Qué ha pasado en la Universidad de Cornell: una estudiante denunció a siete hombres por agresión sexual y nadie le hizo caso, hasta ahora
Ocurrió hace dos años, pero es ahora cuando el asunto ha cobrado relevancia y se ha convertido en un escándalo. Hace unas semanas, una mujer, que había sido alumna de la Universidad de Cornell, en Estados Unidos, interpuso una denuncia contra siete estudiantes por violación, pero también contra la hermandad que agrupaba a los jóvenes y contra el propio centro educativo y otras organizaciones por inacción y negligencia. Porque la primera denuncia que interpuso la mujer data de noviembre de 2024 y el resultado fue prácticamente nulo. La nueva acción judicial de esta mujer, que tuvo que abandonar la universidad por el impacto que la agresión y el proceso posterior tuvo en ella, ha sacado a la luz, una vez más, la impunidad de la violencia sexual y la violencia institucional que, por acción u omisión, acaban sufriendo muchas víctimas. A pesar de su denuncia de 2024, la Fiscalía no investigó los hechos y el expediente impulsado por la universidad tuvo distintas consecuencias para los agresores, desde la expulsión temporal hasta hacer cursos y ensayos para reflexionar sobre lo sucedido, pero se desconoce la manera en la que ayudaron a la víctima.
¿Qué ocurrió y dónde? El lugar de los hechos es la Universidad de Cornell, en el estado de Nueva York, uno de los centros que forma parte de la Ivy League, el grupo de las ocho universidades de élite de EEUU. En octubre de 2024, una mujer que entonces tenía 20 años y que ha sido identificada como Jane Doe (el pseudónimo utilizado allí para proteger la identidad de mujeres involucradas en casos relevantes) sale de un bar en el que ha estado bebiendo y se dirige a la hermandad Chi Phi, donde va a encontrarse con un amigo en medio de una fiesta. La mujer llega ya borracha y él, con quien inicia un encuentro consentido, le ofrece más bebida. El chico la lleva a un lugar más apartado, donde hay otro hombre. Los dos comienzan a consumir ketamina y a presionarla a ella para que consuma y tenga sexo con los dos. Para entonces, Jane Doe se encontraba con una importante merma de sus facultades que le impedía expresar su voluntad y consentir.
Los documentos a los que ha accedido The New York Times y The Associated Press muestran que uno de esos dos hombres envió un mensaje a un grupo que la fraternidad tenía en la plataforma Snapchat en el que escribió “coño gratis arriba”. Otros hombres llegaron a la habitación y, a pesar de que la mujer estaba en un estado de grave intoxicación, siguieron forzándola a consumir drogas y tener sexo hasta bien entrada la madrugada, cuando ella quedó exhausta.
¿Qué pasó después? La mujer quedó en estado en shock y tardó días en nombrar lo sucedido como una agresión sexual. Unas dos semanas después, con apoyo de amigas, Jane Doe decidió interponer una denuncia ante la policía privada de la Universidad de Cornell. Con la amplia declaración de la mujer y otras averiguaciones elaboraron un informe de 120 páginas, pero a la Fiscalía solo enviaron un resumen de seis. El fiscal del distrito del condado de Tompkins, Matthew Van Houten, revisó esta denuncia y decidió no presentar cargos penales porque entendía que no había pruebas de que aquello hubiera sido una agresión y no sexo consentido. La Fiscalía no inició una investigación propia, no aceptó revisar más material en poder de la policía ni se interesó por el expediente iniciado por la universidad.
Ahora, cuando la mujer ha vuelto a interponer su denuncia, Van Houten ha asegurado que su oficina nunca recibió detalles sobre esa acusación de violación y que se ha enterado ahora de los entresijos del caso. Pero los documentos en manos de The New York Times muestran que no hubo voluntad de revisar el material que había recopilado la policía del campus y que incluía todo tipo de evidencias sobre la falta de consentimiento, incluida una extensa declaración de la chica.
