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No usarás el nombre de la “discapacidad” en vano

Otra vez. Otro debate. Otras elecciones donde celebraremos la fiesta de la democracia. Por tantito no han coincidido con Halloween. Susto da, desde luego, el nivel de los señores candidatos a la presidencia. Truco o trato. Pues mucho de truco y poco de trato, me temo. El concepto de “trato” que manejan no va más allá de “ustedes vótennos, que ya veremos lo que hacemos”. Lo importante es que voten para que salgan las cuentas. Las de formar gobierno. De las otras, las que nos tocan el bolsillo aún no tocan.

Y yo esperando a que alguno hablara de la discapacidad… Más que nada por ver si decían algo distinto. Un bloque, otro bloque, otro más… Me gustó que estuvieran permitidas las interrupciones. Lo hace más… debate. O por lo menos lo asemeja en las formas. Ellos, en el fondo, son monologuistas. Algunos, de los malos; porque solo saben ceñirse al papel. Otros, reiterativos hasta el aburrimiento.

Dependencia. ¿Han dicho dependencia? Falsa alarma… Solo formaba parte de una enumeración de las palabras que siempre quedan bien en un discurso… A saber: igualdad, dependencia, diversidad, mujer,… Nada, nada. Otro bloque… ¿Y la discapacidad? No se la ve… (Ni se la espera). Bueno, claro, es normal que yo no la vea… Normal, claro… ¡Dependencia! Falsa alarma de nuevo. Volvían a nombrarla como aderezo de discurso insustancial. Otro bloque y seguimos esperando. Un par de alusiones, aunque sin entrar en materia… “minusválido” y “discapacitado”. Según las Naciones Unidas, lo correcto es el término “personas con discapacidad”.

Fin del debate.

A los cuatro millones de personas con discapacidad y a sus familias los señores candidatos a la presidencia no tuvieron nada que decirles. No usarás el nombre de la discapacidad en vano. Anda que no. Ni en vano ni en vana.