La portada de mañana
Acceder
España mantiene la alerta en Ceuta y estrecha la coordinación con Marruecos
Abdul El-Sayed demuestra que el gran lobby proisraelí de EEUU ya no es intocable
Opinión - 'Ayuso o la embriaguez de la impunidad', por Lucía Taboada

O das un bulo o te lo dan

6 de agosto de 2026 21:18 h

0

Cuantos más días pasan de la crisis de Ceuta, más fantasmal se vuelve todo. Sabemos que los desdichados que cruzaron suman alguna cifra entre 50.000 y 70.000, una horquilla de nada. Hay fantasmas en la asunción de responsabilidad, se diluye en todas las capas de la crisis: la geopolítica, la migratoria, el conflicto territorial, el final de una época. Hay elecciones a la vista (en EEUU, pero también en Italia y Dinamarca, además de en España), y esto hace perder la calma a mucha gente. No perdamos de vista que atravesamos el fin de una época, y también el derecho internacional es poco más que un espíritu a la fuga.

Nadie explica cómo una horda espectral de 50.000 o 70.000 desdichados aparecen y desaparecen en 48 horas. Como éxodo migratorio, es de las cosas más raras que hemos visto. Se parece más a la Magia Borrás: ahora está, ahora no está. Seguimos sin entender, una semana después, que miles pongan en riesgo su vida y al día siguiente se vuelvan, quizá no libremente, pero sí voluntariamente. Como ataque híbrido también es relámpago: el Gobierno corrió a subrayar cuánto ha contribuido Marruecos a recolocar a cada uno en su sitio. Es raro elogiar a quien te ataca, por muy híbrido que sea.

Lo más tangible está en la morgue improvisada en un galpón y los 77 muertos (una cifra que tampoco es estable, alguno más habrá en el fondo). Sus sepulturas quedan como testimonio de lo real. Será muy necesario cuando dentro de unos meses nos preguntemos: ¿esto realmente pasó? ¿no sería una ensoñación de la IA? ¿quién sabe, si no sabemos ya nada?

Gómez de la Serna decía que en Madrid a las ocho de la tarde, o das una conferencia o te la dan. En nuestro mundo gaseoso y digital, cuando hay un conato de crisis, o das un bulo o te lo dan.

Todo empezó porque a miles de marroquíes les dieron un bulo en las redes sociales: la afirmación falsa de que España abría sus puertas de par en par. En esas redes lo mismo se apunta uno a inversión en criptomonedas que a pasar la frontera a nado con un flotador fucsia: todo sea por cumplir nuestros sueños. Quienes tienen mala suerte, prueban, ignorando que lo que está por probar es la realidad. Para cuando se dan cuenta, están en el fondo del Mediterráneo. Ese es el drama.

Pero Gómez de la Serna es tendencia entre los gobernantes. Ven un conato de crisis y corren a dar un bulo. Distintos gobiernos europeos, con Giorgia Meloni y Mette Frederiksen a la cabeza, suspendieron Schengen dando a entender que la masa espectral -en vez de desaparecer con un soplido- llegaría a sus países. Hablaron de seres humanos como si fueran niebla que atraviesa los mares sin esfuerzo. Fue como cuando nos decían “que viene el coco” sin explicar si llegaba en taxi, llamaba al telefonillo o quién le iba a abrir la puerta. El artículo 41 del Código de Fronteras Schengen estipula que nadie puede salir de Ceuta sin controles administrativos adicionales. Lo sabían, pero si no difundían su bulo, lo iban a hacer otros.

El problema de aplicar Gómez de la Serna es que con el bulo que das te conviertes en caja de resonancia de lo peor. Ya puestos, es mejor que una tergiversación así la defiendan los outsiders, o la oposición, aunque sólo sea porque necesitamos seguir creyendo a los gobiernos, seguir pensando que manejan buena información.

Lo más anormal de esta crisis no ha sido su carácter fantasmal, sino la súbita y sólida coordinación de las narrativas de exclusión. Europa se ha hecho el harakiri en Ceuta, rompiendo la solidaridad y apostando por recuperar las fronteras en vez de la calma. No obstante, también parece un harakiri fantasmal: anteayer se reunieron los ministros del Interior y se felicitaron de lo unidos que están.

En fin, lo que va quedando de la UE también se parece cada vez más a una ensoñación. Marruecos e Israel se alegran. Y por supuesto Estados Unidos. Ah, sí, me olvidaba de Trump. Es un hombre que, con sus limitaciones, comprende muy bien una distinción epistémica esencial: la diferencia entre realidades físicas y realidades imaginadas. Un estrecho es una realidad física, una frontera es una realidad imaginada. El más hábil inventando realidades no falló esta vez. Como no puede esgrimir la cercanía de los 50.000 o 70.000 desdichados, aprovechó para instilar miedo en la mente de los norteamericanos, afirmando que si votan a los demócratas en las elecciones de medio mandato, pasará allí lo mismo que en Ceuta. Eso en lo que concierne a las fronteras. Sobre los estrechos, no dijo nada.

El de Ormuz lo da por perdido: ya no sabe si hablar con los iraníes o matarlos a bombazos, pero una fantasía nueva asoma. Quizá aún pueda dominar el de Gibraltar, sería tan fácil como que se lo quede su amigo Mohamed VI.

La ultraderecha mundial se fortalece con la realidad imaginada de las fronteras, y lleva la tensión geopolítica a los estrechos. No perdamos Ceuta de vista porque es frontera y estrecho. Además, estamos bastante solos: cuando el mundo más necesita clarividencia y serenidad, Europa se decanta por ver fantasmas y perder la calma. Podemos hacer lo mismo o intentar otra cosa.