Melerus, el 'bichero' que sigue los pasos de Félix Rodríguez de la Fuente y quiere salvar al alzacola rojizo
Hondas son las raíces que tejen el tallo de la afición por la conservación natural en Melerus. “Desde que tengo uso de razón me han gustado los animales. A mi abuelo también le encantaban. De pequeño hacíamos cajas nido juntos y curábamos a las aves que nos encontrábamos heridas”, recuerda este joven de 27 años. Pero si algo llegó a marcar su camino, fue ver El hombre y la tierra, el mítico programa comandado por Félix Rodríguez de la Fuente, con quien algunos de sus seguidores ya le comparan. Y no solo por el contenido, sino por la forma. “Me llama la atención cómo conseguían las tomas, y es que a mí me gusta tanto la naturaleza como la creación audiovisual”, añade.
Ese mejunje perfecto, amasado durante horas frente al televisor viendo documentales de animales y naturaleza en lugar de dibujos animados, ha eclosionado en el buen hacer que Melerus muestra en sus redes sociales, con una comunidad de casi dos millones de seguidores en TikTok, cuyos vídeos han recibido unos 45 millones de likes, más de cinco millones de suscriptores en YouTube y 812.000 seguidores en Instagram. Aunque este creador de contenido ya había hecho sus pinitos en el sector, fue a partir de la pandemia cuando se empezó a abrir una brecha que a día de hoy se ha materializado en dos grandes proyectos que, según idea, podrá llegar a replicar a mayor escala y a nivel internacional.
El disfrute de Melerus por el avistamiento de animales quedó patente en lo que él denomina su primera fase. “Me gustaba grabarles, incluso viajaba a otras partes del mundo para hacerlo”, apunta. Sin embargo, consciente de la responsabilidad que tiene para con sus seguidores, su interés viró hacia la conservación, la segunda fase. “Lo que no quería es que esto se convirtiera en un show en el que yo iba en la búsqueda de animales”, completa. Así ha encontrado lo que realmente le gusta y le llena. Nunca ha estado tan feliz, asegura.
Ese estado de emoción y consciencia sobre la importancia de conservar la fauna y flora del territorio le llevó a dar un paso más: creó una mini reserva natural. “Compré una finca en Castilla-La Mancha, ya naturalizada, muy silvestre. Así nadie la podrá utilizar para otra cosa más que para mejorarla”, incide. Se trata de su primer proyecto de biodiversidad, en cuyas 1,5 hectáreas pretende conservar las especies existentes y potenciar la atracción de otras que ya no están por la degradación natural del lugar. “También estudiamos la fauna. Hemos hecho anillamientos en la finca para hacer seguimiento de las aves”, ejemplifica.
De esta forma, Melerus ha logrado granjearse un campo de grabación sin igual, en el que puede dar a conocer cómo avanza la finca, se desarrollan las plantas o nuevos animales la toman como zona de esparcimiento y cría. Miles de usuarios que le siguen apoyan el proyecto, le impulsan a continuar y defienden verdaderamente que el contenido de Melerus es el que debería predominar en las redes.
Un viñedo para el alzacola rojizo
No es el único proyecto que el divulgador tiene entre manos. Hace tiempo que sigue al alzacola rojizo, un ave cuya población ha descendido en un 94% en las últimas dos décadas. “Yo estaba en contacto con una asociación de Los Palacios y Villafranca, en Sevilla, que se dedica a conservar la naturaleza del estuario de las marismas del Guadalquivir. Me hablaron de ello y me lancé a comprar una finca con un viñedo tradicional”, relata.
No es casualidad que se haya decantado por una zona con este tipo de cultivo. El incremento del peligro de extinción del alzacola rojizo está ligado a los cambios agrícolas. “La moda en la agricultura es el olivar intensivo, lo que exige muchos recursos de agua y productos fitosanitarios. Es un cambio tan rápido del uso del suelo agrícola que muchas especies no tienen tiempo para adaptarse”, explica. El alzacola rojizo, especializado en anidar en olivares y viñedos tradicionales, se queda sin lugares en los que vivir.
