Documentan la primera ‘guerra civil’ entre chimpancés: “Mataban a miembros de su antiguo grupo”
El grupo más grande de chimpancés en libertad conocido por la ciencia se dividió permanentemente en 2018. John Mitani y un amplio equipo de investigadores locales estaban en el Parque Nacional Kibale, en Uganda, para documentar lo que sucedió a continuación: las dos nuevas comunidades de chimpancés Ngogo—occidental y central— dividieron su territorio y empezaron a matarse entre ellos.
Los hallazgos, basados en 30 años de observaciones de comportamiento, se detallan este jueves en un estudio publicado en la revista Science, liderado por el propio Mitani y firmado en primer lugar por Aaron Sandel. Entre 2018 y 2024, los autores registraron una sucesión de ataques letales del grupo occidental contra miembros del grupo central, que acabaron con varios machos adultos y se extendieron a infanticidios frecuentes, con un promedio de varias muertes por año.
Los investigadores piden cautela a la hora de emplear el término “guerra civil”, aunque ellos mismos lo citan varias veces en su trabajo. “Desaconsejo a cualquiera que lo llame guerra civil”, dice Sandel. “Pero la polarización y la violencia colectiva que hemos observado en estos chimpancés pueden darnos una idea de nuestra propia especie”. Como experto, lo más impactante fue ver cómo las nuevas identidades grupales estaban suplantando las relaciones de cooperación que habían existido durante años. “Los chimpancés estaban matando a antiguos miembros del grupo”, recalca.
Lo que resulta especialmente llamativo es que los chimpancés están matando a antiguos miembros del grupo
La crisis se remonta a 2015, cuando el equipo ya observó signos de polarización en los subgrupos occidental y central, que se evitaban cada vez más. Este cambio coincidió con una modificación en la jerarquía de dominancia masculina y se produjo un año después de la muerte de varios machos adultos que podrían haber actuado como nexo de unión para la comunidad. A partir de aquel momento, los chimpancés que habían cooperado y forjado lazos durante mucho tiempo se volvieron unos contra otros tras la división, lo que indica que la identidad grupal puede redefinirse más allá de la mera familiaridad.
Viejos amigos enfrentados
Los autores señalan que el verdadero impacto de esta violencia probablemente sea mayor que el observado, ya que muchos individuos desaparecieron sin causa aparente, lo que sugiere ataques adicionales no registrados. “Por lo general, los enfrentamientos que grabamos solo implican gritos, persecuciones y tal vez alguna bofetada, pero a veces los ataques se vuelven letales”, explica Sandel a elDiario.es. “Los chimpancés sujetan a sus víctimas, las muerden, las golpean, las patean, las arrastran y las golpean. Suele durar entre 10 y 15 minutos. Las heridas suelen ser mortales, pero normalmente el chimpancé logra escapar caminando y muere al cabo de un día o dos”.
En las grabaciones que han realizado se ve un enfrentamiento entre los grupos Oeste y Central en 2021 sin víctimas mortales. “Los chimpancés occidentales incluso se retiraron y los chimpancés centrales se reagruparon y patrullaron hacia el grupo occidental, donde se produjo otro enfrentamiento”, relata el autor principal. En otro vídeo se ve a dos machos adultos, Garrison y Morton, dados de la mano. “Unos años después de que se grabara ese vídeo, se encontrarían en bandos opuestos tras la división. Morton murió en 2024. Garrison no estaba allí, pero otros chimpancés con los que había colaborado lo mataron”.
Una división cada 500 años
¿Qué desató este conflicto y en qué se parece a las guerras humanas? Los investigadores sugieren que factores como el tamaño inusualmente grande del grupo, la competencia por el alimento y la reproducción, la muerte de individuos clave, los cambios de liderazgo y las enfermedades pueden haber desestabilizado los lazos sociales y contribuido a la división. En muchas especies de primates, los grupos grandes se dividen regularmente en grupos más pequeños, pero las divisiones permanentes son extraordinariamente raras. La evidencia genética sugiere que ocurren aproximadamente una vez cada 500 años.
El único caso reportado anteriormente tuvo lugar en la década de 1970 en Gombe, Tanzania, durante el estudio a largo plazo de Jane Goodall, pero ese caso no es equivalente y ha sido objeto de debate, en parte porque los chimpancés allí fueron alimentados por los investigadores.
Los autores describen sus hallazgos como un desafío a la hipótesis de que la guerra humana, incluida la guerra civil, está impulsada principalmente por marcadores culturales de identidad grupal, como las diferencias étnicas o religiosas. “Si la dinámica relacional por sí sola puede generar polarización y conflictos letales en chimpancés sin lenguaje, etnia ni ideología, entonces en los humanos, esos marcadores culturales podrían ser secundarios a algo más fundamental”, afirma Sandel. “Si esto es cierto, entonces podríamos tener el potencial de reducir los conflictos sociales en nuestra vida personal, y eso me da esperanza. Como concluye nuestro estudio, es posible que en los pequeños actos cotidianos de reconciliación y reencuentro entre individuos encontremos oportunidades para la paz”.
