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Analía Plaza

Periodista. Llevo seis años escribiendo sobre negocios, tecnología y los dos juntos en la revista Emprendedores. También he pasado por las tripas de una startup, minube y he colaborado con otros medios contando historias sobre música y viajes. Soy (muy fan) de Madrid pero ahora vivo entre Londres e internet.

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El empresario andaluz con mil 'riders' en nómina que reparte para Just Eat: "Si están contentos, el servicio será mejor"

La idea de que si un negocio no es rentable no debería existir quedó difuminada hace años, cuando los fondos de capital riesgo empezaron a financiar a empresas de tecnología bajo la premisa de que lo importante era adquirir usuarios primero y encontrar cómo sacarles beneficio después. Por aquel entonces, Gregorio López no sabía mucho del mundillo inversor pero sí del de la hostelería, donde trabajó durante catorce años: primero al frente de un restaurante familiar y más tarde como director de operaciones de las míticas cafeterías Nebraska en Madrid. 

"Ahí vi la necesidad. En la cafetería de Bravo Murillo teníamos servicio a domicilio y empecé a ver que en el futuro tendría sentido subcontratar el reparto. Cuando es tuyo tienes que asumir el absentismo, las caídas, los vehículos y un montón de cosas. Si externalizas, los costes se ven afectados para bien", explica desde Sevilla. "Se veía venir que algo iba a pasar con Nebraska, así que me lié la manta a la cabeza y a mediados de 2016 bajé a Andalucía a montarlo". En enero de 2017, pocos meses después, Nebraska se malvendió a un fondo de inversión y cerró. Pertenecía al grupo Luckia desde 2007.

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Cuando Madrid tuvo una ley de casas baratas y las constructoras la usaron hasta para hacer palacetes

"Todos los días de diario a las ocho de la tarde, el portero cierra las verjas de las calles Francos Rodríguez y Leñeros, en Tetuán, y el pasaje de Bellas Vistas queda blindado. Los coches nunca han podido pasar, pero desde 2009 las personas que van andando se ven obligadas a dar un rodeo por la calle Numancia hasta las ocho de la mañana del día siguiente, cuando las vuelve a abrir. Desde el pasado mes de junio, además, la situación se repite de lunes a viernes de una a tres del mediodía, porque el portero sale a comer y los vecinos no quieren que entre nadie.

Isabel García lleva más de diez años batallando contra el cierre de una calle que de la noche a la mañana apareció privatizada, para uso y disfrute exclusivo de los habitantes de los chalés de alrededor. "Cerraron y la gente protestó, pero no pasó nada", cuenta. "Vieron que funcionaba y que les venía fenomenal que no entraran coches. Pero cuando apareció el cartel diciendo que cerrarían los fines de semana dije: hasta aquí hemos llegado. Es un atropello a lo público. Me enfadé y empecé a recoger firmas".

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Google fulmina el negocio de un desarrollador indie español al considerar su cuenta "contaminada"

"La normativa dice que cuando un humano se ve sometido a una decisión tomada por una máquina, tiene derecho a saber en qué se basa la máquina". La frase es de Samuel Parra, un abogado especializado en Internet, y resume dos cosas: el artículo 71 del Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) y la agobiante situación en la que se ha visto en estas últimas semanas Pablo Martínez, un ingeniero español al que Google cerró la cuenta de la noche a la mañana y, con ella, las apps que le dan de comer.

"Estoy hundido", dice al teléfono. "Si no se soluciona, tendremos que cerrar".

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Los cementerios de bicicletas asiáticas brotan en España: "Se fueron con miles de euros sin pagar"

En Villaverde, al sur de Madrid, hay una nave con 3.000 bicicletas amarillas sin estrenar. En Navalcarnero, otra con alrededor de mil. En Valencia deben de ser más de 2.000. Y en el barrio del Pilar, 60. Son de las compañías asiáticas Ofo y oBike, que en apenas un año han tenido tiempo de entrar en España, desplegar miles de bicis en varias ciudades y desaparecer sin dejar rastro y sin pagar: ni a sus usuarios, que les dejaron fianzas de 50 euros, ni a los proveedores a los que alquilaban almacenes.

