Entrevista Exministro y eurodiputado del PP

José Manuel García-Margallo: “La Transición consagró la normalidad y ahora vivimos en la anormalidad”

José Manuel García Margallo (Madrid, 1944) no para. Su agenda de europarlamentario le impone estos días un ritmo frenético que lo lleva a enlazar un viaje a la isla griega de Creta con otro a Lesoto como observador internacional de las elecciones generales del país africano. Entre medias apenas pasa unas horas en su casa de Madrid y las dedica a conceder entrevistas sobre su último libro: 'España en su laberinto' (Almuzara, 2022), que escribe junto a Fernando Eguidazu y que se plantea como un análisis de los errores que, a su juicio, han dilapidado el legado de la Transición para convertir a España en un país peor. 

Una de las principales conclusiones de su libro es que, desde lo que usted llama “la Santa Transición”, cualquier tiempo pasado fue mejor en este país. 

Hasta 2003 nos fue muy bien. Era la España que entra en la Unión Europea, que entra en la OTAN, que entra en el euro, que desarrollamos las cumbres iberoamericanas, que organizamos los Juegos… Son años en los que España recupera la confianza en sí misma y eso ahora ya no existe. Lo que se hizo en la Transición fue normalizar. Lo dijo Suárez: hacer normal a nivel de ley lo que ya era normal a nivel de calle. Y así se logra la transición de una dictadura a una democracia liberal. La idea de ese tiempo es la normalidad y ahora estamos consagrando de nuevo la anormalidad. 

¿Entiende que haya generaciones de izquierdas que consideren que sus padres renunciaron a demasiadas cosas y que, en cierta, forma, queda parte de la Transición pendiente?

Esa es la tesis de Pablo Iglesias. 

No solo de Pablo Iglesias…

Según esa tesis, la Transición fue una operación de maquillaje para que las élites franquistas mantuvieran el poder disfrazadas de liberales y demócratas. También tenía esa visión Zapatero, pero es que Zapatero es mucho Zapatero…

Le dedica un buen número de páginas y lo dibuja casi como un político de extrema izquierda.

El problema es que, en 2003, Zapatero convierte al PSOE en un partido radical. El clima de entendimiento entre el PP renovado y el socialismo de Felipe González iba muy bien, pero Zapatero hace dos cosas: se queda con todo el poder en el PSOE deshaciéndose de los equilibrios internos con los que lidió Felipe y deja de ser un partido socialdemócrata en el sentido clásico para convertirlo en un partido radical, que es donde estamos ahora. Él decide capitanear a los colectivos que se han sentido en algún momento discriminados. Y eso es el feminismo superradical, el ecologismo superradical, el apoyo a las religiones minoritarias con la alianza de civilizaciones. Y, sobre todo, el gran drama de España: el modelo territorial. Él cree que la Transición es una operación que estuvo tutelada por los sables y que no se fue todo lo lejos que se debería haber ido. 

¿Y no le parece evidente que los sables influyeron en todo aquello? Hubo un intento de golpe de Estado, hubo asesinatos de la extrema derecha, ETA…

Yo estuve allí y no lo creo. 

Habla en el libro de la memoria democrática como uno de los elementos que, a su juicio, han venido a distorsionar la España de 1977. ¿Por qué países que también sufrieron dictaduras de extrema derecha como Alemania o Portugal sí pueden permitirse honrar a sus víctimas y a la memoria democrática y nosotros no?

No es verdad. No se lo han planteado en los mismos términos que aquí. En España se condenó el régimen de Franco en 2002 con Aznar de presidente…

Fue una declaración institucional en el Congreso.

Por unanimidad, ¿eh?

Hoy ni siquiera eso sería posible, desde luego.

No lo sé. El caso es que se condenó el franquismo y en cuanto a la ayuda de las víctimas es algo que todo el mundo apoya. 

Todo el mundo no. 

Bueno, es que esto es una época de anormalidad absoluta desde 2004 porque antes había dos partidos centrales y centrados que eran capaces de entenderse. Ahora revisar todo esto y decir que hasta Felipe González era franquista y que se revisa todo hasta 1983 es que es de aurora boreal. Yo entiendo perfectamente que se sacase a Franco del Valle de los Caídos porque era un símbolo de una época a la que nadie quiere volver.

Bueno, nadie, nadie…

Quiero decir que todo lo demás que se hace es deliberado para provocar la polarización de la sociedad. 

Pero no entiendo por qué honrar a las víctimas de la dictadura es polarizar a la sociedad. ¿No debería estar todo el mundo en eso?

No, si en eso estamos todos de acuerdo. 

No, todos no. 

Bueno, el PP sí. 

Rajoy dijo aquello de “cero euros” para la ley de memoria democrática.

Eso es distinto. Y lo que tendría que haber hecho es derogarla y honrar a las víctimas. El problema es la intención con que esto se está haciendo, que es impugnar todo lo que construimos desde el 1977. 

Aborda en el libro el fin del bipartidismo en España y sus causas. ¿Usted lo echa de menos?

Sí. 

No lo duda, es bipartidista militante. 

Absolutamente. Eso es la historia de España. Con la fragmentación siempre nos fue mal. 