Asimismo, recalca que “también hay que alzar la voz por estos animales, quizá no tan llamativos como los linces o las águilas reales, pero que también están en peligro de extinción”. Para Melerus, la naturaleza es como un puzle en donde cada pieza es un personaje del ecosistema. “Si quitas una pieza, ese lugar será ocupado por otras especies más generalistas, como urracas o ratas. Si quitas un animal especializado, vendrá otro que se adapta mejor a los cambios, y eso es lo que llamamos plagas. Por eso es tan importante conservar todas estas piezas y mantener el equilibrio”, desarrolla.
La finca de Melerus, ubicada entre Utrera y Los Palacios y Villafranca, es un agrosistema pensado únicamente para que el alzacola rojizo encuentre un lugar en el que vivir. “Es un olivar tradicional que seguiremos trabajando en ecológico, minimizando los tratamientos y adaptando el cuidado de las viñas para que el alzacola esté lo más cómodo posible”, sostiene. Además, llenarán una parte de la finca sin viñas de especies de plantas aromáticas que puedan atraer a insectos para que en la época de cría el ave tenga alimento. Todo ello le dará la oportunidad de hacer un seguimiento exhaustivo de la especie.
En este caso, la parte audiovisual también juega un papel clave. “Con pocos vídeos, hemos conseguido que millones de personas sepan poner cara y qué ocurre con el alzacola rojizo. Era un animal que ni siquiera los bicheros, como nos autodenominamos, conocíamos muy bien”, aclara. Como ya comentaba antes, la biodiversidad es un puzle: “Hablas con cualquier viticultor tradicional y te dice que es una pena que se esté perdiendo. Es un animal que se come orugas, saltamontes, todo lo perjudicial para las viñas. Nuestra intención es que termine incluido en el listado de especies protegidas a nivel nacional”.
Una fundación para internacionalizar las iniciativas
Junto a otras dos personas, Melerus quiere escalar su afán por llamar la atención sobre el peligro que corre la conservación natural antes de que suceda cualquier desastre, en sus palabras. El próximo paso es la creación de una fundación en la que canalizar la ayuda que le intentan brindar sus seguidores y donde todo el patrimonio esté atado y sujeto al desempeño de acciones e iniciativas ligadas estrictamente a la conservación con un ojo puesto en su internacionalización.
Pero las batallas se suceden. Tanto las fuerzas de Melerus como las de sus colegas creadores de contenido están puestas en la defensa de las Lagunas de Ambroz, en el distrito de San Blas-Canillejas de Madrid. “Es un entorno natural de 700 hectáreas que puede verse reducido por una empresa minera y un gran proyecto urbanístico que amenazan muchas especies singulares en una zona ya de por sí sobresaturada”, describe. Mantener la zona tal y como está supondría la creación de una nueva Casa de Campo en el sureste de la región madrileña que podría unirse a un corredor ecológico con las riberas del Henares y el Jarama.
El otro ecosistema: las redes sociales
Como suele ocurrir, no siempre las redes son un espacio sano y agradable que ocupar. “La mayoría de los comentarios negativos que recibo son absurdos y sin fundamento. Al principio sí me costaba sobrellevarlo”, reconoce este joven. En otras ocasiones, las respuestas críticas le han hecho ver que estaba errado: “Y ahí le respondes dándole la razón, haces un vídeo como respuesta o borras el vídeo porque era un error garrafal”.
Con todo y con eso, Melerus admite que está en el mejor momento de su vida. “Más motivado que nunca”, exclama. Lo lleva en su nombre: Germán López Melero, donde el segundo apellido es de aquel abuelo con el que dio sus primeros pasos en este mundo del cuidado y la conservación natural y porque uno de sus animales favoritos es el tejón melero. Cursó el primer cuatrimestre de ingeniería aeroespacial, se graduó en derecho y, finalmente, se decantó por la divulgación. “Hago lo que más me gusta y veo que a la gente le flipa. Cuando veo que los niños me hablan tan motivados en los eventos y las charlas, veo que este es el camino correcto”, finaliza.