Charles Boycott intentó desalojar a unos campesinos y acabó bautizando una forma de protesta mundial
La finca se mantenía impecable, pero el ambiente era gélido. Ni una sonrisa entre los jornaleros ni un gesto de complicidad entre vecinos. Todo giraba en torno al mismo punto: el administrador. Charles Cunningham Boycott marcaba los tiempos, imponía las normas y ejecutaba desalojos sin pestañear. El terreno que vigilaba no solo era tierra cultivada, sino una extensión de su autoridad férrea y solitaria.
Boycott llegó a Irlanda como agente de John Crichton, conde de Erne, en 1873, y su papel consistía en cobrar arriendos y supervisar a más de un centenar de campesinos en el condado de Mayo. Las tensiones crecieron con rapidez. Según recogía The Freeman’s Journal, Boycott establecía normas que los trabajadores consideraban abusivas, como cobrarles por los aperos estropeados o multarles si sus animales cruzaban sus tierras. El resentimiento se acumuló con cada exigencia que parecía diseñada para recordarles quién tenía el poder.
La negativa a reducir las rentas encendió el conflicto con los campesinos
La situación se tensó aún más en 1880, cuando los inquilinos solicitaron una rebaja del 25 % en sus rentas debido a una nueva crisis agrícola. El conde de Erne solo aceptó reducirlas en un 10 %, y autorizó a Boycott a recuperar los impagos y proceder con los desalojos.
La Liga Agraria, creada un año antes para defender los derechos de los campesinos, reaccionó. Sus líderes impulsaron una estrategia que evitaba la violencia, pero que tuvo un efecto fulminante: el aislamiento total del administrador.
En un discurso recogido por The Times el 19 de septiembre de ese año, Charles Stewart Parnell, dirigente de la Liga, alentó a sus seguidores a rechazar cualquier relación con quienes hubieran usurpado tierras de otros campesinos: “Debéis evitarles por completo en la calle, en la tienda y también en el lugar de culto, abandonándoles por completo”. Aunque Parnell no mencionó a Boycott, el mensaje caló rápido en el condado.
El aislamiento social se convirtió en el arma más eficaz contra su autoridad
En cuestión de días, el administrador vio cómo se vaciaba su casa. Ningún jornalero cosechaba sus cultivos, nadie limpiaba su ropa ni reparaba sus herramientas. El rechazo se extendió hasta los comercios, que dejaron de servirle productos. En una carta enviada al diario The Times a mediados de octubre, Boycott relató con detalle lo que estaba ocurriendo: “Mi herrero ha recibido una carta advirtiéndole de que lo matarán si vuelve a trabajar para mí, y mi lavandera ha sido obligada a dejar de recoger la ropa”.
Las autoridades, alarmadas por el impacto de este aislamiento, organizaron en noviembre una expedición para salvar su cosecha. Unos 50 voluntarios llegaron al terreno, escoltados por alrededor de 900 soldados. El operativo duró dos semanas, levantaron tiendas de campaña y recogieron productos agrícolas por valor de 350 libras, aunque la movilización costó unas 10.000. A pesar del éxito parcial, el terreno quedó maltrecho, la casa con desperfectos y buena parte del ganado perdido.
Tras la operación, Boycott abandonó el país bajo vigilancia militar y se refugió en Inglaterra. Según informó The New York Times en abril de 1881, viajó a Estados Unidos con su familia bajo el apellido Cunningham, aunque fue rápidamente identificado por los medios.
Volvió a Irlanda brevemente antes de trasladarse definitivamente a Suffolk en 1886. Allí retomó su labor como administrador, esta vez para el baronet Hugh Adair. Nunca dejó de ejercer ese papel, ni modificó su visión sobre la relación entre terratenientes y arrendatarios.
Su apellido acabó asociado a una estrategia que traspasó fronteras
La expresión boicot, inspirada directamente en su apellido, quedó instalada en el vocabulario de varios idiomas. En su edición de diciembre de 1880, The Baltimore Sun explicó el impacto de este tipo de aislamiento colectivo: “Solo puede aplicarse de forma coordinada, y el secreto con que se lleva a cabo lo convierte en una fuerza poderosa aunque intangible”.
Aunque Boycott terminó exiliado del campo irlandés, la táctica que inspiró multiplicó su alcance. Casi sin proponérselo, acabó convertido en ejemplo de todo aquello que una comunidad puede bloquear cuando decide organizarse.