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¿Cuántos años tienes?

19 de agosto de 2026 21:39 h

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Voy a ponerme exquisita, porque una dama no habla ni de su edad ni de su cuenta corriente. Claro que si te lo preguntan a bocajarro y sin posibilidad de decir que no, so pena de bloqueo, entonces enseñas hasta tu partida de nacimiento -y no en el sentido figurado-. Y hasta aquí hemos llegado con el nuevo marco digital de la Unión Europea (UE), tanto el aprobado como el pendiente de aprobar. Recordemos que el Parlamento Europeo ha rechazado en varias ocasiones la propuesta de la Comisión Europea sobre el control total online de las comunicaciones privadas bajo la loable intención de prevenir el abuso sexual de menores.

En concreto, el pleno de abril insistió en que “las medidas voluntarias de control deben seguir siendo proporcionadas y específicas, y que no deben aplicarse a las comunicaciones cifradas de extremo a extremo”. Y que “no debe permitirse el escaneo de los datos de tráfico junto con los datos de contenido”, excepto cuando ya haya sido identificado o señalado como sospechoso un usuario. Porque lo contrario sería que todas nuestras comunicaciones privadas de voz, escritas, fotos y vídeos estarían expuestas al control de las plataformas digitales bajo supervisión -espero- estatal -“1984”-.

Y, ante la imposibilidad de aprobar el nuevo Reglamento para la protección de los menores online -Chat Control 2.0-, cuya primera versión se ha prorrogado -Chat Control 1.0-, la UE anunció una “app” que obligará a los usuarios a identificarse probando la edad con la verificación de sus documentos oficiales de identidad. Pese a que está dirigido a los menores, cualquier adulto que pretenda acceder a sus redes o canales de mensajería también tendrá que identificarse. Por supuesto, nos preguntarán: ¿Cuántos años tienes?. Es decir, que si queremos acceder a alguna red social o aplicación determinada, debemos identificarnos.

En principio, lo que puede ser voluntario y parcial, puede llegar a ser obligatorio y total. Estamos en camino y algunos Estados miembros ya lo están aprobando ante la imposibilidad de un consenso en Bruselas. De momento están en ese proceso Dinamarca, Francia, Alemania, Grecia, Eslovenia y España.

Pero la siguiente propuesta de la Unión es la más interesante: la EUID Wallet (European Digital Identity Wallet). Es una aplicación móvil oficial de la UE que permitirá a ciudadanos y empresas almacenar de forma segura documentos digitales (DNI, carné de conducir, títulos académicos) y firmar contratos electrónicos. Será interoperable en todos los Estados miembros para finales de 2026, facilitando la identificación y el acceso a servicios públicos y privados. Sus parámetros son: identificación universal, almacenamiento seguro, privacidad y firma electrónica. Esta es la información que nos proporciona la web de la Comisión. Y suena muy bien.

Veamos la trastienda. En 2027, será obligatorio aceptar este método de identificación para grandes empresas de sectores como banca, transporte y energía. Es decir, para todos los ciudadanos, ya que todos somos usuarios de la banca. Por tanto, está previsto que la EUDI Wallet y el euro digital estén estrechamente vinculados, ya que será una de las interfaces principales para gestionar y utilizar el euro digital una vez que este sea emitido por el Banco Central Europeo. Se espera su puesta en marcha en unas semanas, en septiembre, pero de forma voluntaria. Como en Rusia y en China, el principal objetivo es la eliminación del efectivo. Bueno, pues ya estamos hablando de la cuenta bancaria…

El peligro es que se convierta, con su obligatoriedad necesaria o futura, en un interruptor digital que lleve al control social del ciudadano. Ya existe en China, donde se realizó un experimento piloto en 2019 y, posteriormente, se implementó de forma global durante la pandemia. Bruselas insiste en que no identificará a las personas por sus pagos y la verificación de la edad no revelará la identidad, a diferencia del Yuan digital. La principal crítica es que la identidad digital y el dinero electrónico crean la infraestructura técnica necesaria para un sistema de crédito social, Y, si has sido un mal ciudadano chino, se te bloquea la entrada al cine o comprar el billete del tren. Ser mal ciudadano en China puede resumirse en haber criticado a tu alcalde online o comprar vino en lugar de agua.

El debate está abierto. Cualquier infraestructura digital es inherentemente trazable y susceptible de transformar el derecho a la privacidad en un permiso concedido por el Estado. Y existe el temor de que el dinero pueda ser “programado”, por ejemplo, con fecha de caducidad o restricciones de uso en ciertos productos -el crédito social-. También ese temor se extiende a Rusia con la aplicación móvil llamada Max. Se trata de una super-app que pretende sustituir cualquier canal de mensajería o redes sociales como WhatsApp, que ya está bloqueado en Rusia en 2026. Por ahora, ofrece servicios gubernamentales, pagos y banca. Su característica principal es la trazabilidad total, con la eliminación del cifrado de extremo a extremo -que es la propuesta de la Comisión Europea para Chat Control 2.0-, el acceso directo de los servicios de inteligencia rusos, la geolocalización y el historial de navegación ligado a la identidad del ciudadano -Big Brother-.

La similitud de nuestra legislación digital presente y futura con la app Max rusa y con el Yuan digital chino radica en la capacidad tecnológica de monitorización que estas herramientas habilitan “per se”. La combinación de identidad y dinero digital permite implementar “bloqueos” instantáneos. Ese es el peligro: ya se ha establecido la posibilidad técnica. Ya estamos atrapados. El cómo lo utilicen dependerá de las leyes y las posiciones ideológicas de cada Estado, más o menos, democrático. Ello nos lleva a pensar en que se trata de un fenómeno global donde las Big Tech nos transportarán de forma inexcusable hasta el próximo Black Mirror…