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Opinión - 'Entre la dignidad y la sumisión', por Rosa M. Artal

La dignidad de Consuelo Ordóñez y la bajeza del PP

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Desde hace ya tiempo sigo con profundo respeto una de las batallas más dignas y obstinadas que se libran en España: la de Consuelo Ordóñez, hermana del concejal del Partido Popular asesinado por ETA Gregorio Ordóñez, contra quienes utilizan miserablemente a las víctimas del terrorismo como herramienta política para denigrar a los adversarios. Buena parte de su lucha la ha dirigido contra el partido en el que militó su hermano, y no por capricho: ninguna otra formación ha hecho un uso tan ruin de las víctimas como el PP.

Este viernes, el partido que preside Feijóo conmemoró el 31 aniversario del asesinato de Gregorio Ordóñez con un acto que la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, aprovechó para arremeter contra el presidente Sánchez, a quien acusó de haber “blanqueado” a la banda terrorista por contar con EH Bildu entre sus apoyos parlamentarios. “Si nace un nuevo Gregorio Ordóñez en el País Vasco que pueda ganar ampliamente en las urnas, ¿volvería a tener que vivir escoltado?”, preguntó maliciosamente Ayuso en su cuenta en X.

La inmensa mayoría, por no decir la práctica totalidad, de los numerosos comentarios al post fueron de indignación contra la mandataria madrileña. Pero ninguno, por supuesto, era comparable por su hondura emocional al que puso la propia Consuelo Ordóñez, que preside de la asociación de víctimas del terrorismo Covite. A la pregunta de Ayuso contestó un largo y dolido tuit que comenzaba así: “Pues igual sí [iría escoltado], pero por el odio que inoculáis vosotros, soy víctima del odio, sufrí el odio de la izquierda abertzale, ahora, además, y con mucha más crueldad el vuestro, el de la derecha abertzale”.

Consuelo Ordóñez sabe muy bien lo que dice cuando afirma que ha sido víctima del odio del PP (al que llama “derecha aberzale”, es decir, derecha nacionalista, en referencia a su nacionalismo español). El partido conservador, por el que su hermano se dejó la piel y la propia vida, ha decidido desde hace ya bastante tiempo menospreciar a la presidenta de Covite, ningunearla a ella y a su asociación, porque su discurso ecuánime que busca sacar el terrorismo de la confrontación política no sirve a los intereses de la organización. Peor aún, pone al descubierto su bajeza moral en uno de los temas que más sufrimiento ha causado en la historia reciente del país.

En el anterior aniversario del asesinato de Gregorio Ordoñez, el PP también organizó un homenaje en el que se sucedieron los ataques contra el presidente del Gobierno por cuenta del apoyo parlamentario de EH Bildu. Feijóo subió un post en su cuenta en el que elogiaba al malogrado concejal por decir “la verdad” sobre el País Vasco y lo contrataba con el momento presente “en que la mentira es la divisa habitual de esta política tóxica”, en alusión al presidente Sánchez. Consuelo Ordóñez reaccionó cargando contra el líder del PP, afirmando en la red X que “la mentira y la falta de respeto a las víctimas del terrorismo ha sido su constante”. La presidenta de Covite estaba especialmente exasperada en aquel momento por la utilización que había hecho el PP del lema “Que te vote Txapote” en la campaña electoral de 2023 y que seguía utilizando en su ofensiva contra el PSOE. Las reiteradas peticiones de Ordóñez para que el partido dejara de usar esa frase se estrellaron contra el regocijo de Génova de haber tenido una ocurrencia genial.

De Consuelo Ordóñez no se puede decir que sea comprensiva con la “normalización política” del mundo abertzale, pues a su juicio aún está en mora de hacer un acto genuino de arrepentimiento sobre el enorme daño causado por sus acciones. Pero, para ella, es igualmente, o quizá más, importante que los partidos con vocación de gobierno no utilicen con fines políticos ni aquella época de violencia ni sus coletazos emocionales que aún puedan sentirse.

ETA ya no existe. Se disolvió oficialmente en 2018, siete años después de haber anunciado el cese definitivo de su actividad terrorista. Pese a que el fin de la banda fue resultado de un hostigamiento implacable por parte de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado bajo gobiernos de distinto color político, el hecho de que su derrumbe definitivo se produjera durante el mandato del socialista Zapatero fue un trago muy difícil de digerir para la derecha, un golpe del que tal vez no se hayan recuperado. Cuando Aznar ensayó un proceso de paz con la banda y se refirió a ella con lo de “movimiento vasco de liberación”, quienes ansiábamos la paz lo aceptamos como un paso tal vez necesario para allanar el camino de la negociación. Y estoy convencido de que, si aquel proceso hubiera llegado a buen puerto, más de un militante conservador se preciaría hoy de que, gracias a Aznar, los que defendían la violencia para conseguir sus fines ahora los buscaban en el marco institucional: eso era, al menos, lo que pretendía el gobierno de aquellos momentos.

Es difícil saber si el PP dejará de utilizar alguna vez a las víctimas del terrorismo en la confrontación política. Si insiste en seguir por ese camino, ahí estarán personas como Consuelo Ordóñez para recordarles con su presencia los límites de la dignidad.