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Los madrileños y la inmigración empujan la población de Segovia, que tendrá un escaño más a partir del 15 de marzo

Imagen de archivo de lluvia en Segovia.

Alba Camazón

Valladolid —
9 de marzo de 2026 22:02 h

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Segovia tendrá un escaño más en el parlamento de Castilla y León a partir del 15 de marzo y recupera los 7 puestos en una cámara que contará con 82 procuradores, aún lejos de los 84 de 2015. Este incremento se debe a que Segovia ha ganado población, especialmente por la inmigración y los madrileños. En Castilla y León, cada provincia tiene asignado un número inicial de tres diputados autonómicos, que van aumentando en base a la población: un procurador más por cada 45.000 habitantes o fracción superior a 22.500. Segovia registró en 2025 158.251 habitantes, según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). Los geógrafos y profesores universitarios consultados por elDiario.es confirman lo que muchos segovianos perciben: no es que haya más nacimientos, sino que se debe a la inmigración y a los madrileños que deciden mudarse a Segovia, especialmente expulsados por el precio de la vivienda.

Uno de los ejemplos más evidentes de este crecimiento es El Espinar, un municipio de 9.472 habitantes hace cinco años, que ya supera los 10.400 habitantes. En solo cuatro años, ha ganado 938 habitantes por su conexión con Madrid a través de la autopista. De hecho, la tasa neta de migración interior de El Espinar es del 18%, muy por encima de la media autonómica (0,7%), según el último informe del Consejo Económico y Social (CES-CyL) que analiza la situación de la comunidad.

“El crecimiento natural, por nacimientos, sigue siendo negativo. El crecimiento es porque hay gente que viene de fuera de la provincia, bien del extranjero o de otras partes de España. Esta migración palía un poco la situación, pero es cierto que en Castilla y León ya hay muchísima población mayor que ya ni siquiera puede tener hijos”, expone la profesora titular de Geografía de la Universidad de Salamanca (USAL) María Isabel Martín. Esta geógrafa, especializada en el análisis regional, asegura que tiene la “sensación” de que esta migración viene del extranjero o de Madrid.

Un tren AVLO, en una imagen de archivo.

A mediados del siglo pasado, Castilla y León sufrió una fuerte despoblación en el medio rural, que ha ido oscilando a intervalos, con parones y reactivaciones de este movimiento, especialmente cuando las personas formadas no encuentran un trabajo “adecuado a sus expectativas personales”. Es entonces cuando se marchan a otras ciudades: Madrid, Barcelona, Bilbao... incluso al extranjero. “En los últimos 25 años, solo Burgos, Valladolid y Segovia han mantenido su población, y ha sido porque ha habido gente que ha venido de fuera de la provincia”, apunta Martín, que participa en el informe anual que elabora el CES.

“El caso de la provincia de Segovia en este sentido es paradigmático, porque la población que viene de otros lugares, sea española o sea extranjera, busca una buena conexión con Madrid o en otras ciudades”, explica José Prada, geógrafo y profesor en la Universidad de Valladolid. “Hay un desplazamiento de población desde zonas limítrofes, básicamente por accesibilidad. Se puede pensar claramente que hay un mecanismo de expulsión desde Madrid, que lo podrían vincular al crecimiento del coste de la vivienda, y después hay un vector de atracción hacia Segovia que está vinculado a la rápida comunicación entre ambas ciudades, gracias al AVE”, resume el coordinador del Grado de Geografía y Ordenación del Territorio de la Universidad de León, Alejandro López. De hecho, la edad media de Segovia es de 46,66 años, la más baja de Castilla y León, aunque sigue estando por encima de la media española (44,55 años).

Prada explica que, aunque se ha ganado población respecto a las últimas elecciones, si uno se retrotrae a datos de 2011, Segovia pierde población. “Es un crecimiento bastante modesto y muy desequilibrado. Hay 97 municipios que ganan población, pero otros 110 pierden. Y en realidad, el 98% del crecimiento se produce solo en 11 municipios, entre ellos Segovia, que concentra el 20% del incremento”, detalla el profesor de la Universidad de Valladolid. Además, otros ocho municipios pertenecen al área urbana de Segovia —puesto que la vivienda en parte de la capital también está tensionada—: La Lastrilla, Bernuy de Porreros, Palazuelos de Eresma, Cantimpalos, Hontanares de Eresma, Espirdo y Torrecaballeros.

¿La otra clave? La conexión con Madrid: “La proximidad a Madrid es esencial, pero hay que sumar que también hay una mayor oferta en la Alta Velocidad y la política de abonos. El aumento del teletrabajo también es importante, porque no es lo mismo ir todos los días a Madrid que un par de días por semana. Todo eso puede haber incentivado la salida de Madrid”, expone José Prada. En Segovia también hay municipios que ganan población —esencialmente extranjera en este caso— atraídos por empresas agrícolas, como Fuente el Olmo de Fuentidueña (casi 400 habitantes). El 11,6% de la población que vive en Segovia es extranjera, tres décimas por encima de la media española.

