Este bolígrafo salvó la vida de los astronautas a bordo del Apolo 11 y acaba de venderse por 850.000 dólares
El 20 de julio de 1969, Neil Armstrong, Michael Collins y Buzz Aldrin hicieron historia. Como tripulantes de la misión Apolo 11 de la NASA, se convirtieron en los primeros humanos en alunizar en nuestro satélite, volviendo a la Tierra como auténticos héroes espaciales. Sin embargo, su viaje al espacio no solo estuvo lleno de alegrías.
De hecho, la travesía de vuelta desde la Luna hasta nuestro planeta llegó a estar a punto de truncarse de no ser por un bolígrafo. Un bolígrafo de plástico plateado que Buzz Aldrin utilizó para arreglar un interruptor averiado y escapar del satélite y que acaba de ser subastado por nada más y nada menos que 857.600 dólares (unos 750.000 euros) tras una puja entre cinco postores.
La historia del bolígrafo
Armstrong y Aldrin habían aterrizado en la superficie lunar y se preparaban para descansar después de su primer paseo lunar, cuando Aldrin vio un pequeño plástico negro en el suelo de la cabina. La tripulación empezó a ponerse nerviosa, pues no tenía ni idea de dónde había salido ese trozo de plástico. Cuando dieron con lo que era, el nerviosismo no hizo más que aumentar.
“Resultó ser un interruptor de circuito. Empezamos a revisar los paneles de interruptores y descubrimos que el interruptor averiado era el del brazo del motor. El peor interruptor de circuito que se podía romper, ya que sin él no podríamos despegar de la superficie lunar y nos quedaríamos atrapados en la Luna para siempre”, explica Aldrin en la carta que se incluye en el lote subastado.
¿Cómo era posible que se hubiera roto un interruptor tan importante como ese? Se cree que, en algún momento de la expedición, seguramente antes o después del primer paseo por la superficie de la Luna, uno de los astronautas golpeó la zona donde este se encontraba con la enorme mochila espacial que la tripulación debía llevar para salir al exterior.
Los astronautas contactaron con el Control de Misión en Houston para intentar encontrar una solución, que terminó estando en su bolsillo. “Aunque podría haber metido el dedo y reiniciado el interruptor, había electricidad fluyendo y no quería electrocutarme. Tenía un bolígrafo de plástico en uno de los bolsillos de mi traje que encajaba en la apertura del disyuntor, así que lo introduje, se encendió y reactivamos el circuito del brazo del motor”, compartió Aldrin.
Al final, todo se redujo a usar el ingenio humano. El bolígrafo, que antes de salir a subasta llegó a estar expuesto en el Museo del Aire y el Espacio de Seattle, también formó parte de la colección privada de Aldrin durante 50 años. Ahora ha pasado a manos de un nuevo dueño a través de la subasta organizada por Sotheby's.