PP se alimenta de lo público, así son los neocon. Parásitos que se enriquecen a costa de la comunidad. Es la hora de reflexionar a quién están votando y por qué lo están votando. Algo sencillo de hacer, pero muy difícil de asumir.

No podemos aceptar que nos engañen tan fácilmente, salvo que uno decida vivir en el engaño por comodidad, egoísmo o falta de empatía. Algo que, en el ámbito político, representa el sacrificio del futuro colectivo, pues, lamento alumbrar el sol con una linterna, nos necesitamos unos a otros. La traición de unos pocos (o de unos muchos) a la razón y a la solidaridad nos conducen al abismo. No somos pasajeros de una comunidad, somos tripulación. Esa es la grandeza de la democracia, que no existen camisas blancas sin manchas, todos participamos de la mejora de nuestro entorno y todos somos, en parte, responsables de su deterioro.

El Ayuntamiento de Madrid, gobernado por un PP devoto de las estrategias de la posverdad trumpista, solo busca llenar titulares que, a su vez, llenen la cabeza de los ciudadanos, tratando de anular cualquier esbozo crítico sobre una gestión que está resultando ser una estafa. El maniqueísmo de tildar a los que no son como ellos de “rojerío”, “progres”, “sociatas”, “comunistas” y otras perlas de frivolidad impide que los que les votan se percaten del arte trilero de aquellos en quienes confiaron. Me niego a pensar que a ni uno solo de los votantes del PP le importe un bledo el que nos hayan robado seis millones de euros, por ejemplo, en unos momentos dramáticos con miles de muertos. No concibo que alguien de buena voluntad apruebe el oportunismo de las hienas. Si así fuera, apaga y vámonos.