López recuerda que hubo una migración coyuntural tras el confinamiento de 2020 —durante la pandemia de COVID-19 y la introducción del teletrabajo—, que resultó “transitoria”, especialmente de personas que se desplazaron a segundas residencias e incluso se empadronaron allí. “Ahora es una situación estructural. Tiene que ver con el precio inmobiliario y que, por la situación actual del parque de viviendas, la falta de adecuación de un ajuste geográfico entre stock de viviendas vacías, de la antigua burbuja y la demanda que hay, pues eso va para largo”, argumenta el profesor de la Universidad de León.

Las dificultades para crecer en población

Castilla y León ocupa el 18,62% del territorio español —con una extensión similar a la de Portugal—, pero solo el 4,9% de la población del país reside en esta comunidad autónoma. A pesar del crecimiento de los últimos años, Castilla y León ha perdido mucha población desde 2011, lo que ha derivado en un envejecimiento de la población muy acentuado. Prada recuerda que, tradicionalmente, la comunidad ha tenido un “poblamiento muy débil”, con municipios muy pequeños, y ya en el siglo XX sufrió un éxodo rural muy intenso: un tercio de los municipios no llegan ni a los 100 habitantes. “Castilla y León tiene una herencia muy pesada, con años de éxodo rural y el efecto aspirador de Madrid... todo eso tiene una serie de consecuencias”, señala el profesor de la Universidad de León, que cree que si Castilla y León no pierde más población es por la inmigración. Zamora, el caso más drástico, tiene una edad media de 51,91 años, la más alta de toda España.

Vista del cartel de entrada a Arenillas (Soria),  que ofrece vivienda gratis, empleo de albañil y la regencia del bar del pueblo a la familia que decida ir a vivir allí.

“Si no tenemos presente la población extranjera y nos ceñimos solo la población, entre comillas, autóctona, veríamos que la población está muy envejecida, la mortalidad está persistentemente por encima de la natalidad y encima, de manera añadida, los flujos migratorios de población joven”, reflexiona López, que valora un cambio reciente: “Otra cosa es que en estos años la situación inmobiliaria dé el resultado a esta reversión. Pero sigue siendo población que está muy vinculada a Madrid, porque la oferta de trabajo para población formada en gran medida sigue, no exclusivamente, por supuesto, pero en gran medida sigue ofreciendo las grandes ciudades”.

Las iniciativas que funcionan

Con este panorama, el reto para ganar población es importante. Por eso son frecuentes iniciativas autonómicas y municipales por conseguir hacer más atractivo el territorio. El profesor de la Universidad de Valladolid asegura que no existen “recetas universales”. “Lo que se hace en un sitio no tiene por qué funcionar en otro”, zanja. Además, reconoce que en España desde hace mucho tiempo la población no crece de forma natural. “Si el objetivo es incrementar la población de un municipio, hay que pensar que es necesario atraer población alóctona, sea española o extranjera. No solamente estamos hablando de migrantes. No solamente de migrantes extranjeros, sino de otras partes del país”, apostilla.

López ve positivas iniciativas municipales como ofrecer alquileres muy baratos o subastar los bares de los pueblos, pero recuerda que también hay que trabajar. “No digo que no funcionen, pero veo que es algo a corto plazo. Necesitan un complemento, crear oportunidades laborales. Yo qué sé, incluso, no sé, un pulso a la agricultura”, explica el coordinador del Grado de Geografía de la ULe. María Isabel Martín también coincide con su análisis y cree que ese tipo de estrategias suele tener un efecto “transitorio”, puesto que al final la gente “solo va donde hay empleo”, aquellos puntos donde hay un regadío intensivo, una agroindustria o una actividad industrial fuerte“.

López cree que es “complicado” establecer un modelo territorial “en el que todos ganen”. “Habrá que empezar a pensar en impulsar el crecimiento de algunos polos, zonas urbanas, que atraigan al resto, pero aun así esos es bastante complicado”, apunta. Prada establece tres condiciones: una vivienda en condiciones de habitabilidad y a un precio razonable —algo escaso a veces en los pueblos—, posibilidades de empleo y servicios. “Y hay muchas comarcas que no cumplen eso”, explica.

El profesor de la Universidad de Valladolid lamenta que no ve “un interés real por intervenir de forma eficaz”, puesto que las políticas deben hacerse “a medio plazo”, pero los ciclos políticos ahora mismo son cortoplacistas. “Ahora en periodo electoral vamos a ver promesas de todo tipo y de todo color. Pero después se olvidan, se ponen en un cajón”, protesta. Prada recuerda los pactos por la despoblación —Soria Ya registró una Proposición de Ley en esta materia, pero el parlamento no ha llegado ni a tramitarla—, que han quedado al final “en nada” porque “la despoblación es una política que no da réditos electorales”.

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