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La fórmula Mamdani

24 de septiembre de 2026 22:29 h

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El encuentro esta semana de Zohran Mamdani y Donald Trump fue de nuevo entre extraño e hipnotizador. La habilidad de flautista de Hamelín del alcalde de Nueva York para gestionar el ego y la ira del presidente de Estados Unidos es digna de estudio. Pero había algo importante más allá del espectáculo. Mientras sorteaba las preguntas sobre los ataques a la prensa y su relación con Trump, Mamdani tenía un foco claro, que repetía sin parar: Sunnyside Yard. 

Sunnyside Yard, en Queens, en Nueva York, es el patio ferroviario más concurrido de Estados Unidos y también el nombre de un sueño urbanístico que puede definir el próximo capítulo de la ciudad. El proyecto complejo y costoso, que requiere enterrar las vías, necesita la autorización y la ayuda del Gobierno federal. Mamdani asegura que puede haber más de 12.000 viviendas asequibles en un nuevo barrio con parques, escuelas y clínicas. Necesita permisos y dinero del Gobierno para un plan de 21.000 millones de dólares que ha despertado entusiasmo y escepticismo en el distrito.

Vaya como vaya este proyecto, desde que llegó al ayuntamiento en enero Mamdani tiene el foco claro: la vivienda. Y, para ello, una de sus apuestas es construir más, no solo poner más impuestos a los propietarios más ricos -que también- o proteger a los inquilinos más vulnerables -que sin duda-. De hecho, algunas de sus iniciativas clave están dirigidas a la construcción, sea utilizando terrenos públicos, sea financiando a promotores inmobiliarios que construyen viviendas asequibles o sea recortando burocracia. 

El héroe de la izquierda en Estados Unidos y en Europa no ha gastado su tiempo en insultar a rivales políticos –y tiene muchos– ni a los fondos buitre, sino en actúar más allá de las palabras, hasta dónde puede y sin dejarse atar por las etiquetas. Su foco es construir, también con empresas privadas, y hacer pagar más impuestos a quien más puede y sobre todo a quien más daño ocasiona a los vecinos, incluidos los fondos que quieran hacer negocio a toda costa con la vivienda. 

Mamdani, como casi cualquiera en política pública que se arremanga, sabe que no es ni fácil ni inmediato resolver el problema de la vivienda en una gran y deseada ciudad. Y a la vez que hay que ponerse a ello, con paciencia y proyectos que tal vez den fruto cuando otros estén en el poder. Todavía es difícil saber si conseguirá aliviar, cuándo y cuánto el agujero en la vida de la gran ciudad, pero la prioridad está clara. No valen excusas sobre la falta de competencias o lo malo que es el de enfrente (y mira que tiene argumentos).

Le gusta hablar del arreglo de 229.000 baches en el último año, un 27% más que en el mismo periodo del año anterior. “La política de los baches va a devolverle a los neoyorquinos la confianza en su Gobierno”, decía una portavoz hace unos días. “Si no podemos arreglar las cosas pequeñas, ¿cómo van los neoyorquinos a confiar en nosotros para arreglar las grandes?”.

Las grandes requieren más tiempo, pero Mamdani también ha acelerado el número de viviendas asequibles y ha ofrecido más plazas para personas que vivían en la calle. 

El insulto y la simplificación en los que viven instalados políticos de todo pelaje en España pueden servir para movilizar a los más fieles, incluso para ganar elecciones. Pero no resolverán los problemas más graves, que se hacen bola y estallan de la manera más inesperada y a menudo a favor del autoritarismo. Eso es lo que ha entendido y pone en práctica Mamdani. 

Las sonrisas, la cercanía y el saber estar del alcalde socialista ayudan a que amigos y enemigos bailen a su son. Pero lo que determinará su éxito o su fracaso son las acciones concretas, sobre todo para lo que más afecta a la vida diaria e inmediata de las personas. Por eso no para. Por eso hace lo que haga falta con una concentración impecable en el objetivo. Los imitadores pueden tomar nota.