¿No cree que haya traído nada bueno el fin del bipartidismo?

Estoy dispuesto a que me diga qué. 

Menos niveles de corrupción, por ejemplo. 

¿Ah, sí? Pues ahí estamos viendo el caso de los ERE…

El caso de los ERE fue con bipartidismo y, si me apura, con unipartidismo…

Eso es verdad, un partidismo hegemónico. Pero no creo que se pueda ligar corrupción con bipartidismo y honestidad con multipartidismo. Es una ecuación que no se sostiene. 

¿Cree que vamos, poco a poco, a la recuperación del bipartidismo?

Yo creo que sí. Es que ya se ha visto que no funciona. El Gobierno ha sacado las leyes más importantes de la legislatura por chiripa. Ha necesitado a un diputado nuestro que está en el mausoleo de los héroes del proletariado junto a Marx y Lenin para aprobar la reforma laboral, el decreto de fondos europeos lo sacó con Vox…Las grandes reformas que necesita este país no se pueden jugar a las chapas cada mañana. Lo que pasa es que estamos viviendo una situación muy compleja con coletazos de la crisis financiera, crisis del Covid, crisis de la guerra de Ucrania… Eso produce un desgaste de todos los gobiernos, de quien esté gobernando. Todo el mundo está dispuesto a votar en contra del Gobierno. El problema es: ¿a quién se vota? Ahí tienes una multiplicidad de ofertas que en el libro mencionamos que tiene que ver con la oferta televisiva, que aumenta la pluralidad de opiniones.

La pluralidad de opiniones significa más lío, ¿no?

Lo que es malo es la fragmentación que pretende mantener su opinión al cien por cien. En esa fragmentación, quien empieza a dominar intelectualmente la esfera son los extremos. El PSOE se desempeña mirando a lo que queda a su izquierda y nosotros mirando lo que pasa con Vox. Y eso está pasando en todo el mundo. Fragmentación y polarización. ¿En qué se traduce eso? Un caos, una ingobernabilidad absoluta. 

Y de las primarias ¿qué opina?

No tengo un gran entusiasmo por las primarias. 

A ustedes en el PP les salió regular. 

Pues sí, nos salió regular. Las primarias tienden a dividir mucho los partidos y a simplificar los mensajes. Parece que en esta política lo que no cabe en un tuit no vale. 

Me queda bastante claro leyendo el libro lo que opina de Zapatero y de Pedro Sánchez y también que siente admiración por González, Aznar y Rajoy. ¿Cuál sería su ranking de preferencia de estos tres últimos?

Cada uno vivió un momento histórico diferente. Pondría a los tres en el primer puesto. 

Le pregunto por Meloni. Usted que es europarlamentario y conoce bien a la extrema derecha europea, ¿cuál es su nivel de preocupación? ¿Son tan peligrosos como parecen?

El desorden siempre es peligroso. En esa coalición va a estar Salvini, que es prorruso. Yo creo que todo es muy peligroso. 

Hablando de la Transición. ¿Qué estado de salud percibe en la monarquía?

La Constitución habla de la unidad y de la permanencia de la patria y eso lo hace mejor la monarquía que la república. Y el valor que la monarquía aporta a nuestra política exterior es inmenso. Ha habido deterioro de la institución por comportamientos privados, eso es verdad. Pero el actual rey está gestionando una situación complicada con buena mano. Y sobre todo: la solución alternativa es infinitamente peor. No quiero ni pensar que Pedro Sánchez fuera presidente de la república. Esto ya sí que sería un aquelarre. 

¿Si fuera Felipe González sí le gustaría más?

Pues tampoco. Yo creo que el presidente no puede ser de un partido, tiene que representar al país en su totalidad. 

Se acaban de cumplir cinco años de la crisis independentista del 1 de octubre. ¿No le reconoce algún mérito al Gobierno actual sobre que la situación con el independentismo en Catalunya no tenga nada que ver a la de cuando ustedes gobernaban?

El procès fracasó porque no podía tener otro destino. Respecto al papel del Gobierno, había un general que decía que la paz siempre era posible porque bastaba con rendirse. Tú les dejas el aparato intacto desde el punto de vista de la educación, de los medios de comunicación, quitas los controles de financiación… Y ellos tienen un lema muy claro: hoy paciencia y mañana independencia. Por eso están encantados con Sánchez, porque están avanzando poco a poco hacia la independencia. 

Las encuestas dicen que cada día que gobierna Pedro Sánchez hay menos independentistas y que cada día que gobernaban ustedes había más. 

No es verdad. 

Lo reflejan todas las encuestas. 

A nivel parlamentario ERC, Junts y la CUP tienen mayoría…

Le hablo de gente a favor o en contra de la independencia. Y han bajado 20 puntos. 

Porque la independencia no es el problema ahora. 

Ah, vale. 

Yo creo de verdad que en esto estamos peor. 

¿Qué tiene que hacer Feijóo para llegar a ser presidente?

Lo que está haciendo. 

¿Esperar?

Es que no es verdad que esté haciendo eso. Ha propuesto cinco grandes pactos. Decir que no esté haciendo nada es faltar a la verdad.