"Se han marchado y nos han dejado a deber 6.000 euros: 4.800 en mantenimiento y el resto de almacén, por el que pagaban 300 euros al mes. Los responsables nos dijeron que les habían despedido y se iban a otro lado. Llevan meses sin pagar y tenemos ahí 60 bicicletas guardadas. Están nuevecitas, ¿qué hago con ellas?", se lamenta Antonio Gálvez, dueño de Galytrans, una de las empresas subcontratadas por oBike.

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Caderas rotas, fracturas y traumatismos: los accidentes en patinete llegan a los hospitales

El pasado 29 de septiembre, un señor en coche atropelló a una chica en patinete en Zaragoza. Chocaron en la confluencia entre dos calles -Paseo María Agustín y Figueras Jariod- cuando el automóvil giró a la derecha e invadió el carril ciclista por el que circulaba el patín.

Quizá lo que más le dolió a Mercedes García, la atropellada, no fueron los quince días con la rodilla magullada y andando mal, sino que el conductor se rió y se dio a la fuga. "Nosotros íbamos recto. La prioridad la tienen peatones y bicicletas. Él se incorporó y, como iba a buscar a una señora en esa calle, frenó. Mi compañero lo esquivó, pero yo me estampé", cuenta. "Paró a recogerla, abrió el maletero y se echó unas carcajadas antes de marchar, mientras ella gritaba que éramos nosotros los que molestábamos, que íbamos como locos y que éramos unos inconscientes".

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Empresarios españoles patriotas, pero 'made in China': "Todas las firmas del mundo fabrican allí"

Javier Lamparero pertenece a la cuarta generación del negocio familiar. Su empresa, Transformados del Sur, nació en Córdoba en 1933 y renació en 2005, cuando pasó de transformar tejidos a diseñar sus propias prendas bajo la marca Spagnolo. "La confección en España era cada vez más complicada. Vendíamos tejidos, pero los confeccionistas desaparecían porque las grandes firmas, Zara o El Corte Inglés, se posicionaban", cuenta. "Creamos nuestra marca y diseños: todo es nuestro fabriquemos donde fabriquemos. Es un tema que no me asusta. Todas las firmas del mundo con cierto volumen fabrican en China".

La historia de Spagnolo se parecería a la de muchas empresas patrias si no fuera por dos pequeños detalles: su logotipo son dos banderas españolas cruzadas y su lema es "Comprometidos con lo nuestro: España". "Cuando decimos que nos sentimos patriotas es porque nos sentimos comprometidos con lo que el país aúna. Dentro de eso está la bandera", explica. Por el logotipo, además, estuvo nueve años enfrascada en juicios con otra empresa (Camisería La Española) y llegó a cobrar una indemnización de 125.000 euros, al determinar el Juzgado de lo Mercantil de Madrid que Spagnolo tenía derecho exclusivo a escribir las letras de la marca usando el patrón rojo-amarillo-rojo. Ni el término 'español' ni las banderas cruzadas le pertenecen, eso sí.

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2018: y el patinete tomó la ciudad

2018 ha sido un año disruptivo: los patinetes eléctricos de alquiler han llegado a las calles españolas y se han tenido que salir. Madrid echó en diciembre a tres empresas –Wind, Lime y Voi– y limitará los vehículos que operen: máximo 10.000 en toda la ciudad. Barcelona tardó dos días en quitárselos de encima y ya los tiene prohibidos. Zaragoza y Valencia –que mandó a la policía a recogerlos en septiembre, poco después de desembarcar– preparan normas similares a las de la capital: sacarán el servicio a licitación.

Uno de los lemas de los empresarios de Silicon Valley es que "es mejor pedir perdón que permiso", porque si sigues las normas establecidas tu startup jamás cambiará el mundo. Así, negocios multimillonarios como Uber o Airbnb aprovecharon zonas de sombra en la regulación para "escalar" (llegar a más gente) y quedarse con el mercado.

