Racismo “a granel” en el pacto extremeño
Justo cuando la extrema derecha es desbancada del poder en Hungría con un gran efecto dominó, Vox decide hacer una exhibición de fuerza que el PP le compra con profesión explícita de fe ultra. Los húngaros han tenido 16 años para sufrir las políticas neofascistas y hartarse al punto de obviar cualquier otra cosa que no fuera echar a Orbán. No le van tampoco las cosas demasiado bien, precisamente, al gran motor del desasosiego actual que es Donald Trump. Y se está demostrando que el presidente estadounidense es ya un lastre para los partidos de ultraderecha europeos. Más aún, algunos medios internacionales lo califican de “tóxico”.
El contexto no favorece, pues, a Vox en absoluto. Con Orbán desaparece una poderosa fuente de financiación para ellos. Encontrarán otra, sin duda, al menos mientras las fuerzas que promocionan los fascismos lo sigan viendo rentable, pero ha de buscarse las castañas de nuevo para llenar ese capítulo esencial. Y, en estas circunstancias, Vox se lanza en plancha a demostrar quiénes son. España tuvo, retuvo y olvida su pasado rotundamente fascista. Y no está erradicado. La policía parece tolerar la violencia que empieza a desplegar Vox en las calles, con efectivos que usan armas ilegales como acaba de ocurrir en Granada en un suceso en extremo preocupante que compete al Ministerio del Interior aclarar y erradicar sin demora
No es el único hecho preocupante protagonizado por miembros de Vox. El Congreso se espanta pero no hace gran cosa cuando un diputado de ese partido -juez por más señas- se encarama a la tribuna de la presidencia para abroncar a su vicepresidente. Y, como si el PP no fuera consciente de toda esta situación, cierra pactos con Vox en las autonomías que Feijóo se apresura a aceptar porque les vale más una silla de poder que la dignidad.
No me digan con todo lo que le hemos oído a María Guardiola en Extremadura, con todo lo que le dijeron sus entonces potenciales socios de Vox tan humillante, que salga a contar que “ha ganado la democracia” con ese pacto de gobierno lleno de cesiones. Paremos aquí un momento y veamos. En plena negociación, el líder de Vox dijo: “Guardiola fue presidenta [en 2023] porque a Vox le dio la gana. Y si hay nueva presidenta, dios dirá porque estamos en manos del altísimo, será porque le dé la gana a Vox. Ni más ni menos”. Puedo asegurar que pocas personas no preferirían poner un puesto de hortalizas a ras de calle para ganarse la vida, por poner un caso, antes que gobernar así.
Remarquemos la tragedia que se da hoy y que se presume tendrá continuidad en Aragón y Castilla y León, pendientes de pactos entre PP y Vox para gobernar. En el peor momento de la extrema derecha en mucho tiempo el Partido Popular se lanza en brazos de Vox revitalizando la ultraderecha española. Y suscribiendo sus postulados. A conciencia. Todavía me cruje el estómago cuando pienso en la frase que soltó Feijóo, presidente del PP, hace ya varios días. Acusó a Sánchez de regularizar inmigrantes “a granel”. No necesito explicar la deshumanización que conlleva hablar de las personas como productos “a granel”. Es más que una frase desafortunada, eso no se dice sin tenerlo interiorizado.
Y así, ese pacto de la vergüenza extremeño engrandece el racismo. Estipula restricciones a los emigrantes que vulneran varios artículos de la Constitución y de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y propone otros que ni siquiera son competencias autonómicas. De ahí que anoten argucias, casi eufemismos, tales como “se exigirá al Gobierno” o “se instará a modificar la ley”. La de Extranjería que habría prometido modificar Feijóo a Abascal. Y ni siquiera sabemos a qué puede dedicarse una consejería de Desregulación que dan a Vox y que no existe en parte alguna de España o de Europa. Parece ser que a suprimir leyes y normas.
Es evidente, sin embargo, que, legal o ilegal, van a hacer de Extremadura primero, y luego de los demás territorios, de España entera si pueden, cotos con restricciones sanitarias, educativas y proclives a atentar contra la dignidad de las personas, incluida la infancia. Un coto a evitar.
Algunos medios de su esfera hablan de que PP y Vox “se han dado otra oportunidad”, o titulan “Sánchez amenaza con ”recurrir con toda la fuerza del Estado“ la ”prioridad nacional“ exigida por Vox en Extremadura” cuando se trata de una medida anticonstitucional. También informan de que -¡albricias!- no han tocado feminismo y políticas LGTBi. De momento.
Seguro que van a por ello, como irán a por las pensiones, una vez iniciada ya a todo trapo la campaña gerontófoba en los medios y que ellos osan llamar Gerontocracia. Pero eso lo dejamos para otro rato que bastante tenemos hoy. Un día en el que solo invada las noticias una tormenta y no el habitual diluvio universal.
El espíritu racista, clasista, de supremacismos varios, fascista en definitiva, existe, pero se entiende mal su inoportunidad política cuando la tendencia se revuelve ya contra la impronta marcada por Trump y su séquito. Estos ya le piden hasta explicaciones teológicas al Papa que le niegas el plácet a sus guerras ilegales. Debe ser esa desesperación que refleja Feijóo en cada intervención pública por no tener la presidencia del gobierno que soñó en la Moncloa. Un gesto continuamente crispado que expulsa odio por cara poro de la cara.
No este viernes, al lado de María Corina Machado. Se mostraba pletórico ante una dirigente venezolana a la que llamó vencedora de las elecciones, a las que no se presentó. Un respiro pues para la derecha-ultra-derecha española que recibe y condecora a la opositora María Corina Machado, de visita en España para recibir esos honores de Feijóo, Abascal, Ayuso y Almeida con, lo nunca visto con líder extranjero alguno, manifestación popular el sábado y todo. Hasta le imponen esas medallas de Madrid repartidas entre afines. El fin de semana tendrá también en Barcelona a Pedro Sánchez, con Lula Da Silva y otros líderes progresistas en la Cumbre Mundial de líderes progresistas. La Nobel de la Paz que cedió su premio a Trump rechazó la invitación de Moncloa para entrevistarse con Sánchez. Dice que no es oportuno, ella ha venido a otra cosa. Habrá que ver las portadas de papel. O no. Ya no, ya vale.