Latido
Desvío inadvertidamente la mirada del periódico que leo y me detengo al observar el latido pulsátil en la arteria, en ese punto al final del antebrazo tan cerca de mi mano.
Me quedo absorto en esa onda suave que parece asomarse bajo mi piel, casi hipnotizado por ese golpeteo armónico, sincronizado con el anterior y con el siguiente e imaginariamente recorro su interior, hasta su origen en esa puerta ventricular que se abre y cierra generosamente como en una vida que se inicia en cada uno de sus movimientos.
Es un regalo que la naturaleza nos ofrece sin pedir nada a cambio -sin pedir casi nada a cambio- solo un poco de respeto hacia las condiciones que hicieron posible su formación y su desarrollo.
Ese pulso, ese latido periférico es lo que buscamos con ansiedad para comprobar que sigue estando presente, que hay una vida que se mantiene sin apagar cuando nos encontramos ante un momento crítico en el que se decide todo o nada.
“Tomemos el pulso”a la realidad, tomemos el pulso a nuestra sociedad, decimos como metáfora del estado vital de aquéllo que queremos analizar y así poder llegar a un diagnóstico de cualquier asunto que nos interese como individuos, como participantes e integrantes de nuestro tiempo.
Si para que ese pulso orgánico, primordial pudiera manifestarse en su totalidad sano, ágil, alegre hicieron falta unas condiciones razonables que permitieron su desarrollo, también ese pulso necesita un status pacífico, no agresivo que no interfiera en su papel hasta el final de sus días. De igual manera ese pulso que buscamos y queremos encontrar en la sociedad debemos mantenerlo en unos parámetros básicos, elementales que son el respeto a la naturaleza y su medio ambiente, sabiendo entender que nos ha dado lo mejor de sí misma con el único mandato de no ir más allá de sus propios límites.
La codicia, el saqueo interminable de su generosa oferta de alimentos, el mal uso y abuso de sus fuentes y caudales de agua,una industrialización tantas veces improductiva,exagerada y caprichosa despreciando el infinito volumen de residuos sin una selectiva separación y reutilización de los mismos, nos está llevando a esta distorsión que padecemos en forma de queja y protesta viral.
Decimos repetidamente que la naturaleza es sabia, que nos avisa a su manera de ese maltrato a la que la estamos sometiendo y se rebela esta vez en forma de pandemia.
Si no reaccionamos, si no somos capaces de comprender lo que es evidente ante nuestros ojos, si no lo valoramos en su justa medida será este coronavirus o el siguiente quien entone su propio 'Resistiré' y entonces pagaremos caro y sin remedio nuestra actitud despreciativa e indolente hacia esta Naturaleza que nos lo dio todo a condición de respetarla.
A pesar de su terrible crudeza, esta crisis no ha dejado de lado su aspecto positivo que no debemos olvidar ni dejar de valorar y es que la población infantil, es decir el futuro de la humanidad ha salido prácticamente indemne, como si nos diera tal vez un pen-último aviso de lo que pudiera llegar a suceder, pues no es difícil imaginar lo que hubiera supuesto el ingreso hospitalario de miles y miles de niños y niñas.
Es necesario por tanto un cambio de actitud,de comportamiento hacia nuestro medio natural y que transmitamos a las sucesivas generaciones el amor por la vida y de que hemos de ser capaces de reaccionar a tiempo, de haber hecho todo lo posible por mantener el LATIDO de la Tierra.