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Las defensas de Ábalos y Koldo García muestran las primeras fricciones a las puertas de su declaración ante el tribunal

El juicio contra José Luis Ábalos, el exasesor Koldo García y el empresario Víctor de Aldama entra en su recta final. A la espera de que los acusados ofrezcan sus propias explicaciones ante los magistrados a partir del próximo miércoles, los interrogatorios a testigos clave que se han sentado esta semana ante el Tribunal Supremo ya han evidenciado ciertos roces entre las defensas del exministro y quien fuera su mano derecha en el Ministerio de Transportes. 

Ábalos y Koldo García, que han llegado incluso a compartir celda en la prisión de Soto del Real, han mantenido hasta el momento una suerte de pacto de no agresión que alcanzará su prueba de fuego la próxima semana, cuando se evidenciará si ese acuerdo se mantiene o si afloran reproches, contradicciones o intentos de trasladar responsabilidades. Está previsto que los tres investigados sean interrogados a partir del miércoles. Después, acusaciones y defensas harán sus informes, en los que intentarán convencer al tribunal basándose en las pruebas practicadas. 

Entre tanto, los movimientos de las defensas de ambos sí han apuntado a la existencia de una cierta pugna sobre el alcance de la relación con Aldama, a quien la Guardia Civil define como el “nexo corruptor” de la trama. De acuerdo a algunas de sus intervenciones, la estrategia del abogado de Ábalos, Marino Turiel, pasa por encapsular la figura de Aldama en torno a Koldo García. Y tratar de desvincular al exministro de las frecuentes visitas del empresario al Ministerio de Transportes. Las acusaciones consideran que esas visitas son un indicio de la “interlocución privilegiada” lograda por el comisionista gracias al presunto pago sistemático de sobornos. 

Así lo evidenció el interrogatorio a Ana María Aranda, la que fuera secretaria personal de Ábalos en el Ministerio. La defensa del exministro incidió en a quién iba a ver fundamentalmente el empresario en esas visitas. La testigo afirmó que siempre veía a Aldama con el asesor y “nunca” con el ministro. En la misma línea, el que fuera jefe de gabinete del exministro, Ricardo Mar, afirmó a preguntas de Turiel que no presenció ninguna reunión entre Aldama y Ábalos en las dependencias del Ministerio de Transportes.

Sin embargo, el intento de Ábalos de presentar a su exasesor como un verso suelto que operaba a sus espaldas encontró una rápida respuesta. Leticia de la Hoz, abogada de Koldo García, contraatacó preguntando a la secretaria si ella podía recibir instrucciones “concretas y directas” de Koldo García que fueran en contra de las indicaciones del ministro. La respuesta negativa de la testigo apuntala la tesis de la defensa de Koldo: él no tenía autonomía de poder frente a su jefe.

Estas fricciones y el cruce de interrogatorios chocan frontalmente con el escenario que dibuja la Fiscalía Anticorrupción. Para la acusación no es posible aislar el paso de Aldama por el Ministerio de Transportes culpando exclusivamente al asesor. Según el Ministerio Público, Koldo García actuaba en la práctica como el “alter ego” de Ábalos. La Fiscalía sostiene que existía un “convenio criminal” con un cuidadoso reparto de papeles: el exministro aportaba la máxima autoridad y su influencia directa cuando era precisa, mientras que Koldo García era el “fiel transmisor” de las decisiones de su jefe, parapetándose habitualmente tras su figura. De hecho, la tesis del fiscal es que el exasesor actuaba “de facto como testaferro de su superior en las actividades delictivas”.

La tesis de que Ábalos desconocía los tratos de Koldo García con Aldama en los pasillos del Ministerio también es rebatida por los flujos de dinero. La Fiscalía da por acreditado que Aldama entregaba 10.000 euros mensuales en efectivo a Koldo García como peaje para garantizar su acceso a la Administración, y subraya que “tales entregas de efectivo a Koldo García fueron efectuadas en ocasiones en presencia de José Luis Ábalos, pues el importe (...) estaba destinado a ser repartido entre ambos”.

Además, según la investigación judicial, Ábalos también aparece como beneficiario directo de presuntas dádivas. Entre ellas, el pago del alquiler del piso de lujo de quien era su pareja, a la que también colocó en empresas públicas a las que no iba a trabajar; el uso de un chalé en la costa andaluza que fue elegido por él mismo y que sufragó la empresa de un socio de Aldama que tenía intereses en el sector de los hidrocarburos o las vacaciones en otro chalé de Marbella pagado con fondos proporcionados por el comisionista. 

El abismo al que se asoma Ábalos 

Con esta tesis acusatoria, y ante la posibilidad de una condena de 24 años de cárcel, es más que probable que el exministro no quiera asomarse a ese abismo penal de la mano de su 'chico para todo': lo lógico, y lo que explican fuentes jurídicas, es que la defensa de Ábalos trate de combatir la idea de que Koldo y el exministro conformaban una suerte de binomio inseparable. 

Así, la tesis de que Koldo García en su etapa en el Ministerio pudo tener 'vida propia' y por tanto desarrolló una actuación sustancialmente unilateral fundamentada en esa voluntad por ayudar a todo el mundo, es una baza que puede jugar Ábalos de cara a apartarse de asuntos que se han dirimido en el juicio, como el logro para la trama de los hidrocarburos de una reunión con el que fuera jefe de gabinete de Industria Juan Ignacio Díaz Bidart. 

Diferentes partes que participan en el proceso consideran que el propio Koldo García puede llegar a reconocer en su interrogatorio que no siempre actuó “con conocimiento del ministro”, tal y como sostiene la Fiscalía. Si bien otras fuentes consultadas apuntan a que eso es improbable porque el asesor se mantendrá en sus trece de no reconocer ni siquiera los mensajes de WhatsApp en los que se apoya la investigación de la UCO. Desde el inicio ha denunciado no haber tenido acceso a los mismos para poder hacer una pericia sobre su autenticidad. 

Pero, en caso de buscar esa separación de intereses, la defensa de Ábalos podría sostener en su informe que, en realidad, la relación estrecha era entre Aldama y Koldo García, y que esto lo habría aprovechado el empresario para corromper a un asesor que se dejaba querer. Asesor que, por otro lado, sabía que tenía influencia política porque, tal y como ha quedado claro en el juicio, todo el mundo entendía que hablaba por boca del ministro.

En todo caso, este fin de semana es crucial para las defensas de Ábalos y Koldo García porque tienen que trabajar en la estrategia de los últimos días. Así, ambos letrados pasarán tiempo en la cárcel de Soto del Real con sus clientes para preparar sus declaraciones y ahí puede llegar el momento de poner las cartas sobre la mesa. Esto puede abocar a una ruptura total entre ambos que les lleve a afrontar los días decisivos del juicio por separado y enfrentados. 

Clave en esa estrategia será el turno en el que cada defensa intervenga para hacer el informe definitivo ante los magistrados del Tribunal Supremo. Si ya se conocía que Ábalos declarará el último, ahora ha trascendido que su defensa también será la última en hacer su informe, lo que en caso de optar por alejarse de lo que hiciera o deshiciera Koldo García en el Ministerio puede ser una ventaja porque no habrá posibilidad de contrarréplica por parte de la letrada Leticia de la Hoz. 

Mientras, Aldama queda fuera de esta batalla porque, tras colaborar con el Ministerio Público confesando delitos e implicando al resto de acusados, no le queda más que esperar a que fructifique una posible rebaja aún mayor de la pena que piden para él. En juego está no llegar, ni siquiera, a pisar la cárcel.