Puente, al rescate
En el mundo de Trump, Milei o Ayuso, cada día tiene su disparate. Pero, detrás del jolgorio del populismo ultraderechista se oculta siempre un meticuloso trabajo de los ideólogos que trazan las líneas maestras de la estrategia y del discurso. El goteo de informaciones sobre la presunta corrupción alrededor del PSOE ya ha provocado un efecto devastador en el ánimo de la militancia y la dirigencia. Un impacto incuestionable en el electorado progresista. Y algunos movimientos aparentemente imperceptibles que, en respuesta o no, a la instrucción aznariana del que pueda hacer, que haga, no se resisten a aportar su granito de arena a lo que Óscar Puente, ha llamado una conspiración para derribar al Gobierno “con métodos no democráticos”. Y, mientras en el PSOE, silencio.
En el festival de a ver quién la dice más gorda, siempre gana Ayuso. Porque para hablar de “corrupción de Estado” por las investigaciones que afectan a los socialistas el mismo día que se sienta en el banquillo de los acusados su compañero de filas y exministro Jorge Fernández Díaz por la operación Kitchen hay que tener muy poca vergüenza y ningún escrúpulo. Pero, si de repugnancia hablamos, qué mejor ejemplo que el del exsecretario de Estado de Seguridad Francisco Martínez que ha negado este jueves que existiera la trama ante el tribunal que juzga los hechos, después de haber llevado ante notario los whatsapps que demostraban lo contrario e implican directamente a Fernández Díaz.
Sin duda, la mención honorífica a la desvergüenza se la lleva el beato Fernández Díaz, para quien la Fiscalía pide 15 años de cárcel, y negó hasta la verdad durante su declaración como acusado por la creación de la mal llamada policía patriótica. Como buen pío, seguro que reza dos padres nuestros un ave maría y tiene bula para cuando abandone esta vida. Entretanto, se dedica a pontificar sobre ética política desde las páginas de un diario que acumula más manipulación y mentiras por página que pecados acumula el exministro.
En lo que respecta a los socialistas hay una base material incuestionable que justifica la última investigación de la Audiencia Nacional sobre el “caso Leire”. Pero el PSOE se divide hoy entre los que han decidido minusvalorar o despreciar las pesquisas y los que creen que una huida hacia adelante prolongará la agonía y se llevará por delante el poder municipal que les queda. En términos electorales, a un lado están Pedro Sánchez y su gobierno, empeñados en seguir hasta 2027, y a otro, alcaldes y cuadros medios partidarios de intentar contener la hemorragia y convocar elecciones cuanto antes. El mismo dilema, por cierto, que tienen los socios del Gobierno, entre quienes se percibe ya el nerviosismo, además de un evidente distanciamiento a un año de las municipales.
Desde que el juez Pedraz ordenó que la Guardia Civil entrase en la sede del PSOE para buscar pruebas de si el partido pagó a la ex militante Leire Díez para entorpecer investigaciones policiales y judiciales sobre los socialistas, el PNV ya ha lanzado algún aviso sobre la irresponsabilidad que supone agotar el mandato. En ningún caso, eso sí, apoyará una moción de censura, ni siquiera instrumental. Y tampoco Junts. Apoyar a Sánchez es un problema, pero votar a Feijóo, con Vox de socio preferente, es contraproducente para sus intereses partidistas. Los nacionalistas vascos gobiernan en Euskadi en coalición con los socialistas, lo que un cambio de tercio en Madrid podría dar al traste con la lehendakaritza de Pradales, las diputaciones forales y algunos ayuntamientos. Y a los catalanes lo que les mueve es que Puigdemont pueda volver a Catalunya una vez que el Constitucional falle sobre la aplicación de la amnistía. Así que a Feijóo no le queda otra que hiperventilar, celebrar cada titular de su sincronizada de guardia, se ajuste o no a la realidad, y mantener la presión en una estrategia de desgaste sobre ambos. Claro que llamarles cómplices de la corrupción o poner a Tellado delante de un micrófono no parece que sea la mejor forma de cotejarlos.
Como tampoco es la mejor opción ni para el PSOE ni para la democracia el clamoroso mutismo de la calle Ferraz ante los últimos acontecimientos judiciales. Entiéndase por Ferraz la secretaría de Organización que es la lleva el peso de la acción del partido cuando este tiene la responsabilidad de gobierno. Por descarte el cargo lo ocupó Rebeca Torró, tras la salida de Santos Cerdán para ingresar en prisión, y es sobre ella, además de Sánchez, sobre quien llueven las críticas de una organización que demanda explicaciones.
Tan escandalosa ha sido su incomparecencia después de la entrada de la Guardia Civil en la calle Ferraz y tan comentada su inanidad desde que ocupa el cargo que en La Moncloa han tenido que sacar este jueves al ministro Óscar Puente para llenar un vacío que empieza a ser delator de la inconsistencia del material que habita en el partido. El día anterior, lo hizo sin miramientos desde su cuenta de X, pero ante las preguntas de los medios, el titular de Transportes tampoco se arredra para poner música y letra a la acumulación de casos judiciales, la coincidencia de calendarios y las filtraciones de sumarios.
Puente se cuida de apuntar directamente sobre los jueces o las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y prefiere poner el foco sobre Feijóo y lo que entiende como una estrategia concertada de algunos poderes, incluido el mediático. “Hay un Gobierno al que se quiere derribar, no en las urnas, sino con otras artimañas, con métodos no democráticos”, denunció para colegir que los tiempos de la justicia y la política “se acompasan de manera sorprendente”, en alusión a la coincidencia de la entrada de la Guardia Civil en Ferraz con la declaración de Fernández Díaz ante la Audiencia por el caso Kitchen y por el que algunos medios han pasado de puntillas.
También criticó que se tomara por hechos ciertos aspectos que constan en el auto de Pedraz, a pesar de que dos de los aludidos, el fiscal José Grinda y la abogada Leticia de la Hoz, hayan negado los hechos que se relatan en el mismo. El primero, según el escrito del juez, habría sido objeto de un intento de soborno de 300.000 euros para que ofreciera información sobre el fiscal jefe, Alejandro Luzón. Y la segunda habría ofrecido 50.000 euros a la empresaria Carmen Pano para que negase haber llevado 90.000 euros a Ferraz. No entró el ministro en si el PSOE pagó o no a la Leire Díez para que entorpeciera investigaciones judiciales en marcha, como acredita el auto, pero sí en que en la militancia hay una profunda indignación y que “la respuesta tendrá el efecto contrario” al que pretenden las derechas .
Sea así o no, lo que subyace tras sus declaraciones es que el PSOE adolece de una profunda fatiga de materiales, y no solo por las investigaciones judiciales. De no ser por los ministros de perfil más político, léase Puente, López o Bolaños, Sánchez no tendría quien le saliera al rescate. Es lo que tiene el diseño de un gabinete eminentemente técnico y una estructura de partido hecha de retales y no precisamente de alta costura.