Política inversa
Nos oponemos a lo que queremos, para que se haga realidad lo que deseamos. De hecho, nos preocupa que nos den la razón porque perdemos argumentos. Sentimos la consistencia gracias a la confrontación, y no a la razón. Rendirse es humillante para el agresor, y atacar resulta decepcionante si no hay resistencia. Los retos absurdos tratan de convertir el sentido común en un cubata, para que triunfe la estupidez. Los duelos decimonónicos del pasado se trasladan en la actualidad a las redes sociales, para que sus autores demuestren al mundo su idiotez. En cambio, convertir las obligaciones en desafíos suele ser una estrategia de éxito para mejorar el rendimiento. La atracción de lo prohibido nace de un pecado absurdo, pero es una realidad divinamente humana. Debemos agradecer a las doctrinas religiosas el interés por tantas cosas buenas que nos quieren censurar. Si alguien nos impone la definición de lo que es bueno o malo, nos está haciendo señales luminosas para indicarnos que el placer y el dolor están justo en la dirección opuesta.
La literatura nos ha dado muestras de esta atracción fatal, con un perfil más romántico que la violenta expulsión de Adán y Eva que relata el cuentacuentos de la biblia. Romeo y Julieta se gustaban. Pero fue la férrea oposición de sus familias a esa relación, lo que convirtió un vulgar idilio en un frenesí de pasión. La psicología ha estudiado este fenómeno que llamamos psicología inversa. Es decir, impulsamos a una persona a realizar lo contrario para que termine haciendo lo que de verdad nos interesa. En concreto, conseguimos la motivación a base de prohibición. Un hecho que hemos comprobado experimentalmente en diferentes sujetos y edades. En 1976 los psicólogos Pennebaker y Sanders colocaron dos carteles en los baños de la Universidad en que trabajaban. Uno de ellos decía: “no escriba en estas paredes en ninguna circunstancia”. El otro: “por favor, no escriba en estas paredes”. Efectivamente, el número de grafitis detectados fue muy superior en el aseo con el mensaje que los prohibía de forma más contundente. Lo mismo se ha observado en niños en edades tempranas. Mis colegas Wilson y Lasiter trabajaron en 1982 con dos grupos de niños. Un equipo podía jugar con todos los juguetes, mientras que el segundo podía hacerlo con todos, menos con uno. Al final, este último colectivo censurado jugó hasta tres veces más con el juguete prohibido. No hay más preguntas señorías.
Hablamos más de un fenómeno que de una forma de aprendizaje o de terapia. No debemos aplicar esta conclusión como un método generalizable de afrontar problemas del comportamiento. La psicología inversa es útil en situaciones muy particulares ya que es evidente el grado de manipulación que implica esta técnica. Y los principios éticos forman parte de nuestra intervención profesional. Lo que sí podemos hacer es combinar estos principios para adaptarlos a la mejora del paciente. Es lo que llamamos “intención paradójica” y tiene buenos resultados en algunos problemas del comportamiento. Por ejemplo si una persona manifiesta dificultades para conciliar el sueño le pediremos que se esfuerce por no dormir. O que intente pensar en aquello que le molesta de forma premeditada. Evitamos así la angustia del temido asalto de pensamientos negativos, ya que el sujeto tiene la libertad de activarlos conscientemente todas las veces que quiera. Una vez despejada la frustración por la falta de control, podemos activar el proceso de curación. Psicología inversa con herramientas paradójicas.
La actualidad viene llena de reacciones inversas. En realidad, todo el contexto lo es. Trump amenaza a España con su política inversa de aranceles, cancelaciones y prohibición del comercio, porque no tolera la rebeldía de nuestro gobierno. Lo único que consigue es fortalecer a Pedro Sánchez en nuestro país, en Europa y en el resto del mundo. De hecho ha conseguido que los demás colegas de la Unión Europea, aunque sean de signo conservador, se tienten la ropa antes de ejercer de lacayos del presidente norteamericano. El PP se queda sólo en su política inversa, apoyando la guerra, con su amigo Abascal. Mientras, el Secretario General de sus juventudes, las Nuevas Generaciones, dimite y pide el voto para Vox. Feijóo, con las elecciones de Castilla y León en la puerta, ha elegido una mala semana para dejar su adicción a los fracasos. Su cuenta de resultados electorales va a la inversa, y cuesta abajo, desde que decidió convocar elecciones en Extremadura y Aragón.
Esta semana la Aljafería vive la primera ronda de entrevistas con la presidenta del parlamento, para dar forma a una investidura que se está volviendo un bumerán contra los populares. La política inversa de Azcón ha paralizado Aragón desde noviembre de 2025, cuando le dijeron en Génova que debía disolver las Cortes y convocar elecciones. La excusa era que no podía gobernar con unos presupuestos que nunca presentó para su tramitación. La realidad es que, de tanto alimentar a la ultraderecha con la que decía no podía pactar, y a la que ahora le suplica tras hacerse de rogar, ha convertido su Aragón imparable en inviable. La política inversa de Aragón Existe exhibe supuesta transversalidad para no aliarse con una mayoría alternativa en la votación de la presidencia de las Cortes. Pero en realidad han sido los de Guitarte los que, con su voto, podrán permitir que Vox presida de nuevo el parlamento al apoyar con su abstención que el PP retuviera esa pieza, para que pueda intercambiarla con los ultras cuando Azcón y Feijóo alcancen un acuerdo con Abascal. Algo que hubiera sido imposible si hubieran respaldado al candidato progresista. De política transversal a política inversa, para terminar en política infesta.
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