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En defensa de la improvisación

Fernando Suárez Mejido

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La confinación por el coronavirus, además de haber aflorado lo mejor de nuestra sociedad en forma de solidaridad, si bien con las abominables excepciones de unos pocos, está sirviendo permanentemente como arma de pin pan pum político.

Todos somos expertos a posteriori y lo usamos según nos conviene. Además, somos capaces de pedir que se aplique aquí, lo que antes negábamos o los que en otros países ha sido un desastre y viceversa.

Hoy decimos que las medidas son demasiado relajadas, mañana que las medidas se deben relajar más. Hoy que los más mayores están discriminados y no se les cuida suficientemente, mañana somos capaces de decir que los niños están sufriendo por culpa de defender a los mayores, etc. Y todo esto es normal, porque nos movemos en un terreno que no conocemos y todos, gobierno, oposición, sindicatos, patronal, no tienen más remedio que improvisar. Es curioso que se acuse al gobierno de improvisación, cuando la oposición cambia todos los días también de criterio.

No voy a hacer un alegato aquí en favor, ni del gobierno, ni de la oposición (y cuando digo oposición descarto a la extrema derecha con su postura desquiciante, oportunista e insolidaria con España, no merecen ni el nombre de oposición). Sí que quiero hacer un alegato en favor de la improvisación, porque todos tenemos que ser conscientes de que improvisar, es lo que hay que hacer y lo único que se puede hacer, cuando viene una circunstancia imprevista por todos, incluso por las mayores autoridades a nivel mundial. Cuanto mejor sea la capacidad de improvisar mejor será la gestión.

Por eso, muchos de las críticas que se hacen entre ellos gobierno y oposición, son absurdas. Y más absurdas y ridículas me parecen algunas autoridades autonómicas que lo único que pretenden es sacar rédito para sus posiciones históricas de mayor independencia o autonomía.

Por eso creo que, en esta pandemia, todo puede ser criticable y todo puede ser alabable y cada uno se limita a arrimar la ascua a su sardina. De momento, no nos engañemos, con la perspectiva actual nadie puede tener criterio fiable. Y, los que hablan excátedra, están haciendo el mayor de los ridículos.