El 41% de los expertos ve posible una Tercera Guerra Mundial antes de 2036 y Taiwán aparece como foco principal
Las trincheras empiezan mucho antes de que los ejércitos entren en combate, cuando la desconfianza convierte cada gesto ajeno en amenaza. Las grandes guerras mundiales se forman cuando varias potencias acumulan miedo, ambición, alianzas rígidas y disputas que nadie logra enfriar a tiempo. Una crisis local puede crecer porque cada actor teme perder territorio, prestigio, recursos o seguridad si cede primero. Esa escalada importa porque transforma decisiones políticas en cadenas de reacción, acerca a países que ya estaban enfrentados y deja a las sociedades atrapadas en una lógica de preparación permanente. En la vida diaria se nota en fronteras más vigiladas, discursos más duros, economías orientadas a la defensa y alianzas que pasan de proteger a empujar hacia una confrontación mayor.
La encuesta dibuja un 2036 con peores perspectivas
La encuesta Global Foresight 2036, publicada por el Atlantic Council a partir del trabajo de su Scowcroft Center for Strategy and Security, dibuja un mundo a diez años con más tensión que confianza. El sondeo, realizado en noviembre y diciembre de 2025 entre 447 personas de 72 países, recoge la opinión de geoestrategas y especialistas en prospectiva sobre economía, seguridad, tecnología, clima e instituciones internacionales.
El dato que atraviesa la consulta es el ánimo pesimista, ya que el 63% cree que el mundo estará peor en 2036 y solo el 37% espera una mejora. La propia publicación del Atlantic Council sitúa esa lectura dentro de una lista de escenarios que incluye una China más fuerte económicamente, una guerra congelada en Ucrania, una crisis abierta por Taiwán, más países con armas nucleares y una inteligencia artificial capaz de igualar o superar capacidades humanas.
El dólar seguirá al frente pero perderá terreno
La lectura económica introduce una advertencia distinta, porque el dólar seguiría como moneda de referencia en 2036, aunque perdería terreno frente a otros activos. Cerca del 80% de los encuestados espera avances de divisas, materias primas o criptomonedas frente a la moneda estadounidense. El activo más citado es la criptomoneda, con un 34%, por delante del renminbi chino, que aparece con un 21%, del oro, con un 11%, del euro, con un 8%, y del yen, con un 5%. El Atlantic Council GeoEconomics Center aparece en este punto como el área que sigue de forma continuada la posición internacional del dólar.
La encuesta también detecta una lectura distinta desde el Sur Global, donde el 76% ve a China como primera potencia económica en 2036, frente al 54% del resto de participantes, y donde el 48% prevé una guerra global multifrente, por encima del 40% registrado fuera de ese grupo.
La arquitectura de seguridad occidental también aparece sometida a presión. En el caso de la OTAN, el 44% cree que la Alianza ya no existirá en su forma actual en 2036, aunque las opiniones se dividen sobre si ganará o perderá influencia. El papel de Estados Unidos resulta decisivo en esa percepción, ya que el 39% no imagina a Washington con el mando que ha tenido desde la fundación de la Alianza. Entre esos encuestados, el 65% prevé que una coalición de Estados asuma el liderazgo si Estados Unidos da un paso atrás, mientras Alemania, Polonia, Francia y Reino Unido aparecen como posibles referentes.
Ese repliegue también se relaciona con la proliferación nuclear en Europa, porque parte de los participantes cree que Turquía, Alemania o Polonia podrían adquirir armas nucleares si se debilitara el paraguas estadounidense.
Ucrania quedará estancada mientras Moscú perderá influencia
Rusia aparece como una potencia con menor capacidad de influencia, pero no por ello menos peligrosa. El 52% de los encuestados cree que la guerra de Ucrania acabará convertida en un conflicto congelado, una proporción superior al 43% del año anterior. Al mismo tiempo, solo el 34% prevé un desenlace favorable para Moscú, frente al 47% de la encuesta previa.
