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Opinión - 'La justicia y el periodismo en el 'Detritoceno' español', por Rosa María Artal

La justicia y el periodismo en el 'Detritoceno' español

19 de junio de 2026 21:33 h

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Corría el año 1973 cuando Joan Manuel Serrat preguntaba a su padre en una de sus primeras canciones ('Pare') qué había pasado para que el mar no fuera ya el mar, ni el río el río, ni los bosques, flores y abejas en la cadena de la vida. Ahora, uno de los bestsellers mundiales se titula 'Mierdificación' (del australiano Cory Doctorow) y relata cómo vivimos en la era del Mierdoceno. Dejémoslo en Detritoceno, de detritus, que, además de menos sensacionalista, es más preciso en su significado. El libro se refiere sobre todo a la influencia de las plataformas digitales, pero muestra la deriva del empeoramiento general que registran las sociedades. Y, aún con ese título, es útil: da claves. En la égida del tuit, el titular y el tik tok quizás sea demasiado prolija esta introducción para las mentes del consumo urgente, pero me arriesgo porque no son las únicas y gracias a eso sobrevivimos aún.

En este terrible momento que atraviesa España, con toda esa gentuza dispuesta a crisparnos hasta la rendición de las ideas, llaman poderosamente la atención algunos deterioros muy marcados: en la justicia y el periodismo, que son pilares básicos y su degradación acarrea consecuencias desastrosas.

  Me pregunto a diario cuándo se ha ido al cuerno en este país un principio inexcusable del Derecho: la presunción de inocencia , para pasar a que sean políticos, medios y periodistas quienes juzguen a los imputados por indicios o porque sí. Seguro que también hay magistrados improvisados en las barras de los bares y no digamos en las redes de WhatsApp. Recomiendo que se lean, en particular, estos requisitos indispensables algunos de quienes pasan por colegas en periodismo y que ya publican sentencias a su gusto a toda hora de dìa.

La presunción de inocencia es un derecho fundamental en todos los países democráticos. Garantiza que toda persona acusada de un delito debe ser considerada y tratada como inocente hasta que se demuestre lo contrario mediante una sentencia judicial firme.  

La responsabilidad de demostrar la culpabilidad recae en la parte acusadora (el fiscal). El acusado no tiene obligación de probar su inocencia.

Solo se puede condenar si existen pruebas legítimas y suficientes que demuestren el delito, sin lugar a dudas razonables. Y, si tras el juicio, se mantiene dudas sobre la culpabilidad, el veredicto debe ser absolutorio (principio de in dubio pro reo).

 Pero, claro, en España tenemos el escandaloso caso reciente de la condena al fiscal general del Estado Álvaro García Ortiz a cargo del Tribunal Supremo, nada menos, que tampoco parece haber interiorizado estos preceptos o asi lo sentimos muchas personas. Y a partir de ahí ya puede venir lo que sea, lo que de hecho viene.

 Es como la filtración a los medios de interrogatorios en un proceso. Otra cosa es un juicio con todo el armazón dispuesto, pero estas otras filtraciones solo buscan espectáculo o morbo y los comentarios que se diseminan por doquier pueden influir hasta en el juez. Debe ser una nueva versión del ajusticiamiento en la plaza pública.

 La “prensa”, sobre todo la que los profesionales deberíamos escribir con comillas, tiene mucha prisa en informar minuto a minuto de todos los pormenores, reales o supuestos. Y parece estar tan tuerta en ocasiones como esa justicia que nos da tantos disgustos. Por si acaso, les pongo sinónimos de “disgusto” por si encajan mejor con lo que cada uno siente: pena, pesadumbre, aflicción, tristeza, pesar, desagrado, aversión, repugnancia, asco.

