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Correr y dar la cara


Tengo la impresión de que algo muy importante va a ocurrir el domingo en las calles de Madrid. No se trata de una manifestación, aunque bien lo merezca la causa. De una forma muy especial, miles de personas harán llegar simbólicamente sus pasos hasta el valle del Polochic, en un gesto deportivo, sencillo y solidario, durante el  Medio Maratón de Madrid 

Durante los últimos meses hemos querido trasladar una petición contundente al presidente de Guatemala, Otto Pérez Molina, para que devuelva sus medios de vida, en forma de tierras, a las familias desalojadas. Pero también nuestro sincero afecto y complicidad a las 769 familias indígenas guatemaltecas que lo están pasando tan mal. Una de las ideas ha sido crear una aplicación en Facebook para enviarles mensajes de apoyo y expresar nuestra solidaridad.  Y muchas personas han subido sus fotos a Flickr realizando el gesto simbólico de romper con esta injusticia.

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Heroínas

Montaje de Susana Arroyo con imágenes de mujeres de distintos países de Latinoamérica


Calientan café y preparan tortillas para que la familia coma algo antes de salir al campo a trabajar. Ellas también tienen la responsabilidad de ver cómo aportan a la economía familiar, como muchas mujeres en el mundo. En el mejor de los casos, quizás hoy tendrán que tapiscar o limpiar la milpa en la tierra que cultivan. Probablemente no sean propietarias de esa tierra, quizás es tierra de la familia, del esposo o alquilada. O quizá hoy las contraten para trabajar de jornaleras por unas horas en alguna finca recogiendo café, palma africana, piña o banana, recibiendo un pago por su trabajo que no le alcanzará ni para cubrir la alimentación de su familia este día… O quizá hoy no tengan la oportunidad ni de acceder a un jornal de trabajo, como les sucede a las mujeres de las familias desalojadas en el Valle del Polochic.


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Historia de una tortilla

Tortilla de Maíz

Yo también vengo de una familia de agricultores de muchas generaciones. El pueblo de mi padre está en la provincia de Burgos. Paseo por el camino que va del pueblo hasta nuestra finca, y me gusta imaginar cómo sería mi vida si tuviera mi casa allí. Si con mi familia, mi mujer y mi hijo, cultivásemos esa tierra, y tuviésemos que comer de lo que nos diese. Si además tuviéramos que vender los excedentes para conseguir algo de dinero para sanidad, educación, ocio…

Y de pronto, un día cualquiera, pongamos el 16 de Marzo de 2011, se presentan en mi casa antes de las 9 de la mañana 50 patrullas de la Policía Nacional, y 5 camionetas del ejército; en total unas 1.000 personas entre policías, soldados, y agentes de paisano armados. Me enseñan una orden judicial, donde una determinada empresa reivindica la propiedad de esta tierra, y el juez ha decidido que me dan una hora para desalojar.  “¿Pero y mis cultivos?”  les pregunto. Ante este despliegue de fuerza y ley poco puedo hacer. Sólo puedo pensar en toda la inversión que he hecho en trabajo y en dinero para semillas, aperos. Nuestro bebé llora desconsolado porque no sabe lo que está pasando… Me responden que coja lo que pueda. No hace falta ser agricultor para saber que es imposible hacer una recolección en una hora. Miro, desde la cuneta de ese camino que tantas veces he paseado, cómo el ejército y la policía, junto a trabajadores de la empresa, comienzan a destruir mi cosecha y a quemar mi casa. El infierno se representa con llamas ¿no? Una imagen para toda una vida, pero no precisamente de las que me gustaría recordar.

Mientras escribo esto me surgen también las imágenes de las familias desahuciadas en España, pero en esa imagen, gracias a la movilización, veo también a la plataforma Stop Desahucios, y veo a gente, ciudadanos, vecinos que están allí para intentar parar una injusticia. En Polochic hay mucha lucha campesina detrás, y de las propias familias, sólo hace falta hacer una búsqueda en google para verlo. Pero no veía a la gente, hasta que aquí también comenzó la campaña. Ahora veo que, dos años después del desalojo, somos muchos pidiendo una solución. Y seguro que, como sucede con las plataformas de aquí, también como ciudadanos y vecinos del mundo somos capaces de romper con esta injusticia.

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Dos años en la cuneta

El relato jurídico es complejo, porque sobre estas tierras los indígenas Q’eqchi’s del Valle del Polochic reclaman derechos históricos. Pero la regla aplicada es vieja y sencilla: la ley del más fuerte. Y así, hace dos años, policías, fiscales, militares y miembros de la seguridad privada del Ingenio azucarero Chabil Ultzaj expulsaban violentamente a 769 familias. Casas quemadas, cultivos destruidos y miles de vidas arruinadas.

Las familias decidieron no rendirse, y buscaron apoyo en varias organizaciones guatemaltecas. Entre ellas está el Comité de Unidad Campesina-CUC, apoyado por Intermón Oxfam. Llevaron el caso a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que les dio la razón y obligó al Gobierno guatemalteco a proporcionarles alimentos, salud, seguridad y cobijo. El gobierno no cumplió. Las 12 comunidades del Polochic siguieron adelante. Hace un año  montaron una Marcha Indígena Campesina que forzó al presidente a firmar un documento mediante el cuál se comprometía a darles tierras progresivamente, comenzando en noviembre de 2012 con la entrega de tierras a 300 familias. Pasó 2012 y el Gobierno de Guatemala no ha cumplido su compromiso.

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