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Opinión - 'Entre la dignidad y la sumisión', por Rosa M. Artal

Entre la dignidad y la sumisión

23 de enero de 2026 23:30 h

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Sería cuestión de rebobinar, retroceder en el tiempo, y preguntarse qué ha ocurrido en el mundo para que un psicópata, envanecido y rencoroso, Donald Trump, se plante ante una audiencia internacional a presentar su eufemísticamente llamada Junta de Paz con la que quiere sustituir a la ONU. Él va a ser el presidente y va a designar a su sucesor. Sin disimulo alguno, el yerno de Trump, Jared Kushner, dio a conocer el “plan maestro” para Gaza que viene a ser un gran negocio inmobiliario con el que redondear los grandes beneficios particulares que han obtenido Trump y familia durante su mandato -aquí lo detallaba un informe de CNN- y dar participación a otros amigos. Construirán, dice, 180 rascacielos, industrias, resorts de lujo, sobre restos de las víctimas del genocidio que el amigo Netanyahu ha practicado a los palestinos.

 Junta de Paz, presentada en el “marco incomparable” de Davos en Suiza para mayor pompa, adonde no pudo acudir el mandatario israelí temiendo ser detenido y juzgado por crímenes de guerra como pide una orden internacional. Invitó también a Vladímir Putin, otro adalid de la paz quien, más prudente, parece que no ha contestado. Sí presentó Trump el pobre quórum con el que cuenta y que han de pagar para estar en su club. Son 25 países por ahora. Entre ellos, Albania, Argentina, Hungría, Marruecos, Jordania, Egipto, Kosovo, Arabia Saudí, Turquía, Egipto, Indonesia, Pakistán, Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Bielorrusia, Paraguay, Armenia y Azerbaiyán. En la mayoría de ellos ni se celebran elecciones democráticas. El Club de las dictaduras lo ha bautizado Iñigo Sáenz de Ugarte. Y a 11 de esos países Estados Unidos les tiene prohibido emitir visas de inmigrante y aun así bajan la cerviz ante él. Trump dice que es “el Consejo de Líderes más prestigioso jamás reunido”.

En Europa han declinado la oferta explícitamente, Francia, Suecia, Noruega y España. Trump ha roto con la UE, sus sicarios políticos en altos cargos de su Administración han venido a nuestro continente a insultarnos en directo, pero no todos reaccionan. La presidenta del BCE, Christine Lagarde, se levantó de una cena… el resto se quedó. De todo esto se beneficia China. Tampoco es, en absoluto, un ejemplo de respeto a los Derechos Humanos, aunque está siendo más hábil en sus políticas de cooperación sin enfrentamientos.

Las intervenciones de Trump en Davos, Foro Económico Mundial, fueron igual de delirantes, a menudo marcadamente confusas. Una personalidad tóxica y carente de escrúpulos se ve incrementada ahora por lo que se dice con insistencia ya: está sufriendo un notable retroceso cognitivo. El tipo está todos los días hablando ante un micrófono -morrito puntiagudo en ristre- y cada vez divaga más. Y desprecia más y amenaza más. En líneas generales, Trump y sus muchachos han hecho bastante el ridículo y han perdido ese partido contra Europa -dicen observadores estadounidenses-, aunque la competición no ha terminado.

Trump está destruyendo las relaciones internacionales. En su país ataca desde la ciencia a la justicia y desde luego a las libertades. Y solo ahora empiezan a surgir voces en contra. Verbales. Se le califica de gánster y capo que una mafia gansteril que compone su gobierno. Más imaginativos, en otros sectores se le compara con SPECTRA, la siniestra organización terrorista que controla el mundo en las películas de James Bond y que dirige el villano Ernst Stavro Blofeld, mediante extorsiones y atentados varios. Esta metáfora al menos podría servir a sus seguidores más infantilizados para entender la amenaza que alientan, pero a muchos de ellos es eso lo que les encanta del personaje. Un presidente que actúe de matón cambiando todas las reglas… a favor de América. Y no es de América siquiera sino de unos cuantos bolsillos comenzando por los suyos.

Frente a la tibieza o el vasallaje sin paliativos ha surgido un líder sensato y valiente -dos características esenciales en un momento así-. Mark Carney, primer ministro de Canadá. Por su cercanía geográfica y su menor peso mundial, está más expuesto a las iras de Trump pero no se ha acobardado. Carney pronunció en Davos un discurso memorable, solicitando el divorcio de la Pax Americana. Invitó a “potencias medias”, a europeas con claridad, a unirse en esa resistencia al abuso del estadounidense, a actuar contra sus chantajes. Inmediatamente, por cierto, Trump le ha retirado la invitación a su club “de paz”, en una patética misiva que él mismo ha dado a conocer. Y es que el discurso de Carney en Davos contenía una hoja de ruta sólida como evidencian algunas de sus ideas:

Estamos en medio de una ruptura, no de una transición. Las grandes potencias han comenzado a utilizar la integración económica como arma, los aranceles como palanca, la infraestructura financiera como coerción y las cadenas de suministro como vulnerabilidades que explotar. No se puede vivir dentro de la mentira del beneficio mutuo a través de la integración, cuando la integración se convierte en la fuente de su subordinación (…)

Las potencias medias tienen el poder de construir un nuevo orden que integre nuestros valores, como el respeto de los derechos humanos, el desarrollo sostenible, la solidaridad, la soberanía y la integridad territorial de los Estados. El poder de los menos poderosos comienza con la honestidad. Las potencias medias deben actuar juntas, porque si no estamos en la mesa, estamos en el menú“.

Carney es primer ministro de Canadá desde marzo de 2025. Antes de entrar en política y liderar el Partido Liberal en sustitución de Trudeau, desarrolló una carrera de éxito como economista. En Goldman Sachs (13 años), como gobernador del Banco de Canadá, después, y del Banco de Inglaterra. Un personaje que viene a demostrar que no todas las derechas son cerriles y antidemocráticas como las españolas, si exceptuamos al PNV.

La derecha trumpista española y sus portavoces mediáticos aún van de ida en el vasallaje a Trump. También ellos se plantan todos los días durante horas a insultar la inteligencia desde atriles con micrófono. A lanzar sus bulos e incoherencias, con la desvergüenza de quien acusa de lo que perpetra y presume de lo que carece. En avalancha contra el gobierno en la ilusión de volver a darnos ejemplos de las catastróficas gestiones que jalonan su trayectoria.

Mucho ha cambiado el mundo y mucho queda por cambiar. No sabemos en qué dirección. Es demasiado ilógico que el sátrapa estadounidense prosiga sus destrozos sin que le pase factura. La agencia inmobiliaria para familia y amigos sobre los huesos de los masacrados en Gaza es demasiado sumar a la barbarie. Aunque podría seguir su loca carrera. Ahora bien, el derrumbe de esa torre de corrupción que representa Trump -si se produce y no es imposible- arrastraría a sus homólogos en buena parte del mundo. Del mismo modo que su reelección los alentó.

 “Estados Unidos recuerda a la Atenas clásica cuando se sintió invulnerable y amenazó a sus propios aliados” explica el historiador sueco Johan Norber en otra interesante analogía de resultados constatables. Y que analiza en su libro “Momentos cumbre de la humanidad” (Deusto, 2026) que acaba de publicar.  Mantiene el autor que las Edades de oro, los Imperios,  “nunca mueren por causas naturales, sino que se suicidan”. Que “nos autodestruimos cuando el miedo sustituye a la razón”.

El miedo parece ser antagónico con la dignidad, pero no es el miedo, o no solo el miedo, lo que induce la sumisión a los tiranos.