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Nuestra guerra

Javimat

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En estos últimos años no ganamos para sustos, pandemias, Filomenas, guerras, danas, crisis financieras, volcanes, y ese cambio de clima que se nos viene encima. Los humanos estamos haciendo bien los deberes, vamos directos a la extinción, como no podía ser de otra manera. Vivimos tiempos complicados y los últimos acontecimientos así lo confirman.

Siempre he pensado que nuestra especie estaba condenada a la desaparición, es más, todos estos acontecimientos no hacen sino confirmar este desenlace. No cabe duda de que viendo cómo se comportan el resto de las especies, la nuestra es la única que actúa contra natura y atenta contra su hábitat. Está claro, somos un error de la naturaleza y si hay alguna fuerza, ente, o cosa, más allá de nuestro planeta, que controle y ponga orden en este universo, está claro que le ha salido un grano, un virus con altas posibilidades de contagio si, en algún momento, somos capaces de dar el salto fuera de nuestro mundo.

Quién podía imaginarse que un par, o tres, de locos payasos, sin ánimo de ofender a los que se dedican a esa maravillosa profesión, iban a gobernar los países más y mejor dotados, militarmente hablando, y lo iban a poner todo patas arriba con el único fin de arrimar al resto de países a su locura. Lo dicho, este es el último acto, por el momento, en esa tarea que los humanos nos hemos impuesto, que no es otra que la de acabar con nosotros mismos.

No sé si queda aún algún rayito de esperanza, yo no soy muy optimista a este respecto, pero no quisiera arrojar la toalla sin ni siquiera intentar luchar, dentro de mis posibilidades, contra esto.

El mundo se está conformando en dos bandos, algunos dirán que eso ya estuvo así en el pasado con los dos bloques separados por un imaginario telón de acero. Sí, y tienen razón, pero eso que creemos que iba desapareciendo, o eso nos pareció a nosotros, ha vuelto a renacer con nuevos elementos. Elementos muy poderosos, nuevos oligarcas, redes sociales, sí esas que atontan aún más si cabe a un gran número de mentes estrechas, por no llamarlos tontos de baba. Pues eso, el nuevo fascismo con la legión de tontos detrás, y por otro lado el bando de los países supuestamente democráticos que supuestamente apuestan por supuestas medidas sociales, por una supuesta libertad, además de una supuesta prosperidad en un mundo supuestamente más justo, y supuestamente más igualitario, pero a los que les falta algo, plantar cara al otro bando, decirle a la cara, sin supuestos, alto y claro que nosotros sí creemos y trabajamos para mejorar las condiciones de vida de la gente, para que haya más justicia social, más igualdad, que creemos que todo el mundo tiene derecho a cambiar de vida, de país, sin que ello les suponga quedarse eternamente en ese mar que deben cruzar para ver cumplido su sueño, ese mar que es creador de vida no cementerio de almas inocentes, que no debemos maltratar el planeta que nos acoge como a sus hijos pagándole con el desprecio más absoluto, pero parece que eso, de momento no pinta así.

No puedo evitar pensar en una reflexión que hice hace tiempo cuando leí una gran novela, como todas las escritas por Miguel Delibes, “La guerra de nuestros antepasados”. En ella se decía que desde que los humanos habitamos este planeta siempre ha habido guerras, y que cada generación había tenido la suya. Yo, inocente de mí, me dije, bueno, este augurio se ha roto, por fin la humanidad hace algo bien y nuestra generación no va a vivir una guerra. Qué iluso fui, cuando creímos haber burlado al destino guerrero, este nos sorprende y casi al final de nuestro camino nos sirve en bandeja eso de lo que no se han privado nuestros antepasados.

No sé si, como piensan muchos, estamos al borde de la tercera guerra o, como también piensan otros muchos, esta ya ha empezado, una guerra de a poquitos, ahora aquí, luego allí. En cualquier caso, creo que deberíamos ir tomando decisiones, no solo de bando, sino de actuación, pero, al margen de cómo se desarrollen los acontecimientos, lo que está claro es que, tomemos la decisión que tomemos, esta estará encaminada, sí o sí, a ese noble fin que nos hemos impuesto, que no es otro que el de acabar con la vida de este maravilloso mundo en el que habitamos. Sí, porque a pesar de todo este planeta podría ser maravilloso, de hecho lo es, tan solo falta para ello que se cumpla una premisa innegociable… nuestra desaparición.