El casco de Coțofenești y dos brazaletes robados en enero de 2025 reaparecen y cambian el rumbo del caso del Museo Drents

El casco de oro de CoÈ›ofeneÈ™ti ha vuelto a aparecer tras más de un año desaparecido y el hallazgo ya está en manos de la policía neerlandesa, que lo recibió tras una negociación con los sospechosos antes del juicio previsto para abril. La pieza, datada en torno al siglo V a.C., había sido robada en enero de 2025 del Museo Drents de Assen junto a tres brazaletes también de oro.

Un grupo armado entró de madrugada con explosivos en Assen

El robo ocurrió de madrugada, cuando un grupo armado usó explosivos para entrar en el museo y acceder a la vitrina donde se exponían las piezas cedidas por el Museo Nacional de Historia de Rumanía. La investigación avanzó con rapidez y llevó a la detención de varios implicados pocos días después, aunque en ese momento no apareció el botín.

Los investigadores llegaron a temer que el oro hubiera sido fundido, una posibilidad real en este tipo de delitos, y esa idea marcó las primeras semanas del caso.

La recuperación llegó tras meses de silencio por parte de los detenidos, que decidieron facilitar información a cambio de una rebaja en sus posibles condenas. La fiscal neerlandesa Corien Fahner explicó ante los medios que “estamos increíblemente satisfechos” y añadió que “ha sido una montaña rusa, especialmente para Rumanía, pero también para los empleados del museo”. Las piezas se entregaron bajo supervisión policial y pasaron a exhibirse de nuevo en Assen dentro de una vitrina protegida.

El casco presenta golpes leves y puede restaurarse

El casco presenta daños leves, con una abolladura y restos de una reparación antigua que se han desprendido, aunque puede restaurarse sin dificultad, tal y como ha comentado Robert van Langh, el director del museo.

Los dos brazaletes recuperados se conservan en buen estado, mientras que el tercero sigue sin localizarse y se desconoce en qué condiciones puede estar.

El robo provocó tensiones políticas y un pago millonario

El impacto del robo se sintió con fuerza en Rumanía, donde el casco se considera un símbolo nacional. La fiscal Daniela Buruiană afirmó ante la prensa que “es un resultado largamente esperado” y añadió que “estamos felices de poder presenciar la recuperación de los artefactos rumanos”.

En paralelo, el fiscal RareÈ™-Petru Stan destacó el trabajo conjunto con las autoridades neerlandesas y señaló que “seguimos investigando para encontrar el último brazalete”.

El caso generó tensión entre ambos países, con reclamaciones políticas y una compensación de 5,7 millones de euros que el gobierno neerlandés abonó como seguro. Las autoridades rumanas evitaron aclarar el destino final de ese dinero tras la recuperación de las piezas. Además, el entonces responsable del museo nacional en Bucarest perdió su cargo pocos días después del robo, en medio de críticas por haber autorizado el préstamo.

Un hallazgo casual en 1929 dio origen a su historia

El casco tiene una historia singular que se remonta a su hallazgo en 1929, cuando un niño lo encontró en el pueblo de Poiana CoÈ›ofeneÈ™ti y lo usó como objeto bebedero para animales hasta que un comerciante lo adquirió y lo donó al museo.

Investigaciones posteriores situaron la pieza en un asentamiento geto-dacio y descartaron que formara parte de una tumba o de un tesoro enterrado. Su peso cercano a un kilo y su decoración con figuras simbólicas apuntan a un propietario de alto rango dentro de esa sociedad.

El periodo dacio, que se extendió hasta la conquista romana en el año 106 d.C., dejó un rastro claro en los Cárpatos y en las llanuras cercanas. Las comunidades vivían en asentamientos fortificados y trabajaban el metal con gran habilidad, como demuestra este casco. Las escenas grabadas en la pieza incluyen motivos rituales y animales, y conectan con tradiciones que comparten distintas zonas de Europa y Asia Menor.

Ahora el casco espera su regreso definitivo a Rumanía, mientras el proceso judicial sigue su curso y la búsqueda del tercer brazalete continúa abierta.