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El negocio de las neveras con comida para 'microinfluencers' en el Metro de Madrid

Cuando Mari salía en los descansos del trabajo este verano, bajaba a la estación de Nuevos Ministerios a recoger productos para probar. Abría una app, escaneaba un código QR, accedía a una taquilla y sacaba bases de pizza congeladas, gulas, yogures o brownies. "Y creo que ya no muchos más. Las taquillas son en frío, así que son solo productos refrigerados", cuenta. "Al principio ibas y estaban vacías. O llenas, porque al ser máquinas nuevas no estaban bien configuradas. Pero si eras legal, cogías tu pizza y de vuelta al curro". De vuelta al curro, subía la foto que se había hecho a Instagram, la etiquetaba con el hashtag ordenado por la empresa y escribía un pequeño párrafo con su experiencia.

Una compañía de Barcelona instaló el pasado mes de julio taquillas refrigeradas en dos estaciones del Metro de Madrid -Cuatro Caminos y Nuevos Ministerios- para que sus usuarios pasen a recoger muestras de comida gratuita a cambio de compartir su opinión en internet. La empresa, Kuvut, se define como "una plataforma de márketing participativo", que en otras palabras es el 'sampling' tradicional (una vieja estrategia de márketing que consiste en enviarte productos para que los pruebes) llevado a las redes sociales. Esto es, que no solo pruebas sino que también compartes. Antes, durante y después.

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El magnate israelí del juego que compra 130 pisos en los barrios pobres del sur de Madrid

A Wendy le acaban de subir el alquiler. Lleva un año viviendo con sus cuatro hijas en un bajo de Villaverde Alto, al sur de Madrid, y ha decidido no pagar los 562 euros que le cuesta hasta que no arreglen lo que pide: la caldera, que no funciona, la lavadora, que tampoco, las humedades, que hay en todas las paredes, y el plato de ducha, que está roto. "Me dijeron que pasarían a verlo hace tres meses. Y nada. Y encima me suben 12 euros: no mucho, pero sin avisar. Tendría que haber llegado una carta que no he recibido", asegura. "¿Lo han vendido sin notificarme y los nuevos dueños hacen el cargo a mi cuenta? He dejado de pagar a ver si me lo reparan. Mientras tanto, pago a la vecina por usar su lavadora".

A pocas calles de su casa viven Marina, Matías y Daniel. Comparten un piso de 70 metros cuadrados y tres habitaciones. Hasta hace dos meses, les salía por 450 euros en total. "Cambió de dueños. Recibimos una carta en la que decían que lo subían a 600 euros", dice Matías. "Lo asumimos entre los tres. Todos los alquileres están subiendo".

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Tres años de presupuestos participativos de Carmena: desencanto y frustración en colectivos vecinales

Hugo Povedano es vecino de Ciudad Lineal. En los presupuestos participativos para 2017 propuso asfaltar una calle dejada, sucia, sin aceras y que se usa como aparcamiento al aire libre desde los 90. "Me enteré de que el suelo era público y vi la oportunidad. El año anterior habíamos hecho la misma propuesta dos vecinos, no unieron los votos y no ganamos. Así que en 2017 repetí: cuando llegaban comentarios escribía al autor, creamos un grupo de Whatsapp y lo fuimos moviendo", explica. "Uno se encargó del márketing, otro de la web, pusimos carteles y salimos a recoger firmas".

Con 1.064 votos, su propuesta fue la más votada del distrito y una de las más votadas de Madrid. Le adjudicaron 1,3 millones de gasto, una cuarta parte del total de Ciudad Lineal. En julio de aquel año, el Ayuntamiento le invitó al evento en el que dan resultados y la destacó. "Estábamos súper contentos y motivados. Por fin nos iban a arreglar la calle", cuenta. Sin embargo, los meses pasaron y ni empezaban las obras ni Hugo tenía noticias de que fuera a suceder. En mayo de este año se cansó. "Viendo que no se ponían en contacto dijimos: ¿qué hacemos? Fuimos a la junta del distrito y empezamos a mover a teles y políticos".

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