La bellísima torre de estilo románico lombardo catalán pero que se construyó en este pueblo soriano
En la provincia de Soria, donde el río Masa se une al Cidacos, un curioso viajero puede llegar hasta la localidad de Yanguas, sinónimo de piedra y patrimonio. Este enclave de las Tierras Altas, fronterizo con La Rioja, custodia una estructura que desafía la lógica del románico tradicional castellano. Se trata de la torre de San Miguel, una construcción que parece haber sido arrancada de los Pirineos para ser plantada en el suelo soriano. Su silueta prismática se eleva solitaria en un paraje de espectacular belleza, recordando que Soria guarda siempre sorpresas históricas. Es el único ejemplar de estilo románico lombardo catalán en toda la provincia, un hito artístico que se alza como un caso totalmente único.
La esbeltez de sus formas cautiva al visitante y evoca de inmediato los paisajes de los valles lejanos y de las montañas más altas. Este campanario exento es el símbolo de una historia de repoblación y del cruce de culturas medievales que definieron esta región. Yanguas se presenta así ante el viajero como un tesoro donde la arquitectura narra viajes imposibles entre tierras muy distantes. De hecho su historia es tan robusta como los muros de su castillo del siglo XIV que todavía domina el horizonte de todo el valle.
Poblada desde época prerromana y reconquistada en el siglo XI, la villa vivió un gran esplendor durante toda la época medieval. Alfonso VII impulsó su repoblación en el siglo XII, mientras que monarcas posteriores otorgaron privilegios que marcaron su destino. El más destacado fue la exención del pago de portazgos, concedida por Alfonso X el Sabio a los residentes de esta próspera villa. Esta medida facilitó la riqueza de sus habitantes, quienes se convirtieron con el tiempo en famosos y muy expertos arrieros locales. Los yangüeses recorrían las rutas comerciales desde las ferrerías de Vizcaya hasta llegar al lejano y caluroso puerto de la ciudad de Sevilla. Miguel de Cervantes los inmortalizó en el Quijote, describiendo el famoso altercado que el hidalgo tuvo con estos rudos comerciantes. Su fama como transportistas y su gran capacidad de organización marcaron la vida económica de la región durante muchísimos siglos.
La bellísima torre de San Miguel es hoy el único vestigio en pie de lo que fue en su día la iglesia más antigua del pueblo. Este templo, que encabezaba un arciprestazgo, desapareció definitivamente hacia el año 1804 tras largas décadas de un abandono que debió producirse antes, pues ya no figuraba en registros oficiales de mediados del siglo XVIII como el Catastro de Ensenada. Antiguamente, San Miguel formaba una tríada parroquial junto a las iglesias de Santa María y San Lorenzo en el corazón de esta tierra. Hoy, la torre se levanta exenta, como un centinela que ha sobrevivido al olvido y al derrumbe físico de su propia nave y estructuras.
Situada concretamente a un kilómetro del núcleo urbano actual, su ubicación solitaria sugiere la existencia de un barrio hoy desaparecido llamado Villavieja. Su soledad acentúa su belleza y la convierte en una de las estampas más fotogénicas de toda la comarca serrana de las Tierras Altas. Lo que hace excepcional a esta construcción es su marcada influencia del románico lombardo de Catalunya, algo inédito en estas latitudes. Presenta una planta cuadrada perfecta y muros de sillarejo serrano con refuerzos de sillares en las esquinas ejecutados con gran calidad. Su fisonomía esbelta y la superposición de pisos con ventanas evocan a los famosos campanarios de las iglesias del Valle de Boí.
En la parte superior, cada cara luce ventanas geminadas de medio punto y columnas con finos capiteles decorados con motivos vegetales. Aunque carece de las típicas arcuaciones ciegas aragonesas, su marcada verticalidad es puramente propia de los modelos de los Pirineos. La estructura alcanza los 16 metros de altura y remata en un tejado de pizarra a cuatro aguas con forma de pirámide. Los vanos presentan una sencillez característica que refuerza su aire de arcaísmo y de belleza primitiva en medio del paisaje agreste. Este diseño rompe los moldes tradicionales de Castilla, ofreciendo una elegancia que sorprende a los expertos en arte de todo el mundo.
La cronología de la torre está grabada en sus propias piedras, aunque todavía encierra algunos misterios para los investigadores actuales. En su muro este se conservan dos inscripciones que revelan datos fundamentales sobre su origen y su antigua advocación religiosa. Una de ellas menciona a San Miguel mártir, mientras que la segunda indica claramente el año 1146 de nuestra era. Sin embargo, algunos estudiosos sugieren que la torre podría ser incluso anterior a esa fecha grabada originalmente en el sillar de la base. Los arcaísmos presentes en sus capiteles y la sencillez de los vanos apuntan más bien hacia los siglos X u XI del periodo medieval. Es probable que el año 1146 corresponda realmente a la consagración del templo contiguo y no a la torre.
Antes de ser un campanario cristiano, el lugar que ocupa la torre pudo tener una función defensiva remota de gran importancia estratégica. Existen indicios arqueológicos que vinculan sus cimientos actuales con una antigua atalaya de vigilancia de la época del Imperio Romano. Se cree que desde este punto se controlaba la vía que unía los asentamientos de Numancia y Calahorra durante los tiempos bélicos. Yanguas, cuyo nombre deriva de la palabra latina para “puerta”, ha sido siempre un lugar de paso obligado para las legiones y ejércitos. Esta herencia estratégica explicaría la robustez de la base y su posición dominante sobre el valle del río que cruza la comarca. La transición de puesto de vigilancia a torre de iglesia refleja las capas de historia que se solapan en Soria a través de los siglos. Incluso el acceso original al cuerpo alto se realizaba por un vano elevado, un rasgo típico de las torres con función de defensa.
Otras joyas arquitectónicas
El patrimonio de Yanguas no se agota en su torre lombarda, sino que se extiende por sus calles nobles y sus templos muy bien conservados. La iglesia de San Lorenzo preside la Plaza Mayor con su estilo gótico tardío y guarda los valiosos archivos históricos de la comunidad. En la Casa Museo se custodia el impresionante Cristo de Yanguas, una talla románica de tamaño natural de un valor artístico incalculable. Esta imagen del año 1200 es considerada la más importante de su tipo en toda la geografía de la provincia de Soria. También se conservan capiteles románicos en la iglesia de Santa María que podrían proceder originalmente de la iglesia desaparecida. Todo este conjunto artístico evidencia la gran prosperidad que vivió la villa como cabeza de una amplia comunidad de villa y tierra. El casco urbano está jalonado de casas blasonadas que hablan de un pasado de riqueza y de un notable poder comercial local.
En la actualidad, Yanguas lucha contra el silencio de la despoblación que ha mermado su censo drásticamente desde mediados del siglo pasado. De los cientos de habitantes que recorrieron sus calles, apenas queda hoy un pequeño grupo de vecinos que mantienen viva la tradición. Sin embargo, su declaración como conjunto histórico y su belleza natural atraen cada año a un nuevo tipo de viajero interesado en el arte. La torre de San Miguel sigue allí, inmutable, como un imán para quienes buscan lo auténtico y lo bello en estas tierras altas, símbolo de resistencia cultural que une el corazón de Soria con la estética de los lejanos Pirineos.