Ante esta nueva denuncia, la gobernadora de Nueva York, Kathy Hochul, ha criticado esa decisión y ha encargado esta nueva instrucción directamente a la fiscal general del estado. “Lo que hemos conocido sobre el manejo de este caso es espantoso. Ningún joven que dé un paso al frente para pedir ayuda debería ser ignorado o desestimado”, ha dicho Hochul estos días.
¿Y qué hizo la universidad? Paralelamente, la universidad inició una investigación interna bajo el Título IX, encargado de velar por los derechos civiles. Esa investigación, que duró meses y que fue llevada a cabo por una comisión, interrogó a decenas de personas y recopiló numerosas pruebas. Durante la madrugada, dice ese informe, la mujer estaba al borde de las alucinaciones. En esa declaración aseguró que “se sentía como una presa” y que los hombres eran “como leones a mi alrededor”. Sobre su estado de intoxicación dijo: “Pareces un ser humano que funciona… No necesariamente pareces muerto o dormido. Así que las luces están encendidas, pero no hay nadie en casa. Tu cerebro no está funcionando a su nivel adecuado”.
En el expediente también consta que, días después de la agresión, la mujer acudió al servicio médico de la universidad por una infección del tracto urinario y que allí informó de que la había adquirido “de manera traumática”. Quien le atendió le recomendó hablar con alguien, pero no indagó en lo sucedido ni le ofreció atención especializada o una revisión para determinar posibles lesiones.
El resumen de los informes disciplinarios muestran que la universidad no consideró responsable de agresión a todos los hombres señalados por Doe. Las sanciones más graves fueron para los dos hombres que iniciaron el contacto con Jane Doe. Uno de ellos, señaló la investigación, era responsable de agresión sexual y estaba dispuesto “a manipular, explotar y poner en peligro a Jane Doe en beneficio propio y para el entretenimiento de otros”. El otro también fue acusado de agresión sexual. Ambos fueron expulsados de la universidad, aunque, al parecer, solo temporalmente. Otros dos participantes en los hechos fueron suspendidos durante varios semestres y se les ordenó no ponerse en contacto con la mujer. Se les impuso, también, que hicieron cursos sobre acoso sexual y que escribieran ensayos de reflexión. Varios los chicos que entraron en la habitación participaron en calidad de observadores y nunca dieron la voz de alarma sobre lo que estaba ocurriendo. No está claro aún lo que la universidad hizo con ellos.
El abogado de la mujer, Thomas Giuffra, ha dicho estos días que es posible que la mujer ni siquiera llegue a graduarse en la universidad “o pueda llevar alguna vez una vida normal debido a lo que estos hombres le hicieron”.
¿Qué está pasando ahora? Que Jane Doe ha persistido en su búsqueda de justicia y ha interpuesto esta nueva denuncia, tanto contra siete hombres por agresión sexual, como contra todas las instituciones que considera no hicieron su trabajo como debieron y no la protegieron. La denuncia ha saltado a la prensa y el caso ha conmocionado al país. Es un nuevo ejemplo de cómo la cultura de la violación se cuela en los campus universitarios, pero también de cómo las instituciones fallan en entender la violencia sexual, en investigarla y atenderla.
El campus de la universidad se ha movilizado: muchas mujeres están compartiendo sus experiencias de violencia sexual y este lunes hubo manifestaciones para pedir justicia y también rendición de cuentas y transparencia al centro. “Había mucha frustración entre el alumnado, que no entendía cómo podía suceder algo así. Ni siquiera puedo imaginar el trauma por el que pasó. Cuando nos enteramos, fue muy inquietante”, decía Jonathan Lam, copresidente de la Unión por las Libertades Civiles (ACLU) de la Universidad de Cornell, que pedía que el presidente de Cornell, Michael Kotlikoff, reconozca que es necesario un cambio.
La fiscal del estado comenzará ahora a investigar los hechos. “Está incorporando a muchas personas que son fiscales e investigadores con experiencia para analizar estas cuestiones, y ellos obtendrán todo y finalmente sabremos qué se hizo y qué se dijo”, ha dicho el abogado de la mujer.