España incumple sus propios límites de emisión de amoniaco desde hace 10 años por el 'boom' de las macrogranjas

El auge de las macrogranjas que ha multiplicado la producción de cerdo en España ha hecho que el país incumpla desde hace más de diez años el límite de emisiones a la atmósfera de amoniaco. El año pasado, a pesar de entrar en vigor un nuevo techo, más permisivo, las emisiones de este contaminante crecieron respecto a 2019 y rebasaron, otra vez, el umbral máximo comprometido.

La guerra de los cerdos y lo que nos dice sobre la política española

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En 2020 España lanzó al aire 483 kilotoneladas de amoniaco, según el último Inventario Nacional de Emisiones a la Atmósfera culminado al cierre de 2021. Fueron 12 kilotoneladas más que el año anterior y una cifra que está por encima del tope marcado por la directiva europea de reducción de emisiones nacionales situado en 467kt.

Estos datos sobre el incumplimiento sostenido de España llegan mientras el PP hace de la producción cárnica el ariete de su precampaña electoral en Castilla y León, al aprovechar la tergiversación de unas declaraciones del ministro de Consumo, Alberto Garzón, sobre las diferencias entre la ganadería intensiva de macrogranjas y la extensiva.

Los presidentes autonómicos del PSOE, Javier Lambán (Aragón) y Emiliano García-Page (Castilla-La Mancha) han cargado también duramente contra Garzón. La portavoz del Ejecutivo, Isabel Rodríguez, señaló que el ministro Garzón había hablado a “título personal”. Ni siquiera el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha auxiliado al responsable de Consumo de su gabinete: se limitó a “lamentar la polémica” –y las declaraciones de Garzón– durante una entrevista este lunes en la Cadena SER.

Tendencia contraria

Sánchez destacó la labor de su Ejecutivo para regular la actividad de las macrogranjas. Sin embargo, lejos de reducir las emisiones como exige la normativa, España incrementó en el último año del que existen datos el amoniaco que liberó con sus sectores ganadero y agrícola. En un curso se comió toda la pequeña reducción de cuatro kilotoneladas que había conseguido acumular desde 2017. Entre 2010 y 2019, la normativa europea marcaba un tope de emisión de 373 kilotoneladas. Jamás se cumplió. El Gobierno español reiteraba durante varios ejercicios que consideraba injusto este valor: “Desde el año 2017 se solicitó un ajuste de las emisiones de amoniaco para evaluar el cumplimiento adecuadamente, pero fue rechazado por la Comisión Europea”, repetían los documentos gubernamentales.

Para 2020 entraron en vigor unos nuevos cálculos que, a la postre, marcan un techo mucho más alto. Desde ese año hasta 2029 bastará con que las emisiones anuales de amoniaco sean un 3% menores que las de 2005 (elegido como año de referencia). Ese ejercicio se lanzaron 482 kt, por lo que el umbral quedaba fijado en 467 kt. Pero tampoco ha valido para que el sector contenga la contaminación por debajo del compromiso nacional. En lugar de recortar ese 3% preceptivo ha superado en un 0,2% la marca de 2005, y en un 11% los valores de 2010.

Un informe del Ministerio de Transición Ecológica explica que de estas emisiones “el 96,7% fueron generadas por las actividades agrícolas y ganaderas”. También que “desde 2013 se observa un paulatino aumento de las emisiones, vinculado al incremento de la cabaña ganadera y un repunte en el uso de fertilizantes”. En 2020 también aumentó el uso de agroquímicos inorgánicos, añade.

Solo las macrogranjas de porcino son responsables del 8,16% del total de las emisiones de amoniacos de todo el país, con 39.477 toneladas. Son unos 3.000 establecimientos de las más de 88.000 explotaciones de porcino del país.

Este nivel de emisión de tóxico es uno de los peajes ambientales que ha conllevado la escalada de producción porcina en España a base de granjas de sistema intensivo cada vez más grandes. En los años de incumplimiento de los techos de amoniaco, el censo de la cabaña de cerdos ha saltado de 25 a 32 millones de animales, un 28% más. Los ejemplares sacrificados pasaron de 40,8 millones en 2010 a 56,4 millones el año pasado (un 38% más). Todo eso ha permitido alcanzar una producción de más de 5 millones de toneladas de carne de cerdo en 2020 en comparación con los 3,3 millones de toneladas de hace diez años (un 52% más).

En España, solo en 2020, había registradas más de 2.100 explotaciones de tipo III de porcino, las más grandes, según los datos del Ministerio de Agricultura. Un 50% más que en 2007. Cada una puede tener hasta 5.500 ejemplares de cebo y 750 hembras reproductoras. E incluso pueden aumentar en un 20% su capacidad con un permiso autonómico.

En febrero de 2020 el Gobierno aprobó un decreto para regular las explotaciones intensivas de porcino. La regulación redactada por el Ministerio de Agricultura incluía medidas para la reducción de emisiones tanto en las instalaciones donde se albergan los animales como los depósitos de estiércol. El decreto explica que los requisitos en esta materia entrarán en vigor en enero de 2023.  

Información elaborada con la colaboración de Datadista

El auge de las macrogranjas que ha multiplicado la producción de cerdo en España ha hecho que el país incumpla desde hace más de diez años el límite de emisiones a la atmósfera de amoniaco. El año pasado, a pesar de entrar en vigor un nuevo techo, más permisivo, las emisiones de este contaminante crecieron respecto a 2019 y rebasaron, otra vez, el umbral máximo comprometido.

