Arqueólogos descubren en Gran Canaria un centro especializado en procesar pescado hace casi mil años
La imagen tradicional de las comunidades indígenas de Canarias como sociedades centradas exclusivamente en la ganadería y la agricultura acaba de recibir un importante matiz. Un estudio arqueológico realizado en el yacimiento de Playa Chica, en la costa noroeste de Gran Canaria, y publicado en Plos One, ha identificado lo que los investigadores interpretan como un espacio especializado en la captura, procesamiento y conservación de recursos marinos entre los siglos XI y XIII. Los hallazgos muestran una actividad organizada y sostenida en el tiempo que va mucho más allá del simple consumo local de pescado y marisco.
El enclave, situado junto a la actual playa de Sardina, conserva una secuencia de ocupación indígena excepcional que se extiende desde el siglo VI hasta el XIII. Sin embargo, la investigación se ha centrado en la fase más reciente del asentamiento, correspondiente a los siglos XI-XIII, donde han aparecido evidencias de una intensa explotación de los recursos costeros. Los investigadores consideran que se trata de uno de los contextos costeros más intensamente muestreados del archipiélago para comprender la relación entre las poblaciones indígenas y el medio marino.
Miles de restos de fauna marina
Las excavaciones han recuperado más de 19.600 restos de fauna marina, una cifra extraordinaria para un yacimiento de estas características. La mayor parte corresponde a moluscos y erizos de mar, aunque también han aparecido más de 1.300 restos de peces, además de crustáceos y algunos ejemplares de tiburón. Entre las especies identificadas destacan el pez aguja, los peces loro, las sardinas, las salemas o las bogas, lo que refleja una explotación muy diversa de los ecosistemas costeros de la isla.
Uno de los indicios más reveladores procede de la enorme cantidad de escamas de pescado recuperadas en el lugar. Su concentración, especialmente en determinadas zonas del yacimiento, apunta a que los peces eran procesados allí mismo antes de su consumo o distribución. Los investigadores sostienen que la abundancia de estas escamas constituye una sólida evidencia de actividades intensivas de preparación del pescado realizadas de manera continuada.
A esta evidencia se suma el hallazgo de una industria ósea especializada. Los arqueólogos identificaron centenares de fragmentos de cuernos de cabra trabajados deliberadamente para crear herramientas destinadas a retirar escamas. Muchos de estos utensilios presentan bordes biselados y señales de reafilado, lo que indica un uso repetido. El estudio señala además que la presencia casi exclusiva de cuernos, sin apenas otros restos anatómicos de cabras, sugiere que estos elementos eran transportados expresamente al enclave para desempeñar esa función.
Anzuelos hechos con colmillos de cerdo
Los investigadores también documentaron un importante conjunto de anzuelos fabricados a partir de colmillos de cerdo. En el yacimiento aparecieron ejemplares terminados, piezas rotas, restos de fabricación y fragmentos de esmalte, permitiendo reconstruir gran parte del proceso de producción. Al menos cinco colmillos procedían de machos adultos y muestran modificaciones asociadas a la elaboración de útiles de pesca.
La distribución espacial de estos materiales revela además áreas de trabajo diferenciadas dentro del asentamiento. Los análisis identificaron concentraciones específicas de cuernos transformados en descamadores y de restos vinculados a la fabricación de anzuelos, lo que refuerza la idea de que Playa Chica funcionó como un espacio especializado donde distintas actividades relacionadas con la explotación marina se desarrollaban de forma organizada.
Otra de las claves del estudio se encuentra en las estructuras de combustión. Los arqueólogos registraron veintinueve hogares correspondientes a sucesivos episodios de ocupación. Junto a ellos aparecieron restos vegetales y carbones procedentes de especies capaces de generar abundante humo, entre ellas pino canario, euforbias y rizomas de ciperáceas. Esta combinación resulta compatible con prácticas destinadas al secado o ahumado del pescado, técnicas fundamentales para prolongar la conservación de los alimentos.
Los autores plantean que Playa Chica pudo desempeñar un papel relevante dentro de redes de intercambio entre los asentamientos costeros y las comunidades del interior de Gran Canaria. La escasez de cerámica y de restos asociados a actividades domésticas contrasta con la abundancia de evidencias relacionadas con el procesamiento de recursos marinos. En conjunto, el yacimiento ofrece una de las pruebas más completas halladas hasta ahora sobre la existencia de actividades especializadas vinculadas al mar en las Canarias preeuropeas y aporta nuevas claves para comprender cómo las poblaciones indígenas adaptaron su economía a los recursos del litoral atlántico.