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Los sueños de estos días

Alejandro de Gregorio-Rocasolano Jaumot

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No sé vosotros pero yo sueño cada día durante este Estado de Alarma, veo entre las caras que se cruzan que pasan una juventud alarmada que de repente de un mazazo se ha despertado. Observo que se preparan para que cuando acabe esta tragedia para intentar buscar la manera de cambiar la mentira que les han vendido durante tantos años.

Decía un escritos una mañana de estas que las épocas socialmente negativas generan mucha literatura. Creo también que generan revoluciones o grandes cambios. Durante estos episodios aparece lo mejor y lo peor de cada uno, de cada grupo de cada profesión. Mientras admiramos la gran dedicación del personal médico y los servicios esenciales, que lo único que piden es protección y herramientas para el desempeña de sus respectivas profesiones, por otro lado observamos un sistema que ante la posible pérdida de plusvalía económica está asustado.

Pone al mismo nivel la urgencia médica con la posible crisis económica de su modelo. Un sistema que en ningún ámbito ha producido pensando con prioridad o previsión, sin analizar la posible multiplicación de los últimos virus de este mismo siglo. Está claro que la prevención medica y social no genera plusvalía. Ya que no es palpable, ni tiene una explotación competitiva, como otros utensilios de “prevención-actualización” que probablemente nunca se utilicen: tanques, aviones, obuses autopropulsados, lanza granadas, fusiles de franco tirador, carros de combate, artillería pesada, blindados, minas… Todo ellos tienen un valor claro y doble por desgracia, por lo tanto los integrantes de la sociedad están con la fantástica frase de “esto es lo que hay” que lo justifica todo y callar.

El sistema lleva engañándonos desde hace muchos años, pero estas situaciones actuales generan la búsqueda de utopías o modelos más racionales de vida entre la ciudadanía. Por ello está empeñado en vendernos que solo hay un camino en una dirección, con unos elementos que podemos disfrutar y otros que son fruta prohibida. En base de leyes, normas, con sus peculiares, sujetos de hecho, mandato o prohibición, sanciones, con sus apéndices, las excepciones y peculiaridades concretas que sustenten un modelo de vida y la famosa repetida plusvalía en medio de un estado de derecho falso.

Lo más lejos posible de aquello que dijo Aristóteles sobre las leyes y normas: “El común consentimiento de la ciudad para los ciudadanos”. Es decir, lo que tiene sentido común en sí mismo, como la disciplina y entrega, que tiene mucha gente de a pie trabajando o respetando el confinamiento como por ejemplo los cuerpos sanitarios en estas fechas.

En el Estado español hemos vivido políticamente esta pandemia de forma vergonzosa. Desde las primeras frases 'perdona vidas' al principio, a la constante campaña electoral a partir de la segunda semana por parte de la mayoría de dirigentes de todos los partidos, gobiernos central, autonómicos o local; cargando las tintas unos contra otros de la manera más ridícula posible.

Todo sin el consentimiento de la ciudadanía, que lo único que esperaba de ellos es que actuaran de la manera más profesional, solidaria, discreta y con sentido común posible. Tomando ejemplo de todos los trabajadores públicos o del sector privado en los servicios esenciales. No como 'jefecillos' de reinos de taifas que anhelan sobresalir para recolectar posibles votos, utilizando los medios de comunicación que están a su alcance como plataformas propagandísticas. Actitud muy generalizada en todo occidente.

También existen excepciones, y tenemos una dentro de la misma península Ibérica. El jefe de la oposición portuguesa le dijo al primer ministro de la república textualmente: “Señor primer ministro, cuente con la colaboración del PSD. Todo lo que nosotros podamos, ayudaremos. Le deseo coraje, nervios de acero y mucha suerte. Porque su suerte es nuestra suerte”. Cuánto hay que aprender.

Cuando acabe este mal sueño convertido, anhelo que toda esta juventud, de edad o de espíritu, que observa el ridículo de nuestros dirigentes —por la manera de actuar de los políticos del estado y de todo occidente en una pesadilla — entienda que existe una forma de actuar en relación con la elección de lo correcto como sentido de la vida.

Tal y como hacen mucha gente estos días, y otra bien diferente que es la de hacerlo para mantener un rango social avalado. Por una democracia parlamentaria lenta, muy lenta, de la que lo único que se ha vislumbrado durante la pandemia es la campaña electoral para mantener y mantenerse en un sistema caduco. Que además, está dirigido desde estamentos, organizaciones y empresas a los que la ciudadanía no tiene acceso y que se rigen por valores comerciales de mercado diferentes a los propios de los seres humanos.

Este sistema vende una quimera, un Edén como el de Adán y Eva. Pero se imaginan que solo tuviera un camino y un árbol hermoso, que además estaba prohibido tocar. Que comer una fruta caída, si se tiene hambre, acarrea la culpa eterna en medio de un desierto para los pecadores y sus descendientes. Como las deudas que el sistema, sin ir más lejos en la pasada crisis, en un intento de hacer como si fuera un dios eterno.

Sí sueño, que cuando se acabe esto, cambien muchas cosas que no gozan del común consentimiento de la ciudad u ordenación de la razón, dirigida al bien común o es lo que el pueblo manda y establece.

Sí sueño que algún día se iniciará. Empezando por “decrecer, desurbanizar, destecnologizar, despatriarcalizar, descomplejizar”, los cinco verbos necesarios para salir de este entuerto.