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En 2020 España lanzó al aire 483 kilotoneladas de amoniaco, según el último Inventario Nacional de Emisiones a la Atmósfera culminado al cierre de 2021. Fueron 12 kilotoneladas más que el año anterior y una cifra que está por encima del tope marcado por la directiva europea de reducción de emisiones nacionales situado en 467kt.

Estos datos sobre el incumplimiento sostenido de España llegan mientras el PP hace de la producción cárnica el ariete de su precampaña electoral en Castilla y León, al aprovechar la tergiversación de unas declaraciones del ministro de Consumo, Alberto Garzón, sobre las diferencias entre la ganadería intensiva de macrogranjas y la extensiva.

Los presidentes autonómicos del PSOE, Javier Lambán (Aragón) y Emiliano García-Page (Castilla-La Mancha) han cargado también duramente contra Garzón. La portavoz del Ejecutivo, Isabel Rodríguez, señaló que el ministro Garzón había hablado a “título personal”. Ni siquiera el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha auxiliado al responsable de Consumo de su gabinete: se limitó a “lamentar la polémica” –y las declaraciones de Garzón– durante una entrevista este lunes en la Cadena SER.

Tendencia contraria

Sánchez destacó la labor de su Ejecutivo para regular la actividad de las macrogranjas. Sin embargo, lejos de reducir las emisiones como exige la normativa, España incrementó en el último año del que existen datos el amoniaco que liberó con sus sectores ganadero y agrícola. En un curso se comió toda la pequeña reducción de cuatro kilotoneladas que había conseguido acumular desde 2017. Entre 2010 y 2019, la normativa europea marcaba un tope de emisión de 373 kilotoneladas. Jamás se cumplió. El Gobierno español reiteraba durante varios ejercicios que consideraba injusto este valor: “Desde el año 2017 se solicitó un ajuste de las emisiones de amoniaco para evaluar el cumplimiento adecuadamente, pero fue rechazado por la Comisión Europea”, repetían los documentos gubernamentales.

Para 2020 entraron en vigor unos nuevos cálculos que, a la postre, marcan un techo mucho más alto. Desde ese año hasta 2029 bastará con que las emisiones anuales de amoniaco sean un 3% menores que las de 2005 (elegido como año de referencia). Ese ejercicio se lanzaron 482 kt, por lo que el umbral quedaba fijado en 467 kt. Pero tampoco ha valido para que el sector contenga la contaminación por debajo del compromiso nacional. En lugar de recortar ese 3% preceptivo ha superado en un 0,2% la marca de 2005, y en un 11% los valores de 2010.

Un informe del Ministerio de Transición Ecológica explica que de estas emisiones “el 96,7% fueron generadas por las actividades agrícolas y ganaderas”. También que “desde 2013 se observa un paulatino aumento de las emisiones, vinculado al incremento de la cabaña ganadera y un repunte en el uso de fertilizantes”. En 2020 también aumentó el uso de agroquímicos inorgánicos, añade.

Solo las macrogranjas de porcino son responsables del 8,16% del total de las emisiones de amoniacos de todo el país, con 39.477 toneladas. Son unos 3.000 establecimientos de las más de 88.000 explotaciones de porcino del país.

Este nivel de emisión de tóxico es uno de los peajes ambientales que ha conllevado la escalada de producción porcina en España a base de granjas de sistema intensivo cada vez más grandes. En los años de incumplimiento de los techos de amoniaco, el censo de la cabaña de cerdos ha saltado de 25 a 32 millones de animales, un 28% más. Los ejemplares sacrificados pasaron de 40,8 millones en 2010 a 56,4 millones el año pasado (un 38% más). Todo eso ha permitido alcanzar una producción de más de 5 millones de toneladas de carne de cerdo en 2020 en comparación con los 3,3 millones de toneladas de hace diez años (un 52% más).

En España, solo en 2020, había registradas más de 2.100 explotaciones de tipo III de porcino, las más grandes, según los datos del Ministerio de Agricultura. Un 50% más que en 2007. Cada una puede tener hasta 5.500 ejemplares de cebo y 750 hembras reproductoras. E incluso pueden aumentar en un 20% su capacidad con un permiso autonómico.

En febrero de 2020 el Gobierno aprobó un decreto para regular las explotaciones intensivas de porcino. La regulación redactada por el Ministerio de Agricultura incluía medidas para la reducción de emisiones tanto en las instalaciones donde se albergan los animales como los depósitos de estiércol. El decreto explica que los requisitos en esta materia entrarán en vigor en enero de 2023.  

Información elaborada con la colaboración de Datadista

El auge de las macrogranjas que ha multiplicado la producción de cerdo en España ha hecho que el país incumpla desde hace más de diez años el límite de emisiones a la atmósfera de amoniaco. El año pasado, a pesar de entrar en vigor un nuevo techo, más permisivo, las emisiones de este contaminante crecieron respecto a 2019 y rebasaron, otra vez, el umbral máximo comprometido.

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En 2020 España lanzó al aire 483 kilotoneladas de amoniaco, según el último Inventario Nacional de Emisiones a la Atmósfera culminado al cierre de 2021. Fueron 12 kilotoneladas más que el año anterior y una cifra que está por encima del tope marcado por la directiva europea de reducción de emisiones nacionales situado en 467kt.