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“Iré cuando termine... si no me quedo dormido” y otros problemas de votar en día laborable

17:51 h, 4 de mayo de 2021

“¿Votar?”, ríe Rubén —nombre ficticio— según llega con el carro lleno de barriles de cerveza a un Lizarrán del barrio de Salamanca. “Votar será cuando termine, si me queda tiempo y no me quedo dormido”. Viene cansado, sudando bajo ese sol de primeros de mayo que empieza a apretar. Las camareras latinas del local le señalan a él cuando preguntamos por cómo se han organizado la jornada electoral. “¿Me corresponden horas? Pues ni lo sabía”, carraspea. “Tendrá que ser después. Pero votaré, votaré”.

Es martes, es la una de la tarde y la plaza del WiZink Center (habilitado como centro de vacunación) está a rebosar. Las terrazas están hasta arriba de gente —sobre todo, gente mayor— bebiendo o comiendo algo después de votar. Para que los clientes disfruten del momento “a la madrileña” y en “libertad”, tiene que haber curritos que les sirvan, aunque también estén llamados a las urnas.

Una crónica de Analía Plaza.

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