Adiós al mito del carnívoro puro: los neandertales comían larvas y restos fermentados para sobrevivir

Enterraban piernas, colgaban torsos o dejaban vísceras sobre piedras. Todo valía si eso significaba asegurarse alimento unas semanas más tarde. Las condiciones exigían astucia, y los neandertales se adaptaban a lo que hiciera falta para no perder ni una fibra comestible. No estaban en condiciones de tirar nada ni ponerse exquisitos con lo que cazaban, así que aprovecharon cada gramo de carne, grasa y órganos como si la vida dependiera de ello. En ese hábito entra también la carne podrida, los restos fermentados y los gusanos que crecían sobre ellos.

Un estudio propone que el consumo de carne en descomposición explicaría ciertos niveles químicos

La imagen clásica del neandertal como cazador y devorador de mamuts sigue instalada en la memoria colectiva, pero una investigación publicada en Science Advances ha abierto otra vía de interpretación. El equipo liderado por Melanie Beasley, de la Universidad Purdue, plantea que los elevados niveles de nitrógeno-15 hallados en los huesos de estos homínidos podrían deberse al consumo habitual de carne en descomposición plagada de larvas. Esta hipótesis se apoya en análisis isotópicos y en estudios etnohistóricos, que documentan el consumo de alimentos en estado de putrefacción como práctica normalizada en distintas culturas.

El trabajo se reforzó con experimentos forenses realizados en el Centro de Antropología Forense de la Universidad de Tennessee, donde Beasley y sus colaboradores criaron larvas sobre cadáveres humanos. Comprobaron que estos insectos acumulaban niveles de nitrógeno-15 muy superiores a los tejidos en los que crecían. Según explicaron los autores en Science Advances, “los valores obtenidos en las larvas superan ampliamente cualquier otra fuente de alimento terrestre conocida”.

A esa carga bioquímica se suma el contexto cultural. En ambientes extremos o con inviernos largos, los pueblos indígenas han recurrido a prácticas similares. Enterrar carne, almacenarla sin destripar o dejarla secar al aire eran métodos válidos para conservarla. Las moscas hacían su trabajo, y los gusanos pasaban a formar parte del menú. En ese marco, los neandertales habrían accedido no solo a carne animal, sino también a un suplemento abundante de grasa y proteína en forma de larvas. Una fuente de energía inesperada en apariencia, pero muy efectiva en la práctica.

Una de las claves para sostener esta teoría está en el amoníaco. Cuando la carne se pudre, emite gases que alteran la proporción isotópica. Si los neandertales consumían esa carne, junto a las larvas que la habitaban, la señal química aumentaba. Y esa alteración no requería tecnología moderna ni grandes innovaciones, solo tiempo y un método de conservación tan rudimentario como funcional.

Según señala New Scientist, otros estudios recientes ya han demostrado que consumir carne magra en exceso puede causar problemas graves en humanos, como la llamada inanición del conejo. El cuerpo humano no puede procesar solo proteína en grandes cantidades sin generar sustancias tóxicas. Por eso, resulta improbable que los neandertales se alimentaran únicamente de músculo animal. Buscaban grasa, vísceras, médula, alimentos vegetales y, por lo visto, también larvas.

Además, los estudios de cálculo dental en fósiles neandertales aportan pruebas del consumo de plantas. La presencia de partículas vegetales sugiere que su dieta incluía raíces, frutos o cortezas, aunque los análisis químicos no siempre lo reflejen. Ese desfase llevó a investigadores como John Speth, de la Universidad de Míchigan, a replantear el modelo clásico. Para él, el almacenamiento prolongado y la fermentación natural explican mejor los niveles de nitrógeno encontrados en los restos.

El estudio cuestiona la visión idealizada de la dieta paleolítica

El artículo también pone en entredicho la base sobre la que se ha sostenido la llamada paleodieta, una tendencia moderna que idealiza el consumo de carne como base alimentaria ancestral. Según Beasley, quienes deseen seguir al pie de la letra esa filosofía alimentaria deberían replantearse sus menús. En sus palabras, recogidas por New Scientist, “todas las personas que quieren ser realmente paleo deben empezar a pensar en fermentar su carne y dejar que las moscas tengan acceso a ella”.

El estudio no concluye que toda la dieta neandertal girara en torno a los gusanos, pero sí plantea que su papel fue subestimado. Aporta una visión distinta, con homínidos que no solo cazaban, sino que también sabían almacenar y reaprovechar todo lo que el entorno ofrecía. Si eso incluía larvas, nadie se quejaba.