La “hostia terrible” de Ayuso
Leo esta mañana que, en el primer tercio de este año de gracia de 2026, el Gobierno de Ayuso informó a una inmobiliaria de lujo de que estaba buscando un piso de entre 250 y 400 metros de superficie que contara, además, con “una gran terraza”. Semanas después, la búsqueda culminaría con la compra por más de 6 millones de euros del aticazo de la chamberilera calle de General Martínez Campos. Se preguntarán ustedes para qué necesita una oficina “una gran terraza” cuando un balconcito ya sirve para que fumen los trabajadores que aún lo hacen.
Pues bien, lamento tener que decirles que esa pregunta revela una gran ignorancia sobre la naturaleza excepcional de Isabel Díaz Ayuso (IDA), presidenta de la Comunidad de Madrid. Como ya conté aquí mismo, ella oye voces, unas voces que ni ustedes ni yo, seres manifiestamente inferiores, somos capaces de percibir. Voces que le cuentan que ETA está más viva que nunca, que los progresistas somos unos furibundos comunistas deseosos de expropiarles los pisos a la gente de bien para entregárselos a musulmanes y negros, que la sanidad pública fomenta la vagancia y la picaresca, que la Virgen de Almudena desea que el dinero de los impuestos que pagan los madrileños se destina a la tauromaquia y el automovilismo y no a nimiedades como la prevención de los incendios forestales.
Ahora se entiende mejor, ¿verdad? Doña Isabel necesita altura y amplitud para escuchar esas voces que solo a ella le susurran verdades metafísicas, incluida, supongo, la que le llega por el pinganillo conectado a MAR. De ahí que la presidenta necesite vivir en un piso con una terraza abierta a la bóveda celestial.
En la serie televisiva La que se avecina, el pescadero Antonio Recio, tan bien interpretado por Jordi Sánchez, suele exclamar “¡Hostia terrible!” cada vez que sufre un golpe o una caída. Me parece que, si Ayuso no estuviera tan pagada de sí misma y tan rodeada de pelotas de tres al cuarto, debería reconocer alto y claro que se ha dado una hostia terrible con la adquisición por parte de la Comunidad de Madrid del aticazo de Chamberí. No hay modo alguno de explicar por qué se han gastado más de 6 millones de euros de dinero público en la compra de un piso con terraza que no puede albergar oficinas sin violar la legislación vigente. Hasta el mismísimo Feijóo encuentra inexplicable esta movida.
No sé si estamos ante el principio del fin de Ayuso o tan solo ante un nuevo tropiezo en una carrera política repleta de despropósitos. De los electores madrileños no espero gran cosa, para qué decir lo contrario. Para empezar, no se enteran de la misa la mitad gracias a un aparato de propaganda que es lo más parecido al ideal de Goebbels con apariencia de democracia. Y, además, no pocos de ellos comparten el sueño aspiracional de Ayuso: también quieren comprarse pisazos con terraza, conducir coches de alta gama, tumbarse al sol en Miami y la Riviera Maya, hacerse ricos merced al emprendimiento, esto es, los pelotazos fulminantes en las fronteras de la legalidad. Y, carajo, que paguen impuestos los desgraciados que tienen nómina o pensión controlada por la Agencia Tributaria.
A buena parte de la mucha peña que le vota no le disgusta ni el propósito de Ayuso ni sus maneras. El propósito es transparente: darse la vida padre con el dinero de los contribuyentes. Viajecito por aquí so pretexto de exaltar al gran Hernán Cortés, fiestecita por allá con motivo del 2 de Mayo, fin de semana en la mansión de la sierra, Aperol Spritz con mi amorcito en la terraza de la casa de Chamberí al término de un día agotador dando entrevistas a Ana Rosa Quintana y Susana Griso. En cuanto a las maneras, lo choni triunfa en la tele y las redes sociales. Un Hijo de puta dirigido al presidente del Gobierno convertido en un Me gusta la fruta, ay, qué graciosa es la muchacha. Un Chao, pescao para cerrar la polémica del aticazo comprado, y luego vendido, en General Martínez Campos.
El historiador y ensayista Justo Serna ha publicado en Facebook un espléndido post sobre el Chao, pescao. Dice: “Si habla con brusquedad, IDA tiene carácter. Si simplifica, IDA conecta con la gente. Si desconfía, IDA posee instinto. Si provoca, IDA rompe los marcos de la izquierda. Si convierte una frase de barra de bar en consigna política, IDA ha comprendido mejor que nadie la comunicación contemporánea. (…) El mecanismo tiene la ventaja de que nunca falla, porque cualquier conducta puede convertirse retrospectivamente en virtud. (…) La política española lleva tiempo confundiendo la espontaneidad con la inteligencia y la desfachatez con el carácter.”
¿Terminará el Feijóo que ha osado dudar de la conveniencia de la compra del ático de Chamberí como el Casado a quien se le ocurrió preguntar por la comisión de las mascarillas del hermano de Ayuso? O, por el contrario, ¿será verdad el rumor que asegura que el PP ya empieza a considerar a Ayuso tan reemplazable como lo fue la Cristina Cifuentes de los másteres falsos y el choriceo de cremas en un Eroski? No lo sé, lo único que sé es que Ayuso se ha dado una hostia terrible.