La prensa. Todas las portadas en papel de la “prensa” nacional traían este viernes a Zapatero y toda su parentela. El “informativo” de Antena3 de la noche anterior, jueves, dedicó 23 minutos al asunto y 20 segundos a las noticias que llegaron sobre el novio de Ayuso y ese fulgurante enriquecimiento del que gozó tras iniciar la relación con la presidenta de Madrid. ElDiario explica que llegó a multiplicar por siete sus ingresos de Quirón. Y a través de empresas a las que en algún caso la Agencia Tributaria no ve con capacidad de realizar los trabajos que motivaron esos ingresos. Total son cerca de cuatro millones y medio de euros, ¿verdad? Ganas de quejarse por nada.

No voy a ir ni siquiera al fondo de los datos concretos. En algunos casos se han convertido ya en cuestión de fe (creer sin ver, sin razones objetivas). Quiero resaltar que no se pueden ocultar noticias relevantes y menos para inflar otras y seguir manteniendo que eso es informar. No en rigor, y tiene graves efectos hacerlo así.

Pero el periodismo es otro de los grandes pilares deteriorados al máximo, casi como concepto. Mientras medios y periodistas rigurosos se mantienen contra esa marea, sabedores de la vital importancia que tiene la información para los ciudadanos. Vital, recalco.

El informe anual del Instituto Reuters señala que desciende el interés y la confianza en los medios tradicionales y aumenta el acceso a noticias mediante la IA, como principal puerta de entrada, junto a las redes sociales y las plataformas de vídeo. Ya los elige en torno a la mitad de la población, de todas las edades, por primera vez desde que se hacen registros. Cualquier cantamañanas “informa” a su círculo más o menos amplio. Y medios que producen vergüenza, sin escrúpulo alguno, hunden más aún la credibilidad del periodismo. Pan mojado para hoy, agujero de hambre para los mañanas. De hambre de conocimiento también.

Créanme al margen, que me pasma cómo ha llegado a degradarse la concepción de la mecánica periodística. La gran escuela del que fuera el mejor programa informativo español durante décadas, Informe Semanal, me hizo entender en la práctica que una cosa es la noticia de alcance y otra el desarrollo de la información. Y ahí son esenciales los antecedentes y el contexto. No es hablar “de otras cosas”, es de las mismas. Saber de dónde vienen, los porqués, y el momento actual en el que se producen. No siempre hay tiempo parece ser, pero si se puede, antecedentes y contextos son imprescindibles.

 Así llegamos a premiar como mejor periodista del año a una experta en bulos, admiradora de referentes -que cita- como Ana Rosa Quintana o Isabel San Sebastián. Le otorgó ese título la Asociación de la prensa de Madrid. Con Ayuso como única representación oficial en el acto hablando de periodismo, mientras su jefe de gabinete volvía a insultar y amenazar como el portavoz oficioso que parece ser de ciertos tribunales, sino más, porque, visto lo visto, igual ocupa algún lugar más prominente de mando.

 Todo esto es contexto imprescindible y no se prodiga, precisamente. Y hay más, mucho más, perdido. Los titulares en general ya no responden al contenido esencial de la noticia, sino a un gancho a ver si el usuario pica y pincha en la web. Ni mucho menos incluyen las 5 W (en la terminología inglesa) Quién, qué, cuándo, dónde y por qué. Se añade el cómo (how) donde vienen los detalles. No es inocuo.

Lo que está ocurriendo en España es gravísimo. Y ostensible. La corrupción es detestable en todos los casos, pero quienes lideran la acción de derribo son los peores del gremio. Produce mucha vergüenza ver a Feijóo proclamarse adalid de la limpieza de España, dice, de la honradez. Incluso que él, con su posición, piense que puede ser creíble como tal. Y así estamos sin visos de cambio a mejor. Les vemos presos de un empecinamiento desesperado por llegar al poder para lo que suelen hacer en él. Y vibra el aire con sus nervios y su rabia.

Ahora sí que sí, Joan Manuel. ¿O no?

“Padre / Ya están aquí / Monstruos de carne / Con gusanos de hierro / Padre / No tengáis miedo / Decid que no / Padre / Dejad de llorar / Que nos han declarado la guerra” . Serrat, 1973.