Ahora, todos a votar
Casi todas las encuestas (todas menos el CIS de Tezanos) pronostican que el inseparable dueto de derechas extremas, PP-VOX, conseguirán el gobierno el próximo 29 de noviembre.
Eso era en plena ebullición de los acontecimientos ocurridos en Ceuta a finales de julio, que se sumaba los casos de supuesta corrupción en el seno del PSOE, en este caso con la inestimable ayuda de una parte de los togados, que han hecho caso al tenebroso Aznar cuando, como si de una llamada de ayuda se tratara, les lanzó el ya famoso: “el que puede hacer que haga”. Y vaya si han hecho desde entonces.
Pero apareció el “caso de Maricarmen”, una mujer mayor de 87 años que fue desahuciada de su hogar donde vivía desde hacía más de 70 años.
La repercusión social ha sido impresionante. Las movilizaciones ante su casa, manifestaciones en protesta por su caso, que culminaron en la ya histórica acampada en plena Puerta del Sol.
De pronto el debate giraba hacia las “cosas de comer”, un terreno en el que las derechas extremas se encuentran muy incómodas.
Su nerviosismo ha desembocado en una cadena de errores, que han puesto de manifiesto qué es lo que harán si acceden al poder.
Recortes de las pensiones, un cambio drástico en sus políticas, control de las bajas laborales que anticipan descuentos económicos, limitación en los derechos sociales alcanzados, aborto, eutanasia, libertad de expresión, límites en la cultura, como ha puesto de manifiesto la implantación de la censura en la producción cinematográfica en Castilla-León, etc.
También con su voto negativo ante los decretos sobre vivienda debatidos el pasado 2 de octubre, ha quedado claro su posición ante el grave problema de la vivienda. Ellos están a favor de los grandes propietarios, de los fondos buitre, de la falta de control ante la subida de los alquileres, la negativa a la aplicación de la ley de vivienda, o su posición contraria a la protección de las personas vulnerables.
Todo ello tiene un elemento positivo, al menos la sociedad cuando vaya a votar el próximo 29-N, ya sabe lo que un hipotético gobierno de las derechas extremas hará en este país. Nadie al emitir su voto podrá decir que lo hace engañado.
Pero en todo este panorama ha aparecido un elemento negativo. La ya clásica posición cainita de las izquierdas a la izquierda del PSOE, el predominio de los egos sobre el bien común, o la falta de visión de que estamos ante un momento de extraordinaria gravedad, en el que el fascismo puede acceder de nuevo al poder, ha impedido su necesaria unidad de acción electoral.
Menos mal que al menos a última hora conocimos un esperanzador acuerdo de PSOE y Frente Amplio para el senado, que se podría extender también al congreso en lagunas provincias.
Nos queda al menos la esperanza de que la inteligencia natural de los progresistas de este país, que ya apareció a última hora en 2023, aparezca de nuevo ahora.
Esta vez no es como otras en las que la alternancia no generaba temor excesivo. Esta vez en ese cambio viene apareado el fascismo y eso ya son palabras mayores.
Sociológicamente, está demostrado que somos más gentes progresistas que conservadoras, e incluso que el temor de ir junto al fascismo está comenzando a afectar a una parte del electorado de derechas.
Por eso si el 29-N fueran a votar el 100 % de los electores, volveríamos a tener un gobierno progresista. Esa es la clave, que todos vayamos a votar. Que si alguno falta sea de los suyos y que en cada provincia el voto sea útil, a quien en la izquierda pueda conseguir un diputado. Ni un voto tirado a la basura.
A la hora de escribir esta reflexión faltan unos 30 días para el día D. En ese tiempo necesitamos animar a la participación, útil, nos jugamos demasiado.
Van a ser unos días duros y peligrosos. Van a intentar provocar los máximos incidentes que puedan conseguir alejar una parte de nuestro electorado de las urnas.
¡Tranquilidad, control de la situación, tener claro quiénes son nuestros adversarios, centrando en ellos nuestros ataques y el 29-N, TODAS Y TODOS A VOTAR!
Después si lo conseguimos aparecerá un nuevo peligro: su mal perder. ¿Hasta dónde les puede llevar? ¿Corremos el riesgo de que intenten incluso provocar un golpe militar? Eso da ya para otra futura reflexión,