La debilidad rusa se aprecia en las métricas de poder, ya que apenas recibe apoyos como actor líder en poder cultural o militar y prácticamente desaparece en otras áreas. Ese deterioro convive con el riesgo nuclear, porque entre quienes prevén uso de armas nucleares en la próxima década, el 60% apunta a Rusia como posible actor.
La inteligencia artificial alcanzará nuevas capacidades
La inteligencia artificial añade otra capa de tensión a ese panorama. El 58% de los encuestados cree que en 2036 el mundo habrá alcanzado la inteligencia artificial general, definida en la encuesta como un sistema capaz de igualar o superar las capacidades cognitivas humanas en cualquier tarea. Aun así, el 56% espera que su efecto sobre los asuntos globales sea positivo, mientras el 32% prevé un efecto negativo.
La inquietud crece en el terreno económico, porque el 14% ya identifica la pérdida de empleos y la disrupción tecnológica como la mayor amenaza para la prosperidad mundial, más del doble que el año anterior. El Atlantic Council advierte de ese cambio de tono al comparar las expectativas actuales con la evolución de las redes sociales: “Estos resultados sugieren que los expertos encuestados son, en general, más optimistas sobre el efecto futuro de la tecnología que, por ejemplo, el público general en Estados Unidos”.
Más países obtendrán armamento atómico
La proliferación nuclear aparece casi como una certeza para los consultados. El 85% cree que nuevos países o territorios obtendrán armas nucleares en la próxima década, con Irán como candidato más citado, señalado por el 66% de quienes prevén esa expansión. Arabia Saudí aparece después, con un 53%, seguida por Corea del Sur, Japón, Taiwán y varios miembros de OTAN sin armas nucleares.
La exespecialista en política de armas nucleares Amy F. Woolf relaciona esa percepción con el deterioro del entorno de seguridad en Asia y con las dudas sobre la protección estadounidense: “Estas cifras probablemente reflejan la preocupación persistente por un entorno de amenazas que incluye las ambiciones regionales de China y los crecientes arsenales nucleares de China y Corea del Norte”.
Woolf también vincula ese debate con Europa: “También pueden reflejar preocupaciones sobre la fiabilidad de la disuasión nuclear ampliada de Estados Unidos y la credibilidad del compromiso estadounidense de defender a sus aliados”.
Las instituciones perderán relevancia mientras crecerán los riesgos climáticos
El clima y las instituciones internacionales completan ese deterioro general. El cambio climático ya no aparece como la principal amenaza percibida para la prosperidad, puesto que lo cita el 17%, frente al 30% que menciona una guerra entre grandes potencias. Aun así, más del 80% espera un mundo más caliente, con al menos un año por encima de los dos grados respecto a niveles preindustriales, y el 64% prevé una guerra vinculada al acceso al agua dulce.
La pérdida de confianza institucional también tiene relevancia. El 71% cree que la ONU será menos influyente, el 58% prevé lo mismo para el Consejo de Seguridad y el 65% anticipa una caída de la Organización Mundial del Comercio. En paralelo, el 44% piensa que la recesión democrática actual derivará en una depresión democrática.
Taiwán concentrará el mayor riesgo de guerra mundial
El punto más delicado llega con China, Estados Unidos y Taiwán, porque la encuesta sitúa ahí el principal riesgo de una gran guerra. Solo el 7% cree que Estados Unidos será la potencia dominante en 2036, mientras el 58% espera que China sea la primera economía del mundo y el 70% cree que Pekín intentará tomar Taiwán por la fuerza durante la próxima década.
La preocupación sube respecto a los sondeos anteriores y también gana intensidad, ya que el 21% está muy de acuerdo con esa posibilidad. Entre quienes prevén otra guerra mundial, el 43% coloca el origen probable en Taiwán o en los mares de China Oriental y Meridional, por delante de Europa del Este y Oriente Medio. La advertencia final no depende de una sola chispa, sino de la acumulación de rivalidades, alianzas tensas, armas más extendidas y gobiernos con menos margen para frenar la escalada.