¿Guerra civil o colapso ecológico?
Miquel Llorente, primatólogo de la Universidad de Girona, cree que los autores documentan con una precisión asombrosa el “cómo” y el “cuándo” de la ruptura, pero el “porqué” real sigue siendo una incógnita envuelta en correlaciones estadísticas. “Se apunta a la muerte de líderes o al tamaño excesivo del grupo, pero cabe otra lectura: el colapso de un equilibrio ecológico”, asegura a elDiario.es. “Quizás no estamos ante una decisión social de separarse, sino ante un escenario donde el coste energético de mantener a 200 individuos (algo más que extraño y poco frecuente en chimpancés) superó los beneficios de la cooperación. Quizá era la crónica de una muerte anunciada”.
Etiquetarlos como ‘ejércitos en guerra civil’ puede distorsionar nuestra comprensión de su etología. Esto no es una película del Planeta de los Simios
Llorente coincide en que hay un riesgo evidente al usar el término “guerra civil”, una etiqueta que le parece resbaladiza. “Etiquetarlos como ‘ejércitos en guerra civil’ puede distorsionar nuestra comprensión de su etología, simplificando un proceso complejo de ruptura de lazos individuales. Esto no es una película del Planeta de los Simios”. En su opinión, lo que Ngogo nos enseña realmente es que la cohesión social no es un estado por defecto, sino un proceso frágil que requiere un mantenimiento constante. “El paralelismo con los humanos es innegable en lo biológico, pero lo verdaderamente relevante es entender los mecanismos cognitivos que compartimos”, explica. “La paz, tanto en su especie como en la nuestra, parece ser un trabajo diario de gestión de conflictos que, cuando se descuida, o no se puede gestionar con las estrategias adecuadas, termina en tragedia”.
Los engranajes de la paz
Ana Fidalgo, etóloga y presidenta de la Asociación Primatológica Española, recuerda que Jane Goodall documentó en Gombe en los años 70 cómo una comunidad de chimpancés podía dividirse en dos y desembocaba en conflictos graves. “Aquello fue pionero y cambió para siempre nuestra visión de esta especie, pero la gran diferencia es que aquí hablamos de otra escala y otro nivel de detalle”, señala. Para la especialista, haber documentado este distanciamiento progresivo hasta que se forman dos grupos claramente separados es muy relevante. “La violencia no aparece de repente, sino que es la consecuencia final de ese proceso, y se dirige contra antiguos compañeros de grupo, algo muy poco habitual desde el punto de vista del comportamiento animal”, asegura.
La lección no es que la violencia sea inevitable, sino justo la contraria: que cuando se cuidan activamente los vínculos, la reconciliación y el reencuentro
Sobre el parecido con los humanos, asegura que es importante no hacer comparaciones demasiado directas. “Los chimpancés no tienen ideologías, religiones, sistemas políticos ni discursos simbólicos como los que estructuran los conflictos humanos”, asegura. “Por eso no se puede decir que este conflicto sea equivalente a una guerra civil humana”. Lo que hace interesante este estudio, a su juicio, es que muestra que la polarización extrema y la violencia pueden surgir sin esos elementos, únicamente a partir del deterioro progresivo de las relaciones sociales.
“Cuando eso ocurre, antiguos compañeros pasan a ser tratados como enemigos”, señala. “Y aquí aparece un mensaje clave que a veces se pierde: para los propios chimpancés, la resolución de conflictos es fundamental. Estos mecanismos son esenciales para mantener la cohesión del grupo. En ese sentido, la lección no es que la violencia sea inevitable, sino justo la contraria: que cuando se cuidan activamente los vínculos, la reconciliación y el reencuentro, tanto en chimpancés como en humanos, se reduce el riesgo de que las divisiones se vuelvan irreversibles”.
Comprender la dimensión ecológica y relacional de los conflictos no los justifica, pero quizá sí pueda ayudarnos a prevenirlos mejor
Antonio José Osuna Mascaró, doctor en Biología y especialista en comportamiento animal, coincide en que simplificar el comportamiento de otras especies también puede ser problemático, pero sí cree que es una oportunidad para reflexionar sobre los mecanismos sociales que subyacen al conflicto. “Aunque las guerras humanas estén adornadas con símbolos, banderas, discursos e ideologías, en último término también somos parte de un ecosistema social y material”, asegura. “Las oportunidades y las tensiones acumuladas también pueden empujar los acontecimientos en una u otra dirección. Comprender la dimensión ecológica y relacional de los conflictos no los justifica, pero quizá sí pueda ayudarnos a prevenirlos mejor”.